El bajo crecimiento de China, la fábrica del mundo, es la oportunidad esperada para que México acreciente su base de manufactura. Pero el país no ha resuelto sus problemas estructurales: muy bajos salarios e infraestructura de transporte al borde de la saturación.

 

Para el experto en manufactura de Deloitte, Bruno Juanes, 2016 es clave: se verá el efecto global de la devaluación del yuan, y el rumbo que tomarán las reformas, qué de ellas se materializará y qué no, si baja o no el recibo del gas, si la reforma de telecomunicaciones permite disponer de una red más barata y si la inversión en infraestructura se materializa.

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“Mi visión externa es que México anuncia con bombo y platillo las reformas como un caballo alazán, y al cabo de poco tiempo acabamos con un burro, y lo que parecía que iba a ser, no es”, señala Juanes. Y añade: “La sociedad en su conjunto no puede permitirse el lujo de basar su competitividad estrictamente o sólo en los costes de la mano de obra”.

 

¿Qué impacto tiene que China haya devaluado su moneda?

Nadie duda que China es La fábrica del mundo. Y el hecho de que reduzca su tipo de interés para aumentar su competitividad es indicativo de que está a la puerta de una crisis, sino es que ya dentro de la crisis. Para que la economía china entre en recesión no tiene que acu­mular dos trimestres con decreci­miento, sino que en cuanto baja su crecimiento de 7%, su economía se está enfriando. Y en este momento China está ahí.

Realmente China tiene un problema. El costo de la mano de mano, que antes le hacía ser muy competitiva, ha dejado de ser una variable —ya es más cara que la mano de obra mexicana—. En seguridad, medio ambiente e infraestructura tiene años luz por recorrer… la última explosión en el puerto de Tianjin nos demuestra que es un reino sin gobierno.

Los países occidentales, como Alemania y Estados Unidos, están recuperando la manufactura que habían deslocalizado en China o en países de bajo costo. Y eso afectará directamente a México en un senti­do positivo.

El sector manufacturero mexi­cano ha sido tradicionalmente un operador de cadena de suminis­tro, con muy bajo valor añadido, no se capturaba nada, todo se iba afuera: patentes, propiedad inte­lectual, desarrollos de ingeniería, el I+D.

Eso está cambiando. México tiene campeones locales y el entorno necesario para capturar mucha de esa manufactura cuan­do regrese a Estados Unidos. Pero tiene que actuar con inteligencia.

 

La devaluación del yuan es una reacción de China. ¿Cómo impactará a México?

Aún lo tenemos que ver, porque es algo que está ocurriendo hoy. Para mí es una incógnita, pero no creo que cambie mucho la coyuntura de México.

Nuestro país tiene sus proble­mas, está muy apalancado en sus bajos costos de mano de obra; un obrero cualificado de una planta automotriz puede cobrar 50,000 pesos brutos al año. Pero ese bajo coste de la mano de obra tiene un elemento de desestabilización: costos muy altos de la energía, la logística y las comunicaciones.

En el momento en que a Mé­xico le suceda lo que le ocurrió a China (huelgas para reclamar salarios más dignos y no haya resuelto problemas de energía, comunicaciones y transporte), es­tará metido en un serio problema.

Una economía manufacturera y una sociedad no se pueden permitir el desarrollo con base en mantener los costes salariales extremadamen­te bajos porque, al final, la gente que cobra poco no se bancariza, no asegura sus vehículos, no consume. La sociedad en su conjunto no se puede permitir el lujo de basar su competitividad sólo en los costes de la mano de obra.

México sí ha emprendido el camino de las reformas, la energé­tica, el plan de infraestructura, la reforma de telecomunicacio­nes, pero se tienen que empezar a ver los frutos de eso. En el otro lado de la balanza están los costos no productivos: energía, logística y las comunicacio­nes. Si somos capaces de bajar esos costes, no tendremos que preocuparnos por pagar mejor a nuestros operarios y aumentar el coste salarial de la base ma­nufacturera. Seguiremos siendo competitivos.

Pero si alguno de esos facto­res se desequilibra, es decir, si las reformas no producen frutos y seguimos siendo caros en trans­porte, gas, energía, comunica­ciones, y por otro lado seguimos siendo baratos en salarios, que es el estatus actual, eso no será sostenible en el largo plazo.

