Muchos se precian de ser los visionarios que anticiparon el colapso financiero de 2007, sin embargo hay sólida evidencia que los contradice. 

 

Por John Tamny

 

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Desde el 12 de junio de 2006, y muchas veces después de eso, apunté en diversos medios que la burbuja financiera era una señal económica muy negativa. En un texto de 2006 dije que el auge de la vivienda de la era Bush hizo de la economía durante su presidencia algo muy similar a la de Jimmy Carter.

En un artículo de opinión de finales de octubre de 2007 escribí:

“Por último, hay que recordar que la mejor década de la vivienda como activo se produjo durante el malestar inflacionario de la mitad de los años 1970. Con el dólar en caída libre, la vivienda sirvió como una cobertura clásica para inversionistas sofisticados deseosos de proteger su riqueza en medio de la caída de la moneda. Que los bienes raíces se convirtieran en el activo de la elección del nuevo milenio no fue tanto una señal de una economía vibrante como, de manera más realista, el resultado de la renovada debilidad del dólar que una vez más despertó la aversión al riesgo de los estadounidenses.”

Pero ¿predije la “crisis financiera”? No, por mucho. Mi predicción fue de economía básica. La vivienda no es inversión, sino consumo. Comprar una casa no es sumar a la base de capital para mejorar la productividad, frente a las innovaciones de software, la cura del cáncer y enfermedades del corazón y las innovaciones en transporte, la vivienda es sólo repositorio de riqueza cuyos problemas de inversión sirven para advertir la existencia de problemas económicos. No predije una crisis, pero comprendí, al igual que cualquiera que haya leído a Adam Smith y a John Stuart Mill (por nombrar a dos pensadores clásicos) que el auge de la vivienda marcó una débil economía hambrienta de inversión.

El administrador de fondos de riesgo, John Paulson, creó un fondo de 147 millones dólares para asegurar hipotecas y títulos hipotecarios que presintió que finalmente quebrarían. Paulson terminó haciendo miles de millones de esas operaciones, ¿pero predijo la crisis financiera? Ni de cerca.

De hecho, volviendo a la verdad innegable de que las hipotecas, construcción y compra de vivienda representan consumo, Paulson simplemente previó una corrección del mercado muy saludable para la economía. Las señales de consumo masivo en vivienda, derivan con frecuencia en un déficit de capital (cabe destacar que las salidas a bolsa del sector escasearon durante el boom inmobiliario de Bush) para las empresas deseosas de obtener financiamiento para la adquisición de capital humano y físico para poder crecer. Así, el enriquecimiento de Paulson no fue la causa de una crisis, pero sí vio una señal muy valiosa en los mercados.

¿Qué pasa con esas personas que todos conocemos y que nos dijeron entre 2007 y 2008 que la vivienda se dirigía a un colapso. ¿Predijeron la crisis? No, no lo hicieron. Que una persona sugiera que un mercado a la baja de bienes de consumo podría causar una crisis significa que esa persona simplemente reescribe teoría económica básica.

Parafraseando a Schumpeter, no hay empresarios sin capital, por lo que cualquier corrección del consumo desenfrenado difícilmente podría haber escrito una crisis. Además, y esto es contrario a la mayoría de la narrativa de los medios de comunicación el día de hoy, para el 2007 y el 2008 la vivienda no había tenido una gran corrección. Como Michael Lewis señaló en The Big Short, para los escépticos hipotecarios que con el tiempo se beneficiaron: “Los precios de las casas ni siquiera tienen que caer, simplemente necesitan detener su aumento a las tasas sin precedentes que tuvieron los últimos años para que un gran número de estadounidenses pueda pagar sus hipotecas” (el énfasis es mío).

Así que una vez que queda claro que una corrección en los mercados hipotecarios y de vivienda no pudo haber causado una crisis financiera, es útil entonces recordar lo que sí lo hizo. Lo que hay que subrayar es que no había nada “financiero” en la crisis.

