Amar es peligroso. Nos vuelve vulnerables. Sin embargo, la vida te impone. Enamorarse no es una cuestión de querer, sino de estar. A veces sin buscarlo, sin quererlo, el tren toca a tu puerta. Ni como quitarse, la atracción es inevitable. El dolor es parte de la dinámica como lo revisa Katina Medina Mora en su segundo largometraje Sabrás qué hacer conmigo.

Ella, Isabel (Ilse Salas), perdió a su hermano cuando tenía 16 años, esa ausencia ha afectado su vida desde entonces. Su madre, imposibilitada por el dolor, busca morir un día sí y el otro no. Sufriendo por la falta del hijo y del marido, quien abandonó el barco para evitar lidiar con depresiones nupciales. Un día se topa con él, Nicolás (Pablo Derqui), un fotógrafo que sufre epilepsia (aunque él cree haberlo superado). La atracción es mutua. Sus cuerpos piden proximidad, no obstante la mente se resiste.

Si LuTo (2014), ópera prima de Medina Mora, proponía una radiografía de una relación. Desde un inocente cruce de miradas, hasta el inevitable rompimiento después de años de vivir juntos. Sabrás qué hacer conmigo opta por intentar capturar un momento vulnerable en la vida de sus personajes, donde el amor se inserta. El encuentro podrá ser igual de fortuito, (un vistazo, un instante), la resolución no lo será gracias a su ambigüedad.

Isabel fluctúa entre la fragilidad de su propia estabilidad emocional y la dureza de los días compartidos con su madre. “Yo sigo aquí” le reclama en una de las escenas claves a su progenitora. Es una sombra que adquiere cuerpo y sustancia cuando se encuentra con Nicolás, otro ser buscando refugiarse en su soledad. Ahí donde su enfermedad en únicamente suya, sin hacer “sufrir” a nadie más.

PUBLICIDAD

Son personas que se niegan a vivir plenamente, por miedo al duelo. La madre de Isabel (Rosa María Bianchi) vive con una barrera autoimpuesta, es más sencillo seguir lamentando las faltas que notar los daños presentes causados a la hija. O decidir compartir la privacidad de la enfermedad, así llegue la muerte en el piso del baño durante un ataque de epilepsia.

A lo largo de su incipiente carrera, Katina Medina Mora ha dejado claro que gusta del melodrama. De provocar emociones a cuadro, emparentando su trabajo con directores como Xavier Dolan o Maïwenn (aunque sin tanta pirotecnia). Ella misma lo define de manera similar en una entrevista para el Cinema Móvil: “Yo hago películas que me gustaría ver. Sin compararme, me gusta el cine francés, me gusta sufrir, que me dejen un hueco en el estómago, que haya cierta reflexión, ojalá pueda acercarme a eso”.

Enamorarse es una liberación de emociones. Duele y se disfruta por igual. Si yo no sé qué hacer conmigo, tal vez tú lo sepas.

Contacto:

Twitter: @pazespa
Tumblr: pazespa
Página web: Butacaancha.com

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

9 multimillonarias que rompen el molde de los negocios
Por

La portada de la segunda edición de Self-Made Women de Forbes incluye a estas mujeres que, juntas, tienen una fortuna co...