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Lo que haga China es capaz de cambiar el mapa global de la manufactura

Lo que está claro es que al no que­darse quieta, China no va a dejarse arrebatar el pastel de la manufactu­ra, va a luchar. Tiene grandes ases en la manga, una infraestructura productiva muy importante y a los mayores maquiladores del mundo, como Foxconn, el conglomerado que manufactura todos los iPhones para Apple. No se va a dejar arrebatar fácilmente el cetro como el centro manufacturero del mundo. ¿Cómo lo va a hacer? Ésa es la cuestión.

 

Frente a eso, ¿cuál es el potencial manufacturero de México?

México es el país de América Latina con el mayor valor agregado bruto de sus exportaciones —exportaba ya el año pasado más de 1,000 mdd al día, y el valor agregado bruto era seis veces superior al de Brasil.

México exporta de todo: produc­tos de alto valor agregado, es el mayor productor de bienes de consumo y electrónica casi del mundo (frente a, por ejemplo, Brasil, cuyas exportacio­nes se sostienen en 80% en sólo seis productos y que además son commo­dities, soya, petróleo, madera).

México tiene mucha fortaleza en exportación. Y puede hacer lo que hizo Brasil, aunque no de la misma manera. Puede aprovechar que tiene un mercado interno muy impor­tante, no para blindarlo, protegerlo o poner trabas a la exportación (veamos dónde acabó Brasil y dónde está México), sino para apostarle al desarrollo del mercado interno.

Pero eso nos lleva a la pregunta anterior: cómo puedo hacer para que mi mercado interno consuma cuando estoy pagando poco a la gente.

 

¿Cuáles son los riesgos de que el poder adquisitivo de los mexicanos sea débil?

El riesgo es que el capital es cobarde, huye de las dificultades. A China, por ejemplo, le pasó hace dos años: comenzó a sufrir sistemáticamente paros de fábrica, reivindicando ma­yores salarios, y éstos se duplicaron o triplicaron en menos de un año. El costo de la mano de obra mexicana ha sido estable en los últimos 10 años y el de China, que empezó de­bajo de la mexicana, lo ha superado ampliamente. Eso le puede pasar a México. Nada nos libra de que haya un movimiento social que encienda o inflame las protestas.

Eso pese a que en China hay un estado que en apariencia controla todo, no hay democracia…

Sin duda, no hay sindicatos, no hay nada.

 

¿Qué decisiones producen en el sector de la manufactura los movimientos fuertes en el tipo de cambio mexicano?

Confluyen dos factores: 1) Entender si este movimiento es coyuntural o si será estructural; es decir, si el dólar se mantiene en torno de los 18 pesos, que es como estaba el euro hace poco, eso va a forzar determinadas decisiones estructurales de inver­sión de mediano plazo. 2) A nivel co­yuntural, las autoridades tienen que actuar, pues no se puede absorber a corto plazo en tu cuenta de explo­tación (estructura de costos) un gap del tipo de cambio tan fuerte.

Entonces habrá un mix de deci­siones cortoplacistas con decisiones más estructurales de largo plazo. Los empresarios antes de hacer una in­versión multianual importante, qui­zá se tomen un respiro para pensar, prever y entender si esta situación será permanente o coyuntural.

Las de largo plazo, supongo, son decisiones de inversión; las de corto, supongo de tesorería…

Decisiones de exportación, gasto corriente, y de costes logísticos y flete, así como definir cuándo es el mejor momento para exportar un determinado bien… algo más parecido a una bolsa de valores, en el sentido de que hay que buscar con precisión el mejor momento para hacer una operación.

Antes, la proveeduría nacional en los productos manufacturados era muy importante, en algunos sectores era de 60 u 80%. Eso está dismi­nuyendo notablemente. Ya no le apostamos al componente nacional, lo cual te dice que también tienes que comprar fuera. Pero, ¿cuándo comprar?, ese es el tema.

El bajío ha captado mucha in­versión automotriz. ¿Qué cambia en una región con relación a la inver­sión manufacturera que recibe?

Veo tres grandes zonas indus­triales en el país. Una es la frontera norte, la cual divido en la parte más manufacturera de la frontera y el corredor Saltillo-Monterrey. Este corredor tiene grandes grupos industriales, industria pesada, la siderurgia… KIA se establece en Monterrey y Toyota en Tijuana.

