A lo largo de su historia, Gojira (o Godzilla, cómo se le conoce por acá) ha cambiado de bando, destruido ciudades, sufrido transformaciones de cuerpo dignas de un reality show de sobrepeso, aterrorizado civiles, provocado pesadillas en militares y salvado al mundo de amenazas externas. El monstruo japonés, creado en 1954 por Ishirō Honda, ha sido de todo y sin medida.

El relato del monstruo gigante también ha sido usado como metáfora para explicar problemas de la humanidad y su más reciente aparición sigue esa línea. Si en 1954 era un símbolo del miedo a la guerra nuclear, en pleno 2017 las cosas no parecen haber cambiado mucho. La fórmula podría sonar repetitiva a estas alturas del partido, sin embargo Shin Godzilla (2016) logra separarse del grueso de las producciones dedicadas a la criatura aun cuando no rompe del todo con la tradición.

Un terremoto sacude la bahía de Tokio o eso parece. Las autoridades toman cartas en el asunto, preparan protocolos de seguridad y autorizan revisar daños. Es una maniobra normal en este tipo de casos. No obstante, los problemas siguen apareciendo: la amenaza que se cierne sobre los ciudadanos no es un fenómeno natural, sino una criatura que emerge del agua con el deseo de destruir todo a su paso. Es responsabilidad de las autoridades encontrar la manera de resolver la crisis.

Ésa última línea encierra el pequeño (pero sustancial) giro de tuerca en que se sustenta Shin Godzilla. Aquí no serán los militares (elección bastante popular), los civiles o el monstruo mismo el punto central de la película. Ese lugar queda en manos de los políticos y su necesaria/innecesaria burocracia para tomar decisiones. Serán sus interacciones el hilo conductor de la trama y no al revés, sus ojos serán una guía al entramado político que hace funcionar un país.

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El acercamiento elegido por los directores Hideaki Anno (creador de Neon Genesis Evangelion) y Shinji Higuchi (Attack Of The Titan) sustrae así la acción de la devastada Tokio, para centrar al interior de oficinas y pasillos, donde hombres y mujeres se debaten sobre las medidas correctas para enfrentar lo desconocido. La idea recuerda la manera en que Aaron Sorkin estructura y desarrolla sus guiones. Una simple decisión debe recorrer toda la escalera de mando antes de ser aceptada y, después, recorrer el mismo camino de regreso para ser ejecutada.

Los realizadores aprovechan ese absurdo (casi realista) para generar humor. El rápido montaje transforma una situación bastante cotidiana (en cualquier dependencia de gobierno mexicana) en algo ridículo. El Primer Ministro japonés no puede tomar una decisión rápida porque respeta la ley, texto que nunca contempló la llegada de una criatura de excepcional existencia. La idea es crear un frente unido de burócratas donde todos trabajan para acabar con la amenaza, hay actores protagonistas pero estos funcionan más como parte del ensamble. Una diferencia radical al Godzilla de Gareth Edwards estrenado en el 2014, enfocado en los efectos que tenía la aparición de la lagartija gigante en la vida de una familia.

La idea se refuerza con diversos elementos que hacen referencia a lo ocurrido en la planta nuclear de Fukushima unos años atrás, donde la lenta acción de las autoridades provocó una tragedia más grande. Los burócratas retratados aparecen como seres humanos y, como tales, están llenos de fallas y expectativas sobre su trabajo. Una mala decisión puede terminar con la vida de millones de personas; una buena y oportuna, podría significar un salvar la economía de la isla. Imaginen Into The Loop (2009), aunque sin el humor físico.

Asimismo, es notorio el bagaje visual con el que cuentan los directores de la película. Los encuadres se componen como si fueran viñetas de un anime (primerísimos planos en momentos de crisis, por ejemplo) y Godzilla conserva su apariencia de botarga con movimiento limitado a pesar de ser diseñado en el corazón de una computadora.

Shin Godzilla se convierte así en un interesante punto de regreso al inicio. Una demostración de que a poco más de 60 años de llegar a nuestras vidas la franquicia tiene muchos lugares, estilos y temas por explorar. Larga vida al Rey de los Monstruos.

 

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