Japón está ubicado en la intercepción de cuatro de las 10 principales placas tectónicas del mundo y está muy acostumbrado a las sacudidas constantes de la tierra. Desde 1945, el archipiélago ha sufrido 13 grandes sismos, de los cuales dos han sido devastadores: Kobe (1995) y Costa Oriental del Pacífico (2011). A pesar de su poderío económico y tecnológico, Japón cometió errores de coordinación y planeación que costaron, en 2011, más de 22,000 vidas y recursos económicos incuantificables.

Apenas cuatro años después del temblor, que estuvo acompañado de un tsunami, el país fue anfitrión de  la Tercera Cumbre Mundial de Desastres Naturales, en Sendai, la urbe más devastada, donde introdujo el concepto de “Reconstruir mejor”.

De acuerdo con el especialista de Naciones Unidas en desastres naturales, Ricardo Zapata, esto engloba las buenas prácticas que deben estar presentes en cada desastre natural: tener una línea de mando clara, fuerte institucionalidad (reglas y reglamentos también claros), recursos para cada etapa del desastre y evaluación de desastres.

Hosokawa Yukinari, director del grupo de Reducción de Riesgos de Desastres de la Agencia de CooperaciónInternacional de Japón (JICA,  por sus siglas en inglés), vino a México luego del sismo, para reunirse
con funcionarios de Protección Civil y académicos, y hablar de la agenda de Sendai, así como compartir la
experiencia de Japón para levantarse tras el desastre de 2011.

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Su propósito fue mostrar la importancia de “Reconstruir mejor”, un concepto fundamental de los acuerdos de la Conferencia Mundial de Sendai (2015), que se refiere a reducir los riesgos de desastre y construir una sociedad más fuerte, con medidas como la restauración de la infraestructura física y la reactivación de la economía y de la
vida cultural. A continuación, una versión editada de la entrevista.

¿Qué aprendió Japón de los dos últimos terremotos?
La catástrofe de Kobe, en 1995, fue la primera después de la II Guerra Mundial y, por entonces, las regiones no tenían mecanismos de cooperación. Hubo muchos incendios y los bomberos locales estaban rebasados, pero no pudieron recibir apoyo de otras regiones porque no había acuerdos previos entre los gobiernos locales. Eso aumentó el número de muertos, por lo que, desde entonces, todas las regiones cuentan con acuerdos para ayudarse en caso de desastres.

A partir de Kobe, se aprobó una ley de recuperación de desastres que no sólo busca levantar las zonas afectadas, sino ayudar a los damnificados con apoyos que pueden llegar hasta los 3 millones de yenes (unos 25,000 dólares). Japón también modificó la ley básica de medidas de control de desastres para delimitar la responsabilidad del gobierno y explicar el alcance del trabajo de voluntariado. Después de Kobe, se creó una entidad que coordina y organiza los trabajos de los voluntarios.

¿Qué tan rígidas son las regulaciones para la construcción?
Después de cada temblor éstas se modifican, y el gobierno busca convencer a los dueños de los edificios que no cumplen con las nuevas normativas, de hacer los cambios necesarios. Lo hace a través de subsidios que no son significativos, pero sirven de estímulo. En 1995, el 11% de los edificios en Kobe se colapsó y, en 2011, aun cuando el área dañada fue mayor, no se cayó un sólo edificio. El problema fue el Tsunami.

¿Cuáles son los cambios regulatorios más importantes que ha hecho Japón?
Después de 2011, Japón creó una agencia especial de reconstrucción para facilitar la comunicación, porque
las catástrofes son multisectoriales y la mejor manera de agilizar los proyectos de reconstrucción es con un comité que gestione los apoyos y haga los trámites, que pueden ser muy pesados.

¿Tienen un “Fonden”?
No hay fondos específicos con fines particulares de ayuda a los afectados. Es el Ministerio de Finanzas el que
aporta los recursos para cada proyecto.

En Japón, ¿qué tanto participa el sector asegurador en la reconstrucción?
No tenemos una cultura aseguradora. Al igual que acá, el sector privado opera bajo su propio riesgo.

¿Qué proyectos importantes tiene Japón en la gestión de desastres?
Un modelo de simulación que nos permite ver cómo sería un desastre de gran escala, de los que sólo suceden cada 1,000 años, y tiene dos versiones: con tsunami y sin tsunami. Este tipo de simuladores sirve para reducir las pérdidas humanas y económicas.

 

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