Otro es el corredor México-Pue­bla, que sigue captando inversión. VW sigue invirtiendo, más las plan­tas de BMW y Audi.

Y luego El Bajío, al que se ha visto como polo de desarrollo para la industria automotriz, aeroespacial y electrónica. Son varias ciuda­des importantes (Guanajuato, Irapuato, León, Celaya, Que­rétaro) y bien distribuidas, con buena infraestructura y salida al Pacífico y al Caribe. Hay clústeres sectoriales, como los automotri­ces, que jalan e integran gobierno, empresas, educación y finanzas. Al parecer, el gradiente de creci­miento de la región es superior al de otras regiones.

La estrategia de crecimiento industrial que ha seguido México, independientemente de la región, aunque quizá más notable en el bajío, da para lo que da y dura para lo que dura. Es decir, el ofrecer terreno prácticamente regalado y dar facilidades para instalarse, disponer de mano de obra razonablemente calificada y mejorar las carrete­ras, eso es la base. Y esto está muy bien porque tracciona y hace que las empresas se establezcan en tu región, pero qué viene después, cómo puede seguir creciendo eso, qué les podemos ofrecer desde un punto de vista país, no región, a las empresas.

Ahí es donde tenemos que meter otros elementos, como la innovación, centros avanzados de diseño. Hay que dar un salto, cualitativo y cuantitativo, para ofrecer a las empresas incentivos y conseguir que se consoliden y hagan que México se convierta en una potencia industrial y un maquilador, como lo fue antes China.

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¿Qué se necesita para una política públi­ca nacional o una local?

Una repartición de funciones. El go­bierno federal tiene responsabilida­des reales sobre los grandes temas, como la seguridad (las empresas están preocupadas por la seguridad de sus activos) y la de mejorar la posición competitiva de México. Los puertos mexicanos, por ejemplo, no tienen capacidad, las aduanas mexi­canas están saturadas, los aeropuer­tos tampoco tienen capacidad, no hay ferrocarril en este país. Todo eso es competencia del gobierno federal.

Pero también la autonomía de los estados les permite desarrollar políticas públicas para favorecer este tipo de cosas, y si además se alían con Conacyt u otras instancias para promover eso, está perfecto.

 

En este diagnóstico, ¿cómo califica desarrollos como el aeronáutico en Querétaro, que tiene una universidad especializada. ¿Son sólo intentos? ¿Falta infraestructura en lo educativo?

Hablábamos hace poco con repre­sentantes del sector automotriz y nos confesaban que hay un gap de talento importante, no tanto a nivel de ingenieros, porque México sí produce ingenieros con la cantidad y calidad suficiente, pero sí en los nive­les técnicos: moldistas, matriceros, pintores, carroceros, gente de oficio, de la línea de producción. Hay cierto temor de que la llegada de nuevos jugadores, como KIA, produzca un movimiento, un robo, de profesio­nales que son los más difíciles de sustituir. Eso no va a pasar en todos los sectores, pero sí en aquellos en donde el oficio técnico es muy im­portante. El déficit es más en el nivel medio, en mano de obra técnica.

 

¿Está la manufactura mexicana suficientemente diversificada o hay una concentración?

La estructura de la manufactura es muy sana, hay un buen balance entre los 21 sectores. Además, las industrias que tiran del sector son industrias con componente técnico y tecnológico, no son industrias extractivas, no estamos rascando la tierra con una pala para obtener hierro. Estamos fabricando alta tecnología en el sector aeroespacial, automotriz, electrónico y bienes de consumo, en el químico; es un mix extremadamente saludable.

Hay reportes que indican que en los últimos 20 años el crecimiento del PIB de México se debe al sector manufacturero. ¿Tiene ese peso?

A mí siempre me admira de México que es un país privilegiado, tiene todo: agua, petróleo, turismo, manufactura, todo… su problema no es no tener. Tiene todo para ser una potencia. Entiendo que sí, la manu­factura ha sido uno de los pilares del PIB mexicano.

 

El gobierno dice que con la reforma energética ya bajaron las tarifas eléc­tricas. ¿Qué repercusiones tiene en el sector manufacturero?

Me gustaría creer que las tarifas energéticas y del gas están bajando realmente, pero yo creo que no.

Grandes consumidores de electri­cidad y de gas, como las cementeras, están pensando seriamente en qué ofrece la reforma energética, las renovables, la eólica, es decir, el panorama sí puede cambiar, pero no ha cambiado.

