El gasto público empuja el crecimiento económico antes de los comicios, pero también incide en la contracción económica post electoral, lo que han llamado “la maldición del primer año”. La construcción, tan dependiente del presupuesto público, es particularmente sensible a estas fluctuaciones cíclicas del gasto.

 

 

En la literatura económica, el término ciclo político-económico describe la utilización del gasto público periódico con fines electorales que afecta las variables macroeconómicas de un país. De acuerdo con estudiosos en la materia, en México las elecciones presidenciales tienen una fuerte influencia en el incremento del gasto público que tiene lugar en los meses previos a las elecciones. Quienes hemos tenido contacto directo con el sector infraestructura sabemos de primera mano, que el ciclo se cumple puntualmente.

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Vamos por partes. El gasto público -destinado principalmente a infraestructura y obra pública-  empuja el crecimiento económico antes de los comicios, pero también incide en la contracción económica post electoral, lo que algunos especialistas han llamado “la maldición del primer año”. Un sector tan dependiente del presupuesto público como la construcción, es particularmente sensible a estas fluctuaciones cíclicas del gasto.

De acuerdo con un promedio elaborado a partir de los ciclos político-económicos de los años electorales de 1994, 2000, y 2006, la industria de la construcción comienza a expandirse en los 18 meses previos a la elección presidencial, alcanzando su punto máximo en bimestre julio-agosto de ese año, para después desacelerar de manera pronunciada en los 12 meses posteriores a los comicios. Es decir,  la industria de la construcción llega a su punto más bajo justo un año después de alcanzar su punto máximo, en  julio del año siguente al año electoral.

Los primeros meses de 2013, en los cuales el sector construcción no ha tenido un desempeño satisfactorio – al grado que llegó contraerse 4 % por ciento respecto a la primera mitad de 2012- coinciden justamente con los meses que históricamente se caracterizan por ser menos favorables para el sector. En términos generales el ciclo político económico -que comprende julio del 2012 a  julio de 2013- parece confirmar el patrón marcado por el promedio de los tres ciclos anteriores. Dicho patrón sumado a las intenciones iniciales de la administración actual de mantener un déficit cero, y al públicamente reconocido subejercicio del gasto, son razones que explican el mal desempeño del sector.

Sin embargo, como parte del mismo ciclo político-económico, la producción del sector de la construcción debe empezar a mejorar en el primer trimestre del próximo año. Factores como el aumento del 1.5% por ciento de déficit fiscal contemplado en el paquete económico 2014,  el incremento en el presupuesto para la SCT de casi 28 mil 505.4 millones de pesos incluido en la iniciativa de Presupuesto de Egresos de la Federación, y la necesarias reconstrucciones impuestas por los desastres naturales, podrían ayudar al repunte de la producción del sector.

Lo esperamos los constructores y lo necesita urgentemente el país.

 

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