Por Lucía Pérez Moreno

En la base aérea de Santa Lucia, la construcción del nuevo aeropuerto internacional General Felipe Ángeles avanza a todo correr y ni el sorpresivo hallazgo de restos de mamut han frenado el desmonte.

“Es un enorme reto el que tenemos por el tiempo tan reducido, pero tengan la certeza de que vamos a terminar”, afirma el teniente coronel e ingeniero constructor Rodolfo Paz Sánchez, responsable de la construcción del edificio terminal.

A un mes de iniciada la obra, Forbes visitó el emplazamiento del nuevo aeropuerto y constató que el desmonte y despalme de casi todo el terreno de más de 2,000 hectáreas ha terminado y que las excavaciones para instalar los cimientos de la torre de control y las  pistas de aterrizaje van a toda marcha.

El nuevo aeropuerto será inaugurado el 21 de marzo del 2022, pero la obras tienen que concluir seis meses antes, para dar pie a las pruebas de navegación. Las únicas zonas que permanecen intactas son las viviendas de los militares, que serán demolidas y reconstruidas al sur de la base número uno, solo hacia el final de la obra. “Es la parte menos complicada, porque hemos construido miles de viviendas en México”, dice Paz Sánchez.

El teniente coronel Rodolfo Paz Sánchez es el responsable de la construcción del edificio terminal.

El aeropuerto General Felipe Angeles está llamado a ser la mayor puerta de entrada no solo de la Ciudad de México, sino del país; entre sus prioridades está desahogar el tráfico aéreo del Aeropuerto de la Ciudad de México que ya está saturado en 30%. “Vamos a construir un aeropuerto de clase mundial, con un sistema avanzado de navegación”, asegura Paz Sánchez.

Santa Lucía tendrá tres pistas de aterrizaje: dos civiles y una militar que se convertirán en las más largas del país. Hoy el récord lo tiene la pista del Aeropuerto de Toluca con 4,200 metros, pero las dos de Santa Lucía tendrán 4,500 metros de largo por 45 metros de ancho y podrán soportar naves tan pesadas como el Airbus 380.

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Por la cantidad de operaciones que ahí se van a realizar —de 15 a 20 millones anuales en una primera etapa— Sedena ha decidido reconstruir también la pista militar. “Aquí no va a haber hundimientos porque no hay agua y los cimientos serán muy sólidos”, dice el militar.

Entre cada pista habrá una distancia de 1,600 metros, lo que permitirá conservar el casco de la Hacienda de Santa Lucía y realizar operaciones simultáneas entre las tres pistas. Sedena ha contratado apoyo externo para el diseño de la terminal aérea, la cual estará a cargo del despacho FGP, dirigido por el arquitecto mexicano Francisco González Pulido, quien tiene en su currículum haber construido el aeropuerto de Bangkok y las extensiones de los aeropuertos de Chicago y Munich.

Las excavaciones de lo que serán las pistas demuestran que no habrá problemas de inundación, asegura la Sedena.

El diseño del aeropuerto es uno de los cambios significativos del proyecto, pues originalmente estaría a cargo del constructor José María Rioboo, quien propuso una forma de semiestrella, mientras que el nuevo proyecto de FGP prevé levantar una sola terminal con un diseño que Sedena define como “emblemático, sustentable flexible y contextual”, y que será replicado del otro lado del campo, en una segunda etapa (una construcción espejo).

El Colegio de Ingenieros Militares ha construido en México cientos de vías y edificaciones, entre los cuales se encuentran 18 aeropuertos militares, y aunque nada supera en escala y costo a la del General Felipe Ángeles, no será el único aeropuerto de uso mixto; hay otros 10 aeropuertos militares que conviven con instalaciones civiles y hay incluso dos bases militares que aceptan tráfico civil (Ensenada e Ixtepec).

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El teniente coronel Paz Sánchez aclara que los militares no van a operar el aeropuerto. “Hay quienes creen que van a tener soldados en los mostradores, pero nosotros vamos a contratar a personal civil”, dice, aunque recalca que el resguardo de las instalaciones estará a cargo de la guardia nacional y de los militares.

Respecto a la navegación aérea, un tema que causa polémica debido a que hay quienes no recomiendan tener en el Valle de México varios aeropuertos operando al mismo tiempo, por la orografía, señala que la SEDENA ya tiene garantías firmadas de que sí se puede compartir el espacio aéreo entre los tres aeropuertos que van a conformar la nueva red: Santa Lucia, Toluca y Ciudad de México.

Uno de los trabajos que tuvieron lugar durante el primer mes fue el despalme (eliminación de hierba) de casi todo el terreno de más de 2,000 hectáreas donde se construirá el aeropuerto.

Reconoce que otro gran desafío por delante es la interconexión de Santa Lucía, ubicada a 43 km del Aeropuerto de la Ciudad de México y a casí 100 km del de Toluca. De acuerdo con información proporcionada por la Sedena, el Felipe Angeles se va a conectar a través de un segundo piso que desembocará en el Circuito Exterior Mexiquense y que tendrá una longitud de 4.6 kms, además de modernizar la carretera México-Pachuca.

Desde Toluca se prevé ampliar la vialidad Lechería-Chamapa, la cual se va a conectar también con el circuito mexiquense. En transporte público el plan propuesto es hacer un metrobus que conecte a la Terminal Dos del Aeropuerto de la Ciudad de México y a Santa Lucía.

La Sedena también señala que avanzan las gestiones para desarrollar un tren suburbano que iría de Buenavista hasta la Terminal del AISL.

Una de las sorpresas que trajo esta obra fue el descubrimiento de dos restos de mamuts.  La Sedena tiene un convenio con el INAH que la obliga a detener las obras en caso de encontrar vestigios arqueológicos y es por eso que hoy en el terreno del nuevo aeropuerto no solo trabajan cuadrillas de civiles y militares, sino también de palenontólogos y arqueólogos que tratan de sacar los dos mamuts que, de acuerdo al Teniente Coronel Paz Sánchez, podrían ser uno de los atractivos de la terminal aérea ya que sea construida.

“No habrá afectaciones al patrimonio, pero tampoco vamos a interrumpir la obra”, dice el Teniente Coronel, y recalca que aunque el reto es enorme y el tiempo reducido, una de las primeros lemas que aprenden los ingenieros militares es que “no hay imposibles”.

Actualmente la Sedena tiene trabajando en la base 2,000 civiles y 500 militares, pero de acuerdo con Sánchez Paz, se va a necesitar más mano de obra para cumplir con los tiempos pactados de esta obra, que está a cargo del General Ingeniero Gustavo Vallejo Suárez, ex director de la Escuela Militar de Ingenieros, y autor de varias obras importantes, entre las cuales está su misma alma mater.

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