El gobierno pretende que la Ronda Uno sea la carnada ideal para que las petroleras se enganchen al petróleo mexicano. Pero los especialistas no están seguros de que esto ocurra.

 

Por Tania I. Montalvo

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México inició una licitación para abrir sus mares petroleros a los cardúmenes de la inversión privada. Este primer concurso se conoce como la Ronda Uno. Se ponen en la mesa 109 bloques para exploración y 60 más para extracción, pero lo que está en juego es mucho más: la acep­tación o no de la industria petrolera mundial de la reforma energética hecha por México el año pasado.

Ronda Uno es la llave para que la iniciativa privada conozca la oferta de hidrocarburos mexicanos, el sistema de pagos y contratos. Estos primeros campos tienen una garantía de producción de 80 a 90%, no habrá sorpresas, Pemex ha hecho en ellos suficiente investigación.

México no sólo eligió áreas con altas probabilidades de producción según registros de Pe­mex, dicen expertos. También abre con ofertas en las que es posible extraer hidrocarburos a menos de 500 metros de profundidad y costos inferiores a los 20 dólares por barril, y que contienen crudo liviano o ligero, que es más fácil de transportar y del que se obtienen más gasolinas.

“La Ronda Uno es el anzuelo de ‘vengan a invertir y quédense, para que yo pueda implementar mi reforma (energética)’, y es un anzuelo bien planeado, bien hecho —dice Rodrigo Domínguez, especialista en temas de energía en Latinoamérica y socio del despacho de abogados Morgan Lewis—. Vamos empezando y están licitando bloques de fácil acceso, en los que la probabilidad de éxito es alta y el costo de extracción es relativamente bajo, y lo están haciendo intencionalmente para tener proyectos atractivos para las petroleras y que la Ronda Uno sea un éxito”.

No todos están de acuerdo. Es imposible calificarlo hasta no tener las propuestas con pro­yectos de trabajo, lo que ocurrirá en julio para exploración y en septiembre para extracción, opina Ramses Pech, consultor de energía de Grupo Caraiva y Asociados.

Lo que se oferta en las prime­ras dos convocatorias de la Ronda Uno son contratos de producción compartida: del crudo producido, una parte se la quedan los privados y otra la entregan al Estado mexicano. La ley en la materia dice que los ga­nadores deben ser las empresas que ofrezcan el mejor plan de trabajo en cuanto a metas de inversión, pro­ducción y repartición de crudo.

Pero además, mientras la convo­catoria 1 y 2 se resuelve, la Sener y la CNH deberán lanzar una tercera con­vocatoria con 29 campos en tierra. Y aún están pendientes los concursos por los campos en aguas profundas, aceites extra pesados e hidrocar­buros no convencionales como el gas shale. Todos con costos de producción tres y hasta cinco veces superiores que en aguas someras.

Lo que ya está abierto es “lo me­jor que México tenía en la alacena”, con más altas probabilidades de éxito y al menor costo, señala Juan Francisco Torres Landa, socio del despacho Hogan Lovells BSTL. Coincide en que la idea detrás de Ronda Uno es que los privados deci­dan quedarse a operar más campos en México y dar viabilidad a los cambios legales del año pasado.

En esta Ronda se buscó tener campos con altas probabilidades de éxito, acepta Lourdes Melgar, subsecretaria de Hidrocarburos de la Sener. Por ejemplo, ocho de los nueve campos para extracción de la segunda convocatoria tienen reservas certificadas 1P, es decir, que cuentan con 90% de posibilidades de desarrollo comercial.

Entre más reservas probadas registre una petrolera, el precio de sus acciones aumenta, explica el abogado experto en contratos de energía, Rodrigo Domínguez.

El éxito comercial de las áreas en juego se resume en que por cada ocho pozos que se perforen, al menos cinco van a ser productores, y en que existen 724 millones de barriles de petróleo (mbp) en recursos pros­pectivos, indican datos de la CNH.

Para consultores y especialistas, la principal ventaja que ofrece el país son los bajos costos de producción, un factor que se amplifica en un entorno de bajos precios del crudo, como el actual.

