Mezcal, ¿bebida de culto? La realidad no se aleja del mito, pues para extraer el elíxir vital hay que arrancar el agave, que tarda en crecer entre siete y 11 años.

 

 

Si en el argot popular se escucha decir que el mezcal podría catalogarse como una bebida de los dioses, no nos sorprendamos.

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En tiempos prehispánicos, los destilados provenientes del agave eran usados en rituales, y eran consumidos por la realeza y las órdenes religiosas. Bebida de culto.

La realidad no se aleja del mito, ya que para extraer el elíxir vital hay que arrancar una planta de agave cuyo crecimiento tarda entre siete y 11 años. Es un proceso largo, complejo, que debido al auge que ha tenido, se ha visto atropellado por su producción.

Hoy se sabe que muchos agricultores nunca previeron el desabasto. Desde 1995, fecha en que el mezcal obtuvo su denominación de origen, no se esperaba el gran crecimiento que ha tenido y su conquista definitiva en el gusto de mexicanos y extranjeros.

A partir de 2006, empresarios del mezcal abrieron nuevos mercados en China, India y Europa, lo que aumentó la demanda. Muchos de ellos, ajenos al campo, jamás tuvieron en cuenta las condiciones climatológicas, la ruta de crecimiento, la experiencia de la tierra.

Actualmente, según datos oficiales, hay 8,000 hectáreas disponibles para la producción de agave, mientras que hace 25 años había 10,000 hectáreas. Estas cifras reflejan una oportunidad: si queremos que el mezcal sea una bebida en crecimiento, debemos hacer todo lo posible para estimular la producción, de forma sustentable.

Dato duro: para ser sustentables es necesario que se renueven de 1,500 a 2,000 hectáreas de agave cada año.

En los últimos tiempos, esta generosa planta se ha vendido para la elaboración de inulina, miel y medicamentos. De hecho, como apunta Hipócrates Nolasco, presidente nacional del Consejo Mexicano Regulador de la Calidad del Mezcal (Comercam), el crecimiento de ventas de agave a la industria farmacéutica generó que los precios se dispararan de los 40 centavos a los 4 pesos por kilogramo.

“De acuerdo con la Asociación Civil Maestros del Mezcal, existe un área de oportunidad si se crea un esquema de regulación hacia las empresas no mezcaleras que compran insumos de agave, con el fin de proteger la materia prima para la realización del mezcal.”

Este problema también conlleva un enfoque social: la extinción de productores. Miles de familias en el país se dedican a la elaboración del destilado. En Oaxaca, la industria del mezcal es una de las principales actividades económicas para 25,000 familias en unas 150 comunidades, en su mayoría indígenas.

Si queremos que uno de los tragos más valorados en Nueva York, San Francisco, Londres, París y Barcelona siga siendo el mezcal, tenemos que trabajar en la protección de la planta que hace posible la magia.

Esta bebida es tan nuestra como las raíces ancestrales que nos dan nombre como mexicanos. Exponenciar la rentabilidad de esta bebida depende de la protección ambiental, la sustentabilidad, y los avances científicos que ayuden a preservar los agaves con que se elabora mezcal en México.

 

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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