Dado que no hubo tal, que alguien haya predicho la crisis “financiera” es sin duda un caso increíble de clarividencia, y seguro también predijo la quiebra de Bear Stearns, o alguna otra institución financiera semejante. Habiendo predicho eso, ese mismo individuo con una línea directa al futuro tendría que prever un plan de rescate para Bear, o alguna institución en la misma situación. Después de eso, de haber visto la crisis en su bola de cristal, este visionario habría señalado que habría un rescate para los mercados y, en medio del pánico, se permitiría la quiebra de una institución financiera aún mayor (Lehman Brothers).

Dicho en términos simples, Lehman sólo hizo que los mercados se convulsionaran a medida que se sorprendían por el permiso que obtuvo para quebrar. Los inversionistas lógicamente entran en pánico cuando la información es opaca, y como tal, Lehman fue sólo una crisis para los inversionistas que carecían de una comprensión clara de las desventuradas políticas de la administración Bush hacia el fracaso de la institución financiera. El declive de Lehman no pudo haber causado por sí solo una crisis dado que el sistema capitalista se nutre de la falla constante a su interior, la cual libera los activos y el capital humano mal administrados para que pase a mejores manos. Si alguien duda de esto, sólo tiene que visitar Silicon Valley. Una visita al valle les mostrará que la feliz realidad de que el polo de tecnología más importante del mundo se nutre precisamente de que el fracaso es la norma que nutre a la economía y la innovación. Los bancos no son distintos, y el sistema sólo se debilita cuando no se permiten fallas.

A partir de ahí , este multimillonario (sólo un millonario podría poseer tal poder de previsión) tendría que haber sentido meses antes de que ocurriera, que la administración Bush no sólo omitiría rescates que eran totalmente innecesarios (si Japón pudo revivir rápidamente después de sufrir la caída de dos bombas atómicas, la economía de Estados Unidos sin duda podría haber manejado el fracaso de Citigroup sin un colapso del sistema financiero ni la llegada de “la Madre de todas las Grandes Depresiones”, como la calificó Bernanke), pero eso sería tan obtuso como prohibir también las ventas cortas. Para ser franco, si se desea agregar gasolina al fuego de una crisis financiera, prohíbanse los vendedores cortos, cuyo escepticismo dota de valiosas señales de precios a un mercado despojado de ellas, y quienes por ser vendedores en corto llevan a un mercado el poder adquisitivo que tan desesperadamente necesita y que con el tiempo pondrá un piso bajo el colapso del mercado. Pero cuando más se necesitaban los vendedores en corto, la administración Bush prohibió la información sobre precios y el poder adquisitivo que ofrecían en abundancia sólo para llevar un pánico aún mayor al mercado.

Y después de haber predicho una serie de errores anticapitalistas, el vidente de la crisis habría tenido que entender las muy negativas implicaciones para las finanzas que resultarían de toda esta intervención. Mientras que el libre mercado aplastó la planificación central en el siglo XX, el visionario tendría que saber que los llamados de una regulación masiva de la economía subiría rápidamente en la lista de prioridades gubernamentales, asustando a los mercados aún más, por no hablar de esos mismos gobiernos haciendo todo lo posible para mitigar las correcciones de mercado positivas que reactivarían rápidamente la economía global.

Para ser muy claros, la “crisis” financiera no tuvo nada que ver con las correcciones del mercado que hablan de una economía capitalista saludable reparándose a sí misma. La “crisis” fue enteramente una creación de los gobiernos —la administración Bush sobre todo— que alejaron a la economía a gran velocidad de los arreglos capitalistas que habrían corregido los rebotes de los errores anteriores. Y como nadie predijo los diversos errores impuestos a la economía mundial por los gobiernos, es una verdad tautológica que aquellos que dicen haber predicho la “crisis financiera” están mintiendo de una manera muy desagradable.