Por ejemplo, el costo de produc­ción en los campos de Estados Uni­dos oscila entre los 65 y 100 dólares; en Canadá está por encima de los 45; en países de África en 85, y en el Mar Negro por encima de los 50, indican reportes de la Agencia Internacional de Energía (AIE). En cambio, en los campos incluidos en la Ronda Uno los costos no superan los 20 dólares por barril. Incluso hay zonas de la sonda de Campeche en las que Pe­mex llegó a reportar costos de hasta 6.5 dólares por barril.

 

¿Y qué gana México?

Al poner lo mejor que tiene en la Ronda Uno, la estrategia no sólo es atrapar a la iniciativa privada y a las grandes petroleras del mundo. El plan incluye complementar la pro­ducción de Pemex y contrarrestar el estancamiento de los últimos años.

El año pasado, Pemex produjo 2.3 millones de barriles diarios (mbpd), 11.5% menos que en 2009 y 32% menos que hace 10 años.

“Nos estamos jugando un modelo de complementación, dice Pech. A Pemex se le asignan en la Ronda Cero (campos destinados en exclusi­va a la estatal mexicana) lo necesa­rio para mantener una producción de 2.5 mbpd y seis millones de pies cúbicos. Esa es la producción base para el aseguramiento estratégico de la nación”, agrega el consultor.

Lo que salga de la Ronda Uno y de las rondas que vengan será producción incremental para la exportación y, con ello, se aseguran las finanzas públicas del país, agrega. “México tendrá cautivas por 25 años a empresas priva­das que van a producir y a pagar derechos por ello”, enfatiza.

Tras concluir las primeras fases de la Ronda Uno, la Sener prevé que en 2017 el país cuente con los primeros barriles de petróleo producto de la participación de la iniciativa privada.

Los proyecciones indican que con la inversión prevista en las 169 áreas de la Ronda Uno, para 2025 la producción podría pasar a 3.4 mbpd, es decir, un aumento de 47.8% en comparación con 2014.

Plataforma petrolera "Ku Maloob Zaap" de la estatal Pemex en la Bahí­a de Campeche, México. (Foto: Reuters)

 

Atar a petroleras

Quienes participan en la Ronda Uno firmaron un acuerdo de confiden­cialidad con relación al proceso, pero la fuente de una empresa que participa en el diseño de proyectos dice que la Sener sobrevalora el interés en las convocatorias.

“La Ronda Uno es importante para México, no para las empresas, a ellas nada las obliga a proponer un proyecto o a hacer una inversión, (pues) su principal interés en este momento es conocer el merca­do, el sistema y las reglas con las que éste operará —opina la fuente. Que haya más de 30 empresas que pagaron el Cuarto de Datos todavía no significa nada”.

Para él, lo que está abierto de la Ronda Uno en aguas someras, que es 13.6% de lo que se prevé licitar en esta primera etapa, todavía no representa el grueso de lo que puede ofrecer México ni lo que detonarían las mayores inversiones, como es el caso de aguas profundas cuyo costo de producción por barril es de entre 60 y 70 dólares.

Lourdes Melgar precisa que el proceso de licitación que se lleva a cabo no es en ningún caso una negociación con la industria petrolera, que está acostumbrada, dice, a participar en procesos de licitación en los que hay una etapa de negociación.

“En México consideramos importante que la asignación de estos contratos se diera mediante un mecanismo de licitación, no hay eta­pa de negociación con las empresas —afirma. Lo que hay es una fase para recibir comentarios, aclarar dudas y poder hacer ajustes a los contratos, pero no hay una mesa donde estemos negociando con las empresas los términos de los contratos”.

Para la funcionaria, hablar de que las empresas participan en las convocatorias de la Ronda Uno sólo para conocer el mercado y no para invertir es especular. Si solamente fuera para ver cómo viene la información, agrega, conocer el contrato y sus diferen­tes reiteraciones, no habría tanto interés de las compañías en hacer comentarios y solicitar aclaracio­nes. “Sí estamos viendo participa­ción bastante activa de las empre­sas”, afirma.

La noruega Statoil respondió a Forbes México, en torno a sus razones para participar en la Ronda Uno, que tiene interés en “continuar compartiendo su experiencia con México y en revisar y considerar todas las oportunidades relevantes” que se presenten en el país.

 

Las condiciones

En el diálogo con las autoridades, hay puntos que han sido compli­cados de tratar para las empresas. Uno de ellos es que pueden ofertar por un número limitado de bloques, hasta cinco en exploración, lo que podría provocar que la puja se con­centre en las áreas con probabilida­des más altas de éxito comercial.

