La recuperación económica parece haber comenzado ya, pero a ritmo muy gradual y a distintas velocidades. De hecho, es la segunda mitad del año la que luce más prometedora.

 

 

Sí, se recupera. Aunque caben varios matices. Se recupera de manera más tardía y gradual que lo anticipado. Más aún, esta recuperación no se presenta como un fenómeno generalizado entre sectores, sino que parece ir a distintas velocidades.

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A continuación te presento siete factores cruciales para entender la naturaleza de esta reactivación económica y su alcance para los siguientes meses.

1. La demanda externa hizo la diferencia entre un escenario de recesión y un periodo de desaceleración productiva. Mientras que buena parte de los motores internos de crecimiento económico se desaceleraron o contrajeron el año pasado, el empuje de la demanda externa –78% de nuestras exportaciones van a EU– mantuvo a flote al sector exportador y, por ende, a la industrial local (básicamente manufacturas). No obstante, el año pasado fue la caída en la demanda proveniente del resto del mundo (distinto de EU) la que jugó el papel protagónico en la desaceleración de las exportaciones mexicanas.

Este año, la industria en EU repunta y promueve un empuje similar en nuestras exportaciones hacia ese país. En tanto, la demanda del resto del mundo comienza a mostrar signos alentadores.

2. La industrial de la construcción parece dar señales de reactivación, aunque se antoja gradual. Tras el fuerte revés sufrido por esta industria a principios del 2013, el cual la llevó a una severa contracción, las cifras de abril de este año de producción del sector dejaron ver que por fin asoma la cabeza a terreno (marginalmente) positivo en su comparativo anual.

Así, el sector se rehabilita aunque a un ritmo muy pausado. No obstante, preveo que en el año el sector podrá tener la oportunidad de contribuir modestamente al avance de la economía en general.

3. El consumo privado continúa mostrando signos de debilidad, aunque los meses siguientes podrían ser mejores. Prácticamente cualquier medida de consumo (Walmex, Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicios y Departamentales o ventas al menudeo) continúa evidenciado cierta languidez. La lenta recuperación del empleo (formal) y la pausada migración hacia mayores salarios, aderezados con recurrentes choques adversos a su poder adquisitivo, parecen explicar dicho comportamiento.

No obstante, los determinantes del consumo parecen apuntar ya en dirección correcta, aunque luce muy probable que su recuperación se consolide hacia la segunda mitad del año.

4. El gasto público se acelera, aunque todavía no se refleja en la actividad económica. Tras el pronunciado subejercicio de principios del año pasado y consecuente esfuerzo de recuperación, este rubro de la demanda interna comenzó este año con un empuje significativo. No obstante, sus efectos favorables en la actividad económica han tardado más en reflejarse de lo anticipado. De nuevo, posiblemente será la segunda mitad del año la que muestre señales más alentadoras respecto a la derrama económica derivada del gasto público.

5. Existe espacio de política económica para estimular la economía, aunque sus acciones usualmente toman tiempo en materializarse. En el lado fiscal se tiene aprobado un déficit en las finanzas públicas, con el objetivo de apoyar la actividad económica; además los ingresos públicos han reportado ganancias excedentes. Lo anterior fortalece la idea de que el esfuerzo de política fiscal expansiva debería contar en el avance económico en el año; simplemente todavía no se ha visto reflejado.

Por el lado de la política monetaria, recientemente el Banco de México anunció una sorpresiva reducción en la tasa de interés de referencia a 3.00% desde 3.50% frente a un contexto de debilidad económica. No obstante, las acciones de política monetaria suelen tomar bastantes meses en reflejarse en las variables macroeconómicas (tales como en crecimiento económico e inflación). Por lo mismo, muy probablemente la acción reciente no contará como apoyo para este año. Sin embargo serían los recortes por 1 punto porcentual efectuados el año pasado (-0.5pb en abril, -0.25pb en septiembre y -0.25pb en octubre) los que podrían “contar” para este año.

6. La confianza se recupera, condición clave para ver reactivadas decisiones de inversión y consumo. Tras desplomarse a partir de la primavera pasada, los indicadores de confianza del productor y el consumidor (medidos por el INEGI a través de encuestas) han mostrado un repunte en lo que va del año. Su capacidad para adelantar-pronosticar el comportamiento de variables de producción y consumo, respectivamente, está bien documentada; aunque usualmente tienden a pasar algunos meses antes de reflejarse en dichas variables.

7. Finalmente, las reformas estructurales impulsarán el crecimiento económico, solamente que no este año. Las reformas aprobadas el año pasado, actualmente en discusión en el caso de algunas de sus leyes secundarias, promoverán el crecimiento económico en el mediano y largo plazo. De hecho, posiblemente comencemos a ver parte de sus efectos favorables en inversión extranjera directa e inversión local tan pronto comience 2015. No obstante, sería difícil observar un efecto positivo desde 2014.

Así, la recuperación económica parece haber comenzado ya. Pero se trata de una recuperación a ritmo muy gradual y que marcha a distintas velocidades, según los sectores o componentes de la oferta-demanda agregadas. De hecho, es la segunda mitad del año la que luce más prometedora.

En particular, la demanda externa (exportaciones) lidera en cuanto a su contribución al crecimiento, y son los componentes de la demanda interna (consumo privado y público e inversión) los que vienen de atrás. Este proceso de recuperación nos ha quedado a deber: llegó a anticiparse un repunte en la economía del orden del 3.4% a principios del año (consenso de encuestas) desde el 1.1% que se creció el año pasado. Las mismas encuestas ahora ubican al avance económico de este año en 2.8%.

 

 

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