Cuando algún familiar o conocido te pida ser su aval para obtener un crédito, inclínate por el no. Negarte a respaldar la deuda de alguien más no es ser “mala onda” con él o ella, sino ser responsable contigo, tu patrimonio e incluso tu familia.

Después de las deudas por tarjetas de crédito, haber sido aval de alguien es la segunda causa por la cual los mexicanos tienen un mal historial crediticio, según una encuesta hecha por ComparaGuru.com y Feebbo.

En mi empresa, constantemente vemos casos en los que una persona no puede sacar una tarjeta de crédito o un préstamo porque le prestó el nombre a algún familiar o conocido, o simplemente porque firmó como su aval y ahora tiene un mal historial. La frustración es mucha: ellos ni siquiera usaron ese dinero y ahora incluso son víctimas del acoso de cobradores.

Además, quedan atrapados entre dos opciones sumamente injustas: pagar la deuda del otro o esperar a que corra el tiempo para que ese caso sea borrado del Buró.

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Aunque no todas las personas incumplen por irresponsables, hay quienes de repente caen en una crisis y les es imposible cumplir; si quieres ser aval de alguien porque confías en él, adelante, pero hazlo consciente de que cualquier cosa puede pasar.

Antes de aceptar esta responsabilidad, considera:

  • Si eres aval, también eres deudor.
  • Como aval, firmas un contrato que te compromete a responder ante la institución financiera en caso de que la persona que pidió el préstamo o crédito no lo pague.
  • Además de que afectarás tu historial crediticio, la institución que emitió el préstamo o crédito puede demandarte.
  • Dependiendo de las condiciones y el tipo de deuda, puedes exponerte incluso al embargo.
  • Tú también puedes demandar al deudor.
  • Solo puedes liberarte de esa responsabilidad si la institución que dio el crédito te libera.

¿Ser aval o no ser aval? Aparentemente no hay mucho dilema.

 

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