Durante más de veinte meses se condujo una de las investigaciones más importantes en la vida política de Estados Unidos, más de quinientos testimoniales fueron revisados y expuestos una y otra vez en torno al escándalo presidencial que ha marcado la presidencia de Donald Trump.

Los reveces políticos del presidente de Estados Unidos le han impreso un timing perfecto, una serie de circunstancias que pese al deseo de sus detractores le ayudan a sortear el breve pero complejo camino que ha recorrido.

Desde el inicio de su periodo presidencial una reacia oposición insistió en la relación del gobierno ruso en la campaña presidencial para favorecer la llegada de presidente Trump. Convencidos de que los argumentos eran sólidos, en el aire se asomó la posibilidad de la destitución y se insistió en que tanto el equipo de campaña como el mismo Donald Trump como candidato, habían mantenido encuentros e intercambios de información sensible. El desgaste político logró permear en la opinión pública estadounidense, al grado de que en los últimos meses la trama rusa (Rusiagate) dejó de ser una prioridad para los ciudadanos según las encuestas al respecto.

Descifrar el por qué Trump hubiera mentido o negado en repetidas ocasiones sus vínculos con Rusia, con el paso del tiempo, se convirtió en un asunto meramente político que en nada abona a la agenda interna de Estados Unidos. Con una inminente polarización y una débil capacidad para generar consenso, el presidente Trump encuentra en la reciente exoneración no sólo una importante victoria política, sino que pareciera que ha encontrado el “golden ticket” que le puede llevar a la reelección.

No sólo le han quitado el velo de especulación y duda que yacía sobre él, también le han quitado la sombra de lo que él mismo ha llamado una cacería de brujas en su contra; pareciera entonces que ahora existe la posibilidad de que la circunstancia bien librada en este escándalo pudiera ser el elemento que le ayude a fortalecer la gobernabilidad, más que la popularidad y la aprobación.

De cara al 2020, Trump está confiado, seguro e imparable. Aunque existe la posibilidad de que la Cámara de Representantes (con mayoría demócrata) solicite al Fiscal General la presentación del informe detallado de la resolución en la que se concluye que el presidente no tiene vinculación alguna con el gobierno ruso para obtener algún beneficio político electoral que le llevaran a ganar las elecciones en 2016, esa eventual comparecencia sólo desgastaría más al poder Legislativo, mientras que al poder Ejecutivo lo fortalecería en un momento definitorio rumbo al 2020.

Trump es por mucho el presidente más controvertido en la historia reciente de los Estados Unidos y ante el cambio de escenario político, la crisis la convierte en oportunidad. Esto, podría ser determinante para concretar su anhelado segundo periodo al frente de la Casa Blanca toda vez que para la opinión pública estadounidense el Rusiagate ha quedado solo para el anecdotario.

 

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