Por Adolfo Laborde*

Desde que Donald Trump asumió la presidencia en los Estados Unidos, no ha dejado de lanzar amenazas a nuestro país, como ya es costumbre en su administración, dejando abierta la posibilidad de que abandone el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN). Al respecto, cabría preguntarse en qué consiste el “Plan B”, anunciado por la Secretaria de Economía de México (SE), en caso de que el TLCAN se venga abajo. Las únicas pistas que se pueden suponer son a través de la recopilación de las noticias de las visitas de las autoridades mexicanas a Sudamérica, Asia (Japón) y la mención de que, con Brasil y Argentina, así como en la Unión Europea (UE) con quien recientemente se renegoció un acuerdo comercial, denominado “Modernización del Tratado de libre Comercio entre México y la Unión Europea” (TLCUEM). Me pregunto si los que tenemos no son suficientes (12 con 46 países). Ya existe un acuerdo con la UE, con Argentina y Brasil; además se tiene a la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALADI) o las normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

El “Plan B” no debería limitarse solamente a giras o a declaraciones, muy al estilo de los tecnócratas mexicanos. El “Plan B” entonces, tendría que tener acciones paralelas y concretas a las negociaciones del TLCAN. ¿Acaso no sería útil dejarles ver a los negociadores estadounidenses que estamos en pláticas de un Tratado de Libre Comercio con China y Corea, además de lo ya anunciado? O comenzar con un proceso de integración económica más profundo, que no es lo mismo que un simple TLC, con los miembros de la Alianza del Pacífico o los miembros de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI); o asumir el liderazgo de la reactivación del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, ahora denominado Acuerdo Integral y Progresivo para el TPP (CPTPP, por sus siglas en inglés) sin Estados Unidos. Es cierto que esto llevará tiempo, pero ¿qué estamos esperando?, ¿No causar enojo o molestar a los socios de la región de América del Norte? Una actitud reactiva no ayudará, menos aun cuando se quiere y es necesario, por cuestiones de seguridad nacional, dejar de depender comercialmente del mercado norteamericano. Sin presupuesto para acciones específicas y medibles, todo queda en el discurso y la retórica. La tan anhelada diversificación comercial tendrá que esperar, por lo menos hasta que sepamos el destino de las renegociaciones actuales de las delegaciones comerciales de Canadá, Estados Unidos y México.

Las respuestas a un plan “B” de la diversificación comercial de México después del fin las negociaciones del TCAN 2.0 no son sencillas. Hay muchas incógnitas y hasta el momento hay pocas acciones concretas en materia de diversificación comercial que nos han demostrado que a Estados Unidos ni todo el amor, ni todo el comercio. Los datos no mienten. De acuerdo a la SE (2018), el comercio entre ese país y México ascendió a 521,519.7 millones de dólares; de los cuales 326,976.3 millones de dólares corresponden a las exportaciones y 194,543.4 a las importaciones que dieron como resultado un superávit comercial para México de 132,432.9 millones de dólares. ¿Esto es mucho o poco? Si lo comparamos con la balanza comercial con otras regiones, tendremos la respuesta. En el mismo periodo con nuestros principales socios comerciales en Asia, es decir, China, Japón, Corea, Hong Kong, Taiwán y Singapur, se tuvo un déficit comercial de 90,760.5 millones de dólares; con los miembros de la Unión Europea, también tuvimos una relación desfavorable de 25,679.1 millones de dólares; con los miembros de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) se presentó una balanza comercial negativa de 3,526.5 millones de dólares y con Centroamérica una balanza favorable para México de 3,277.1 millones de dólares.

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La estrategia de diversificación deberá comenzar ya; se necesita pasar del discurso de diversificación a acciones claras que necesariamente tendrán que traer esfuerzos coordinados de los sectores académico, público y privado. Este trabajo, por ende, aspira abonar a ello.

*Epecialista en Relaciones Internacionales egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

 

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