Samantha Terán llevaba diez días de competición sin parar, con una lesión en el tobillo y con sueños de seis horas cuando disputaba el partido con el que podría batir un récord histórico en los Juegos Centroamericanos y del Caribe (JCC): convertirse en la primera atleta en conseguir 15 oros.

El 26 de julio, después de ser presea dorada en la categoría de individual femenil de squash y la plata en dobles, consiguió el oro en equipos femeninos de este deporte en los JCC 2018, que clausuran su vigesimotercera edición este viernes.

Con ello, ha logrado ser la deportista que más ha escuchado el himno de México subida al número uno del podio en esta justa deportiva.

Las tres medallas que Terán trajo contribuyeron a llevar a su país al número uno del medallero de los Juegos de Barranquilla 2018, con 131 medallas de oro, 116 de plata y 88 bronces.

Por esto, se siente feliz y satisfecha con su desempeño físico y mental “al cien por cien”, dice, durante los días que estuvo en Cali, Colombia, donde se disputaron los partidos de squash.

Ahora es cuando empieza a asimilar el concentrado de experiencias y emociones vividas entre el 17 y 27 de julio en unos Centroamericanos que califica de “muy intensos”.

“Fue muy desgastante, jugábamos tres partidos cada día. No tenía tiempo ni de lavar las playeras, tenía que bañarme con la ropa puesta. Por esto, ser eficiente es clave. Si lo eres, dormirás más y estarás mejor. Todo cuenta”, afirma en entrevista para Forbes México.

 

Deporte de origen inglés recién llegado a México

Terán también recuerda Barranquilla 2018 porque consiguió que personalidades clave del deporte se fijarán en algo más que en sus resultados.

“Tuve la fortuna de que asistieran al evento miembros del comité olímpico y de la Conade (Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte). Se quedaron sorprendidos del squash. Esto es lo que me faltaba, que me vieran jugar”, afirma.

Además, explica que por primera vez amigas suyas la vieron competir: “llegaron por sorpresa, de Brazil y de México. Nunca me habían visto jugando. Bromeaba diciéndoles que es lo que llevo haciendo toda mi vida”, explica.

Lo dice porque ésta disciplina deportiva es aún minoritaria en México. El squash nació a mediados del s. XIX, en una escuela pública a las afueras de Londres. Durante el siglo pasado se expandió por el mundo, empezando por excolonias inglesas.

Por esto, hoy los primeros puestos del ranking mundial femenino, que elabora la Asociación Profesional de Squash (PSA, por sus siglas en inglés), los ocupan atletas de Egipto, India o Australia, entre otros.

Pero en el número 55 de la lista de agosto 2018, con más de 250 nombres, está Samantha Terán, la primera latinoamericana y de habla hispana.

De hecho, no puede entenderse la historia del squash en México sin el apellido Terán. Su papá y primer entrenador, Javier Terán, es uno de los responsables de que esta disciplina deportiva llegara desde Estados Unidos, en los años 50. Y su hija, la elevó al número tres del mundial de Rotterdam en 2011 y a la posición once del ranking mundial en mayo de 2012.

“Esta es la prueba de que son quince”, bromea Terán, mostrando todas las preseas conseguidas en sus cinco Centroamericanos. Foto: Fernando Luna.


Modus vivendi de un deportista profesional de squash

Pero a pesar de la excepcionalidad de este deporte en México, Terán afirma que es factible dedicarse profesionalmente al squash.

Esto es así porque, como sucede con el tenis, los deportistas compiten en torneos en los que se reparten el monto del premio y cobran por partido disputado, aunque pierdan.

Durante 2017-18, por ejemplo, el Tour Mundial de la PSA distribuyó el mayor premio de su historia: 6.4 millones de dólares en 227 eventos, un 11% más que la temporada anterior.

El deportista masculino que más ingresó llegó a los 278,231 dólares en esa temporada y la femenina, 218,814 dólares.

A eso, se le suman los ingresos por patrocinios. En el caso de Samantha Terán, por ejemplo, afirma que lleva toda su carrera patrocinada por la marca de raquetas Harrow y por la de productos nutricionales Usana desde 2003, entre otros.

Los logos de estas marcas lucen en las canchas de squash de su negocio familiar que tiene ya un lustro de vida: el club deportivo ProSquash Polanco.

Desde este espacio de dos pisos ubicado en la calzada general de Mariano Escobedo, en la Ciudad de México, inculca el deporte a los más pequeños, forma a nuevos talentos en esta disciplina y se prepara para los días en los que ya no estará en los torneos.

Las paredes de ProSquash lucen la trayectoria de Terán por todas las canchas del mundo. Foto: Fernando Luna.

 

En el último juego de su carrera

A sus 35 años, Terán plantea retirarse: “Últimamente en el tour ya no obtengo los mismos resultados. Por esto, (el retiro) es algo para lo que te tienes que ir mentalizando y pensar en qué lo va a reemplazar, aunque el squash siempre tendrá su lugar único para mi”, explica.

Junto con ProSquash, hoy está estudiando una maestría en marketing digital y tiene en camino un proyecto para abrir una clínica de alto rendimiento y acondicionamiento inspirada en la holandesa Fisiomed.

Para ello, ya está negociando con los dueños de la compañía, quienes, tras pasar unos días en la Ciudad de México el pasado marzo, dieron su aprobación para implantar el primer centro de tratamiento y prevención de lesiones de este tipo en el país.

Las últimas competiciones en las que se plantea participar son el Tour Mundial 2018-19, cuyo campeonato en Chicago será el primero en la historia del squash en repartir un millón de dólares. La PSA lo considera una prueba inequívoca de la expansión que está teniendo este deporte a nivel mundial.

“Si formé parte del crecimiento del squash, quiero participar (en el Mundial 2018-19), porque es histórico”, afirma Terán.

También prevé clasificarse para los Juegos Panamericanos, que se celebrarán en Perú en 2019, y en los que ya lleva dos medallas de oro y siete de bronce a sus espaldas.

Éstas probablemente serán las últimas ocasiones que Samantha Terán tendrá para revivir el sueño de todo deportista: escuchar el himno y ver la bandera de su país desde lo más alto del podio.

Pero ni esto impedirá que continue con lo qué más ha disfrutado a lo largo de su carrera: la pelota de goma, el frontis y el reto consigo misma, raqueta en mano.

Foto: Fernando Luna.