A pesar de ello, los expertos del auto engrandecimiento siguen afirmando que vieron venir todo esto. Recientemente en el diario Los Angeles Times, Eric Weiner, editor en jefe del Institute for New Economic Thinking cómicamente afirmó que “algunas personas previeron el desastre. Yo fui una de ellas”. No, señor Weiner, no lo hizo.

El editorial de Weiner de julio de 2007 sostenía que las fusiones corporativas fueron el motor del repunte del Dow Jones, y posteriormente darían lugar a cosas feas. Ok, si usted le cree a Weiner entonces es probable que crea que el símbolo de Wall Street podría mantener fácilmente a los mercados en constante dinamismo en virtud de su participación en un montón de fusiones y adquisiciones. Si tan sólo las finanzas fueran tan fáciles como los no financieros como Weiner presumen. Las fusiones y adquisiciones (M&A, por sus siglas en inglés) implican una gran cantidad de deuda, y si los inversionistas no compran dentro de la economía subyacente de las fusiones, el mercado estaría bastante silencioso.

Para ser justos con Weiner, concluyó su texto de 2007 un “si la historia sirve de guía, esta fiesta podría ponerse fea”. Sí, seguramente se puso feo, pero no por las razones que expuso. La burbuja hipotecaria ni siquiera mereció una mención en su editorial que supuestamente “predijo” la crisis, y entonces ciertamente no previó las intervenciones que convirtieron lo que habría sido una corrección saludable en algo mucho peor.

Nouriel Roubini ha hecho una célebre carrera tras haber presuntamente previsto la carnicería, y aunque no predijo la errónea intervención que convulsionó a los mercados, al menos en este caso se puede decir que acertó uniendo los puntos entre la salud del sector vivienda y la eventual “crisis”. La problemática de Roubini es que en su caso puso a Smith y Mill de cabeza. En la ilógica económica de Roubini, una eventual moderación de la vivienda o su colapso por sí solos habrían generado el colapso de la economía y el sistema financiero.

No, no lo habrían hecho. Una vez más, el problema de la economía al principio de la década de 2000 era que los aspectos productivos y de capital del sector padecían un déficit de capital en manos de un mercado de vivienda en auge. Cuando el consumo pulveriza los ahorros siempre genera una economía negativa, y su conductor fue la política de dólar barato de la administración Bush que fomentó una carrera que colapsó los sectores de la riqueza menos vulnerables a la devaluación del dólar. La carrera fue global, dada la simple verdad de que la devaluación en EU es casi siempre un evento mundial.

Roubini predijo un choque económico basado en la moderación del consumo de la vivienda, y al hacerlo, se perdió el verdadero incendio forestal económico, que era la burbuja de vivienda. La corrección de esto nunca podría haber causado la “crisis” que ha sido y está siendo mal llamada “financiera”. Por otra parte, si Roubini realmente entendió o predijo algo, habría dicho que si la vivienda estaba a punto de colapsar, ello sería bueno para la economía, y para asegurar la recuperación rápida de las instituciones financieras y las empresas más expuestas al sector se debe permitir que puedan ser adquiridas por ejecutivos y empresarios que posean una mejor comprensión de cómo utilizar el capital que se les confía.

Roubini no hizo tal cosa. En cambio, notablemente pidió un paquete de estímulo de triplicar el tamaño del que el presidente Obama y el Congreso impusieron a la economía, y más tarde le dijo al Wall Street Journal que los bancos estadounidenses deberían ser nacionalizados lo cual, en caso de habers aplicado, habría agravado el problema.

La afirmación general de Roubini varios años atrás era que si los gobiernos “quitaban el estímulo monetario y fiscal demasiado pronto —cuando la demanda privada sigue siendo débil— se corre el riesgo de volver a caer en la recesión y la deflación. “Pocas veces una simple parte de una oración ha estado tan llena de falsedades y malentendidos.”

 

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