También puede ocurrir que la industria no esté de acuerdo en que se niegue un excedente de manio­bra para conocer los alrededores de las áreas a licitar, o que se obligue a las empresas a destruir la información recopilada durante el proceso, dice otra fuente de una empresa que participa en Ronda Uno.

“La recopilación y el análisis de información para poder presentar una propuesta es un costo operativo que no vamos a recuperar ni en conocimiento, estamos obligados a destruirlo”, añadió.

Pero la Sener defiende el proceso y las reglas bajo el argumento de que los requisitos son acordes con la práctica internacional. “La mayoría de empresas no se queda con esa información, son contadas las excep­ciones cuando se puedan quedar con ella y en ningún caso se establece que ellas puedan comercializarla —dice la dependencia. Esa información es propiedad del Estado mexicano”.

Lo que sí provocó un cambio de postura de parte del Estado mexi­cano fueron las observaciones de la industria respecto de tener más tiempo para registrarse y hacer trá­mites ante la Secretaría de Hacienda y aumentar la rentabilidad antes de impuestos que se concede a las empresas en los contratos.

En marzo de 2015, Hacienda anunció ajustes a los contratos en aguas someras para “garantizar mayores inversiones, incrementar la generación de empleos y aumentar la producción”.

Aun así, existe la sensación de que los contratos favorecen mucho más al Estado que a los inversionis­tas. “Se nos presentó un panorama difícil, en donde Hacienda no tiene mucho margen de maniobra para dar condiciones muy holgadas a las empresas”, explica Miriam Gruns­tein, académica del Mexico Center Rice University e investi­gadora de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). La fórmula econó­mica se interpreta como excesivamente cargada a favor del Estado, pero es resultado de la dependen­cia fiscal de México de los ingresos petroleros, que dificulta reacomodar el apetito de Hacienda, agrega Grunstein.

Los términos fiscales del contrato indican que debe pagarse 30% de Impuesto sobre la Renta, una cuota contractual por la fase exploratoria (definida según los kilómetros cua­dros, un impuesto de 1,500 pesos por km2 de exploración y de 6,000 pesos por km2 en extracción), más lo que se derive de la puja en cuanto a por­centajes de producción compartida.

“La camisa de fuerza no desapa­rece, sólo que ahora es de diferente tamaño”, dice al respecto Torres Landa, del despacho Hogan Lovells BSTL. Es decir, los términos de la in­versión y del pago de derechos sigue estando en mayor medida en manos del Estado, pues las reglas las pone Hacienda, añade el abogado, experto en mercado energético.

Torres Landa enumera las atribuciones de las autoridades fiscales: en todo lo que son términos económicos, Hacienda fija cuáles son los parámetros, el tamaño de las contraprestaciones, los derechos que se deben de pagar, la forma de tributar, los recursos que van al Fondo Mexicano del Petróleo y cómo se van a administrar los recursos. “Sigue habiendo un marco de refe­rencia que no es libertad contractual pura, lisa y llana, no hay tal —añade el abogado. Pero hay muchas más opciones de contrato y una mezcla mucho más rica y alternativas que las que existían”.

Aun con las diferencias y coincidencias entre auto­ridades e industria, México alista el primer contrato para que una empresa pri­vada realice actividades de exploración y explotación en el país, aunque consulto­res, académicos e investi­gadores consideran que la Ronda Uno representa muy poco de lo que traerá consi­go la reforma energética.

“Si en esta fase no nos va como quisiéramos, todavía no hemos perdido ni siquiera una batalla. La importancia de la Ronda Uno es más bien simbólica. México todavía tiene muchísimo potencial con el que puede jugar para cartas futuras. Apenas estamos empezan­do. Es el inicio de la apertura, es apenas la primera manifestación de la apertura”, comenta Grunstein.

Mientras tanto, representantes de la industria ven que “la reforma energética ya ocurrió y la iniciati­va privada y el Estado mueven las fichas de la competencia en un mer­cado abierto en el que la Ronda Uno sólo es una parte mínima de lo que está por verse y para competir”.

Lo que es un hecho es que México ya lanzó el anzuelo con los proyec­tos en aguas someras y lo que se alcance a pescar se verá en el último cuatrimestre de 2015, con el primer contrato, aunque todavía haya todo un mar por navegar.

 

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