Por Melanie Amaya* Por más de una década he trabajado con miles de líderes alrededor del mundo y he observado que quienes trabajan en ser mejores personas, desarrollan virtudes que impactan positivamente la efectividad de su liderazgo. He visto clientes que lograron inspirar a sus equipos desde el amor, o que consiguieron comunicarse con asertividad, al conectarse con la compasión y la autenticidad. Trabajar en nuestro desarrollo personal y cultivar nuestra conexión con la dimensión espiritual de la vida, nos lleva a crecer como profesionales y a obtener mejores resultados. Líderes famosos como Martin Luther King, la Madre Teresa de Calcuta, Gandhi, Desmond Tutu, el Dalai Lama o Nelson Mandela, personificaron virtudes que los convirtieron en grandes líderes y a través de las cuales alcanzaron muchas de sus metas. Un gran líder necesita desarrollar virtudes que le permitan ser la mejor versión de sí mismo. Como dijo el Dalai Lama: “El objetivo no es ser mejor que las otras personas, sino ser mejor que la versión previa de ti mismo”.  Algunas de estas virtudes son:
  1. Servicio. La naturaleza del liderazgo es el servicio. Un líder es aquel que ayuda a las personas a conectarse con su potencial para que alcancen sus metas. El liderazgo es una consecuencia de servir a los demás y producir un impacto positivo en sus entornos. Así es como los líderes construyen relaciones de confianza, porque entienden que su trabajo es ayudar a otros a llegar a la cima.
  2. Compasión. La compasión no es sentir lástima. Es ampliar la perspectiva y dejar el juicio a un lado, para comprender a otros y realizar actos bondadosos que los ayuden a superar sus desafíos. Desde la compasión el líder es capaz de mostrar empatía, comunicarse con asertividad y hacer del conflicto y las equivocaciones una fuente de crecimiento para su equipo.
  3. Amor. En la medida en que el líder trata a las personas con amor, genera confianza y se gana la lealtad y la colaboración de su equipo. Cuando el líder ama lo que hace, no solo se automotiva, sino que inspira a otros con su ejemplo, al realizar su trabajo con pasión y compromiso.
  4. Paz mental. Cultivar la paz mental trae claridad. A su vez, la claridad permite tomar decisiones desde una perspectiva amplia y responder de manera efectiva ante las crisis, para producir los resultados que se desean. La paz mental es la que le permite al líder manejar sus emociones y comunicarse con asertividad en momentos de estrés, impactando positivamente la motivación de su equipo.
  5. Resiliencia. La resiliencia es la capacidad para recuperarnos de la adversidad. Un líder continuamente está afrontando dificultades y necesita ser capaz de ponerse de pie y seguir adelante. Un líder que es capaz de asumir las dificultades como oportunidades para crecer, se hace más fuerte y valiente, y puede acompañar a su equipo a llegar lejos y alcanzar metas desafiantes.
  6. El liderazgo no es posible sin confianza. Para que un líder se gane la confianza de su equipo y lo inspire, debe ser auténtico. No confiamos en las personas que andan con una máscara. La autenticidad es el resultado de fortalecer la confianza en nosotros mismos, solo así somos capaces de dejar brillar nuestra luz para que ilumine a otros.
*Cofundadora y CEO de Amayaco. Coach ejecutiva y consultora en liderazgo   Contacto: Correo: [email protected] Twitter: @co-amaya Facebook: co.amaya LinkedIn: in/melanieamaya Blog: amayaco.com/como-ser-un-buen-lider Página web: amayaco.com Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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