28 de septiembre, medio día. Solicito a un grupo de personas que estén preocupados por lo que leemos los demás en nuestras redes sociales, en especial Facebook y cadenas de WhatsApp, para que verifique todas las cosas que llegan a nuestras pantallas. Contacto: nuestra salud mental.

La sociedad mexicana estuvo por encima de la crisis, una vez más, pero eso no quiere decir que eso incluye el dejar pasar una serie de cosas. Aunque por nervios o querer estar informados hayan producido interferencia con las plataformas de emergencia, eso no es tan grave como los que se volvieron caja de resonancia, el maldito eco, de rumores o especulaciones. Sabemos bien que el tiempo es el principal enemigo ante una catástrofe, incluso nuestras mayores ganas de sobrevivir se ven frustradas si no logramos ser rescatados en poco tiempo.

Es así como hay que celebrar a las personas que se organizaron para formar grupos de información verificada, pero también tenemos que pensar cómo haremos para hacer responsables a las personas que diseminaron información falsa. No me refiero a nombres falsos, no me refiero a esperanzas falsas; me refiero a información que en cierta forma interrumpió, detuvo o entorpeció las labores de rescate. Me refiero a mensajes que confundieron una calle con una escuela, por más que tuvieran el mismo nombre, por ejemplo.

La claridad de lo que se informa pesa, y tan es así como uno de los sitios que mejor funcionaba era una cuenta en Instagram llamada @informadosayudamos. No llevaba ni 24 horas de que se habían dado los terribles hechos cuando, llevando unos topos con picos y palas a Petén y Morena, me encontré con un amigo que me mostró la cuenta y. Dentro de toda la situación, me sentí tan contento de tener a esta juventud tratando de dejar el ruido afuera y enfocarse en lo que era importante.

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Al finalizar ese día en Twitter la gente ya se empezaba a comunicar mucho más con el formato que hoy la mayoría conocemos: Día, hora, necesidad, contacto. También empezaron a moverse mucho más los hashtags #verificado19s y símiles. De todas formas, no veíamos a ninguna institución responsable mantener este formato, y eso no ayudaba a limpiar el ruido. Es más, los medios tradicionales lograron hacer más ruido y quitar más tiempo a lo que importaba haciendo más grande el tema de un nombre en una escuela.

Este caso que fue el intento por llamar la atención del público (la teleaudiencia) que, si bien había tomado la mejor decisión al quedarse en su casa, me hizo detallar la frase: Más ayuda el que no estorba, en las calles y en las redes sociales. Mientras ibamos de un centro de acopio a un punto de siniestro una persona me comentó que como era posible que pusieran a una persona como el subsecretario de Marina, Á ngel Enrique Sarmiento, a hablar ante los medios, que hablaba extraño. Para mi no era extraño, era claro, eran hechos, no buenos, no malos, hechos; sin opinión, sin esperanza, sin mediatizar.

Las palabras del subsecretario fueron para mi el parte más claro, honesto y preciso. Lo que él hizo fue informar, a la usanza de la institución a la que pertenece, de la misma forma, siento yo, que es con la que se informa a su comandante en jefe, y nos dió ese tratamiento. Porque no es solo saber el parte del desfile militar del 16 de septiembre, pero también con hechos, lo que ha acontecido en las labores de rescate.

Pero ahora los medios utilizan más tiempo para criticar la información, que para verificar la información. La sociedad, si bien unida logra muchísimo, también tenemos que replantearnos lo que vamos a exigir en las urnas y fuera de ellas. Los responsables que estos días vemos pasándose la bolita, gozarán del placer que da la impunidad mexicana, ¿o realmente los vamos a hacer responsables? ¿Vamos a demandar protocolos claros para ser ejecutados con una integridad absoluta (esta palabra quiere decir falta de corrupción -entereza moral-, para quien ya no la recuerde) en la entrega de permisos de construcción -aún más si sabes que estás construyendo en una cuenca sobre un eje neovolcánico con alta incidencia sísmica-?

La resaca de este lamentable incidente nos va a costar muchísimo, en especial a los que menos tienen y más lejos están, pero tendremos que hacer algo al respecto. Me niego a llamar este terremoto un accidente, me niego a dejar esto en manos de algo que no podemos prevenir, de lo que no podemos aprender que sucedió para tomar las mejores cartas y evitar que no vuelva a suceder, por eso no lo llamaré accidente, ni sismo; es un incidente y un reporte con responsables se debe de levantar para poder generar un programa de mitigación de riesgo.

Si el análisis de riesgo, el de diagrama de causa efecto y tras preguntarnos 5 veces ¿por qué? para llegar a la raíz del problema, encontramos que la corrupción fue el factor, actuemos.

Como siempre, gracias Google por tus alertas públicas y person finder; gracias Twitter por ser como eras, ahora no tanto porque te quería más de 160 caracteres, pero editable, no de 280 caracteres. Gracias social chats, aunque como sociedad tenemos que entender que el más utilizado no siempre es el mejor; muchas de las cadenas de rumores podrían haberse desmentido si utilizáramos Telegram con su función de canales de broadcast y bots, más información con menos ruido.

Por más que me cueste aceptarlo, gracias Instagram; pero en especial gracias al formato de video web móvil. Pero, sobre todo: ¡Gracias a todos los que ayudaron a informar para movilizar a miles de mexicanos para ayudar a miles de mexicanos!, no olvidemos que la ayuda se vuelve a requerir en unas semanas, no hasta el siguiente incidente.

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