El Instituto de Investigación Económica y Social Lucas Alamán (ILA), que ha sido generador de ideas y análisis, desaparece por falta de apoyo oficial.

 

Gobierno que no invierte en educación y además obstaculiza la investigación está condenando a su pueblo a la mediocridad.

El avance en la productividad de un país también depende del desarrollo de ideas, de contribuciones intelectuales y de debates productivos, a pesar de que cuestionen al gobierno en turno.

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La importancia que cada país le da a la investigación y al desarrollo de ideas dice mucho de la calidad de su gobierno, pero sobre todo de la clase de nación que estamos construyendo. Así, la desaparición del Instituto de Investigación Económica y Social Lucas Alamán (ILA), centro generador de investigaciones de calidad y dirigido por el Dr. Leopoldo Solís autor del clásico en economía  “La Realidad Económica Mexicana”, se vio obligado a cerrar sus puertas por falta de apoyo gubernamental.

Desde su fundación, el 24 de febrero de 1989, el ILA tuvo como misión generar y desarrollar proyectos de investigación de forma independiente, sin favorecer a ningún partido político y buscando siempre objetividad en los puntos de vista contenidos en sus estudios. Siempre evitó criticar por el simple hecho de hacerlo, por el contrario dio la razón cuando se tenía que reconocer la verdad y generó debate cuando era necesario profundizar en las ideas. Para apoyar los resultados de sus estudios, el Instituto enfatizó el uso de modelos matemáticos, estadísticos y econométricos siempre que fue posible hacerlo.

El camino hacia la democracia ha sido sinuoso, largo y difícil para el país. Sin embargo hemos avanzado mucho en ese sentido. De hecho, el Instituto Lucas Alamán forma parte de aquellas instituciones que nacieron con los vientos de democracia y con una firme opinión objetiva y neutral. Ante la falta de apoyo oficial, desafortunadamente el reducido número de investigadores del ILA no tuvieron la capacidad de hacer una marcha o bloquear alguna avenida para poder ser escuchados por las autoridades. Sus armas de defensa solo eran aquel cúmulo de valiosas investigaciones que generaron a través de los años.

Pero esos estudios publicados por el ILA no fueron solo una pila de libros como los muchos que se producen en el país, pues sus autores han sido personalidades de reconocido prestigio internacional. Entre los cuales se cuenta el propio Director General Don Leopoldo Solís (miembro del Colegio Nacional y profesor de importantes Universidades de México y el extranjero), el ex Presidente Ernesto Zedillo, el Dr. Lawrence Klein (Premio Nobel de Economía 1980), por sólo nombrar algunos.

Asimismo el ILA siempre buscó favorecer a los mejores estudiantes de universidades públicas y privadas de nuestro país, preferentemente a aquellos con estudios de posgrado, para asegurar que la calidad de las investigaciones estuviera a nivel internacional.

La educación de la población de un país representa uno de los medios más poderosos para poder salir del subdesarrollo y para generar riqueza sostenible en el largo plazo. Sin embargo, el ejercicio de los recursos debe estar estrictamente supervisado y en manos de profesionales en la materia, de tal manera de evitar que las decisiones vitales esté en manos de personas con poca experiencia o con falta de compromiso con la educación de su pueblo.

Las investigaciones y desarrollo de ideas que podría haber generado el ILA en un año de actividades solo le habrían costado al erario público menos de la tercera parte del costo de graduar un solo estudiante en una de las universidades de más baja calidad en el país. Pero ¿qué se podía esperar cuando posiblemente a las autoridades no les quedaba claro que el Instituto tenía por objeto generar ideas y ofrecer alternativas de solución para diversos problemas? Posiblemente la generación de investigaciones de calidad como las del ILA no representa ningún valor para nuestras autoridades.

Mientras en otros países se busca fomentar y apoyar a las instituciones que generan ideas y propuestas de forma independiente, en México al parecer se ven forzadas a desaparecer. Así, dado que la desobediencia y la protesta no han sido ni son el camino para el ILA, este instituto se ha visto en la necesidad de cerrar sus puertas.

*Las ideas aquí expresas son de exclusiva responsabilidad del autor y en ningún momento deben ser atribuidas a la institución para la cual trabaja.

 

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