Mi visión para el próximo año es de consolidación, qué rumbo toman efectivamente las reformas, qué se materializa, si realmente baja el reci­bo de gas o no, si realmente la refor­ma de telecomunicaciones permite disponer de una red más barata, si la inversión en infraestructura que se anuncia en efecto se materializa. Porque mi visión externa es que Mé­xico anuncia con bombo y platillo las reformas como un caballo alazán, y al cabo de poco tiempo acabamos como un burro y que lo que parecía que iba a ser, no es.

Mientras tanto, hay que conso­lidar que las inversiones lleguen y arranquen bien, y en paralelo vamos a ver el resultado real de las reformas.

Me gustaría ver que la indus­tria cementera mexicana sea competitiva porque le han bajado 40% los costos energéticos, o que la industria exportadora no tiene problemas de congestionamiento en las aduanas o en los puertos, o que hay inversión real en carreteras e infraestructura. Hay que verlo.

 

Hay quienes piensan que en infraestruc­tura y logística México está cerca del punto de saturación.

El problema es gravísimo. México no tiene infraestructura ferroviaria, el transporte principal es por carre­tera, por camión, ir de la Ciudad de México a Querétaro es una odisea en cuanto a seguridad carretera para los conductores.

El transporte por carretera no es eficiente comparativamente con el ferrocarril y es muy caro, hay una saturación excesiva de los puntos de entrada y salida de mercancías, tanto de aduanas como de puertos, y hay muy poco tránsito aeroportuario de mercancías.

 

¿Nos falta infraestructura y la que hay es ineficiente?

Correcto. Si miramos los kilómetros de carretera construidos, nos sorprendería ver cuántos estánasfaltados o dónde están las que conectan a las principa­les autovías, que son al mismo tiempo para mo­vimiento de mercancías que para personas.

La misma infraes­tructura está sobresa­turada de transporte de mercancía, por camión, que es muy ineficiente: por camión cargas 24 to­neladas, en tren cargas “n” número de automóviles. ¿Cuántos camiones necesitas para sustituir a un tren de transporte de vehículos? Ni hablemos ya de huella de carbono, contaminación…

Pareciera que en este tema Mé­xico está en una etapa atrás, que no corresponde con lo que se produce al interior de las plantas industriales

Totalmente. Hay un desfase entre lo que México es y lo que podría llegar a ser, de contar con la infraestructura adecuada. No sé exactamen­te cuánto del PIB de México se desti­na a infraestructura, pero los países del sudeste asiático, cuyo PIB se ha dispa­rado en los últimos 10 años, traccionado por la manufactura, han in­vertido en ese periodo más de 10% de su PIB en infraestructura. La me­dia en América Latina no ha pasado de 4.3% en los mejores años.

Hay una relación di­recta entre la inversión en infraestructura, el crecimiento de la ma­nufactura y, por tanto, el crecimiento del PIB.

 

¿Dónde está el punto más crítico?

Para las empresas manufactureras es la saturación en los puestos adua­nales, en la frontera y en la falta de capacitación. Es la queja recurren­te de los clientes. El miedo de las empresas por la inseguridad, es por su mercancía en tránsito o por sus instalaciones.

Por las dos. Estuvimos hablando con un clúster automotriz del bajío y tiene un grupo de trabajo para hablar exclusivamente de seguri­dad patrimonial, conectado con las fuerzas de seguridad que da avisos a sus asociados de incidentes de seguridad, tanto en sus instalacio­nes como en transporte de mercan­cías: robos, asaltos, desapariciones. Entiendo que está en la agenda de todas las compañías.

 

¿Qué repercusiones puede tener la reforma energética en la manufactura?

Tiene que ser clave y el beneficio más importante que puede aportar es si somos capaces de reducir la factura energética para los productos, así como los renovables y demás. En la cadena de valor, desde la generación hasta la distribución de la energía, hay muchos drivers que se reflejan en la factura que paga el empresario.

¿Qué puede hacer el gobierno?: Desde fomentar la inversión en renovables hasta aumentar los oleoductos para transportar gas, hay tal cantidad de variables que es aventu­rado decir sobre cuál hay que actuar, pero el beneficio que la manufactura mexicana tiene que llevarse de la reforma energética es muy sencillo: pagar menos por la energía.

 

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