Los planes de continuidad de negocio son un estupendo ejercicio de reflexión… es poner atención en la parte más delgada de la cuerda para fortalecerla y que no se reviente.

 

 

Estamos acostumbrados a evaluar a las empresas por sus parámetros de eficiencia, rentabilidad, desempeño, liquidez, apalancamiento e incluso por sus factores de crecimiento. Buscamos calibrar nuestras herramientas de análisis con los planes y estrategias que nos permitan pronosticar los mejores escenarios, los resultados más óptimos y las ganancias más jugosas. Sin embargo, con el afán de poner la mirada en los objetivos más altos hemos dejado de ver las amenazas que podrían parar el negocio y acabar con él: por fijar los ojos en la cima, nos tropezamos con el hoyo que tenemos a un lado.

En los últimos tiempos hemos sido bombardeados por teorías administrativas que nos impulsan a entrar a la arena de los negocios sin mucha reflexión. Nos dicen que si esperamos mucho para tomar la decisión perfecta, jamás nos atreveremos a mover las piezas y traer a la realidad una gran idea. Es verdad, el exceso de planeación lleva a la inacción, pero esto nos ha llevado al otro extremo, en el que los planes y los programas han sido borrados del mapa, donde la previsión suena a parálisis y la rentabilidad es la reina ante la cual sucumben todos los demás índices.

Muchos ingredientes se mezclaron para llegar a la euforia de la inmediatez empresarial. Por un lado los buenos resultados de muchas empresas en Internet que iniciaron operaciones casi sin capital y reportaron ganancias extraordinarias de inmediato. También la escasez de empleos y la dificultad para encontrar trabajos bien remunerados impulsó el rol de emprendedor. A la voz de: las ventanas de oportunidad se abren una sola vez y hay que aprovecharlas antes de que otros tomen ventaja, muchos empresarios se entusiasmaron y empezaron a operar.

En ocasiones no hay más remedio que iniciar actividades, y ya sobre la marcha acomodar las cosas. El problema fue que muchas de estas empresas se aventaron al ruedo y luego se olvidaron ordenar. En el vértigo de salir al mercado dejaron en el tintero uno de los principales objetivos que debe tener toda organización: la continuidad. Gran cantidad de empresas se regodearon en las glorias del éxito y no se detuvieron a reflexionar. Olvidaron cuál era su razón de ser, qué procesos integraban su cadena de valor y en dónde se encontraban sus eslabones más débiles. Los que creyeron en las teorías enfocadas en las fortalezas y dejaron de lado oportunidades, riesgos y debilidades, han tenido fuertes descalabros. Las quiebras no se han hecho esperar.

Por ello, hoy existe una fuerte tendencia a enfocarse en la continuidad del negocio. Las nuevas corrientes de teoría administrativa acentúan la importancia de cuidar las condiciones que permiten a una empresa seguir con sus operaciones, así como evaluar aquellas circunstancias que pueden poner en riesgo su marcha saludable. El primer paso será iniciar un proceso de análisis. Se evaluarán los puntos de vulnerabilidad de la empresa, así como el impacto y la probabilidad de que una disrupción afecte a la compañía. Una vez obtenido este informe, la compañía tiene la capacidad de clasificar los procesos de negocio en función de su criticidad y, lo que es más importante, establecer la prioridad de recuperación.

A partir de que se conocen los puntos de mayor vulnerabilidad y afectación de la empresa se genera un plan de continuidad. En el eventual caso de que un suceso disruptivo trastoque la actividad preponderante se generarán estrategias de emergencia que operarán hasta el momento en que la compañía vuelva a un estado de normalidad. Es decir, cuando se reestablezcan las condiciones anteriores a la disrupción.

Los planes de continuidad de negocio son un estupendo ejercicio de reflexión, lo mismo para empresas grandes que para las chicas. Es poner atención en la parte más delgada de la cuerda para fortalecerla y que no se reviente. Es, bajo cualquier circunstancia, estar en control.

Por años hemos calibrado nuestras herramientas de análisis para visualizar los mejores escenarios. Con el cambio vienen nuevas tendencias: es tiempo de planear para la crisis y así asegurar la continuidad del negocio.

 

 

Contacto:

Correo: [email protected]

Twitter: @CecyDuranMena

Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

El ABC de los concursos mercantiles en México  
Por

La directora del Ifecom explica a Forbes México cómo  los concursos mercantiles pueden ser una esperanza y no una lápida...