La experiencia de exclusividad en un territorio bohemio como Sayulita es un lujo que sólo los pueblos mágicos pueden ofrecer.

 

 

Amo el sentimiento del viajero, la adrenalina y emoción de no saber qué esperar y al mismo tiempo esperarlo todo. Estoy en Sayulita, en Riviera Nayarit. No es la primera vez que visito esta tierra, pero de alguna manera me siento ajena, expectante, incluso podría decir que extranjera.

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Al hacer check-in en el hotel, junto al mostrador descubro una tienda de lo más linda con artículos artesanales en cerámica, peltre y arte huichol… ¡una maravilla! Como las sorpresas que dan muchas boutiques en este pueblito de poco más de 6,000 habitantes.

Expectante, subo las escaleras al aire libre, para descubrir una antesala decorada con auténticos colores mexicanos, cojines con flores bordadas y una pequeña librería con títulos en inglés y español con un estilo bien logrado. Me detengo un segundo, y un libro llama mi atención; lo tomo, y sin mayor preámbulo decido que éste será mi compañero del fin de semana. Así que decido entrar en mi cuarto, que es sencillo pero muy lindo, con fotografías y decoración de artistas locales, locales de corazón porque muchos de ellos son expats.

Me encamino a la playa, tan sólo a dos cuadras; paso por la plaza central –tan típica como la de todo pueblo colonial mexicano–. En el quiosco juegan unos niños y me dicen que mañana domingo se dispone un bazar. ¡Seguro me daré una vuelta!

Continúo mi trayecto, y por más que visite Sayulita, la imagen de la playa con tablas de surf y paddle dispuestas sobre la arena me cautiva como si fuera la primera vez. Principiantes, aficionados y viajeros que han recorrido miles de kilómetros para llegar hasta aquí, surfean las olas e invitan a vivir la aventura de vencer al Pacífico. Algo tiene el mar que lo cura todo; sólo veo sonrisas.

Sayulita es un poblado tranquilo, donde todo sucede en una circunferencia de ocho cuadras. Aquí, los típicos food trucks de hamburguesas y hot dogs son reemplazados por su versión con tacos de mahi-mahi, camarón y marlín… ¡delicioso! Las boutiques tienen un toque especial y el lujo de contar con piezas únicas, como Pacha Mama, famosa por sus piezas de joyería de perlas negras de Tahití, playeras con mensajes tan positivos como la inmejorable sensación de surfear las olas del Pacífico y ropa con un estilo gipsy, que cautiva a citadinos y viajeros. La también ya famosa Revolución del Sueño encuentra su inspiración en héroes, personajes y elementos icónicos de la cultura mexicana desde Frida Kahlo y Emiliano Zapata hasta El Santo, para crear prendas únicas, desde bolsas de algodón y playeras, hasta joyería, cojines y tatuajes. Quienes visitamos Sayulita tenemos una vena hippie chic, por lo que seguro encontrarás el shopping interesante.

Si bien prácticamente todos los visitantes vienen en pareja, familia o son grupos de surfers, este tranquilo poblado de Riviera Nayarit es también una opción para viajar en solitario. La tranquilidad y seguridad se palpa en todo momento. Una mujer, como yo, viajando sola, nunca se siente intimidada ni extraña; por el contrario, todos los pobladores muestran una sonrisa cálida.

Dato importante es que durante el verano oscurece hasta las nueve de las noche, así que el día parece eterno y no hay nada como disfrutar escuchar las olas con los pies en la arena tanto tiempo como sea posible.

Una opción muy recomendable es despertarse temprano para rentar una tabla de SUP y adentrarse en la bahía. Eso es precisamente lo que hago, y de pronto, mar adentro, me doy cuenta que soy la única en el mar; no hay nada más que la tabla, el Pacífico y yo. Alrededor vuelan gaviotas y puedo ver la costa en plena calma. Inmediatamente me invade una sensación de poder, de libertad, de paz absoluta y un temor especial por ser la única a mitad del mar. Éste es el secreto de Sayulita. La experiencia de exclusividad en un territorio bohemio es un lujo que sólo los pueblos mágicos pueden ofrecer.

 

 

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Twitter: @PR_TraveLady

 

 

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