Comienza (factualmente) la cuenta regresiva de Nicolás Maduro, que estará enfocada a un objetivo claro: dejarlo sin dinero. Es bien sabido que en cualquier contexto —ya sea uno macroeconómico o en la vida diaria de cualquier ciudadano— es una buena estrategia para generar presión. La ausencia de recursos despierta los instintos de supervivencia.

Serán una suerte de eventos conectados, donde uno conllevará el siguiente (el famoso ‘efecto dominó’, ese pasatiempo común que comparten los costeros caribeños, desde las playas de Maiquetía hasta las de Veracruz):

  1. Con las sanciones impuestas por Estados Unidos congelando las negociaciones de acciones y futuros de los bonos de PDVSA en la bolsa de Nueva York, para dejar fuera de la ecuación a los ‘fondos buitre’, los petroleros del norte (en su mayoría republicanos de Texas) con intereses y relaciones comerciales con Venezuela —Chevron por ejemplo— pierden una forma de enviar el dinero de sus compras a Caracas. Ésta representa aproximadamente 25% del capital que sostiene al régimen.
  2. La apuesta política es más amplia: con el reconocimiento a Juan Guaidó como Presidente interino, la Unión Europea, Inglaterra y Estados Unidos congelan el envío de dividendos por relaciones comerciales (en el caso de EU incluso han declarado que será entregado al nuevo poder de transición. Hasta la fecha se calcula que 11 billones de dólares están congelados, y contando).
  3. Como respuesta, PDVSA comienza a dejar los envíos de petróleo crudo cargados en los puertos del país, mientras no se haga un prepago de ellos. Pero la presión que están haciendo los bancos centrales para evitar que la industria mueva este dinero cada vez es mayor.
  4. Con la mitad de los ingresos sin poder entrar al país, Maduro deja de tener el capital para pagar las incrementales deudas que tiene el país con Rusia y China. Por supuesto serán los moscovitas los primeros en hacer su labor de acreedores.
  5. Ante la agobiante situación, los países siguen insistiendo en la entrada de ayuda humanitaria al país. Maduro sigue en negación mientras culpa a los pueblos ‘imperialistas’ de una conspiración a su país y su sistema de valores.
  6. Las tropas de Rusia comienzan a llegar a Venezuela (diversas fuentes hablan de 400 hombres de fuerzas especiales llegando hace una semana a trabajar con los 6,000 generales del régimen).
  7. Las tropas de Estados Unidos comienzan a dejar las ayudas humanitarias en ‘las narices’ del país, específicamente en la frontera con Colombia (que vive la migración más fuerte que está sucediendo a nivel mundial hoy mismo), mientras las tropas de este país se instalan en Colombia, un territorio que esencialmente ha sido “Pro Estados Unidos”.

Y el momento está llegando: mientras Nicolás Maduro se ahoga en el petróleo que no puede vender (porque al final la OPEC sigue las reglas de distribución más allá de las necesidades de sus miembros), el pueblo y las fuerzas políticas internacionales se aferran (nos aferramos fervientemente) a la posibilidad de que la invitación a elegir una isla para irse, hecha por Trump y la misma oposición, sea aceptada.

Sin embargo hay que estar preparados para las semanas que vienen, porque serán las más difíciles. El régimen se va a encargar de que el pueblo sea el que más sufra la asfixia que van a vivir en sus desocupadas cuentas bancarias, mientras la encuesta Gallup demuestra que 80% de los venezolanos están desesperados por Nicolás, Tibisay, Diosdado, Vladimir; todos los que desde el ‘primer anillo’ de Chávez-Maduro han perpetuado (y se han enriquecido) con la llegada de Venezuela.

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Con la posibilidad de la confrontación militar a la vuelta de la esquina, y un pueblo que tiene hambre (literalmente), el impacto de la situación pasará a las páginas de la historia contemporánea de la humanidad. ¡Paciencia Venezuela!

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Y pensando con esperanza, se comienzan a barajar las posibilidades de lo que puede pasar cuando comience la transición. Para el Fondo Monetario Internacional y centros educativos como Chicago Booth, Oxford y Harvard, la solución no tiene vuelta atrás: desde la guerra de Crimea en la segunda mitad del siglo 19 no ha existido un país que literalmente esté ilíquido en todas sus formas. En esa época todo se resolvía con la invasión de un país a otro.

Para el caso Venezolano se recomiendan medidas drásticas, como ser el primer país 100% controlado por capital privado. Lo novedoso de la propuesta trae consigo todo tipo de sugerencias y conspiraciones, como si llegaran los lobos a la caza de los siervos; los gobiernos con intereses, a través de sus grandes petroleras, a llevarse ese mar que sigue ahogando a Maduro día a tras día. Ya hay gente pensando en esto, grandes pensadores tienen este tema en su agenda programática ya mismo. La urgencia es otra.

En la colonia Jardims (Sao Paulo) existe una esquina donde usted puede tomar en dirección hacia “la izquierda” de Venezuela o “la derecha” Estados Unidos, la apuesta global ya fue hecha y el camino se ha tomado. Porque es difícil tener la conciencia tranquila cuando se sabe el nivel de hambre y miedo que sienten más de 20 millones de personas, más la ansiedad de todos los que están afuera viendo y sufriendo lo que viven los suyos.

Por supuesto habrá intereses económicos (con ganadores y perdedores) detrás de cualquier escenario que suceda de esta cadena de hechos. Ojala Maduro este muy lejos, ya en una isla y no en el mar ennegrecido, mientras los venezolanos toman de vuelta su país, un proceso que según varios centros de investigación económica tomara entre tres y cuatro generaciones. Todo es mejor que la situación actual. El nuevo capítulo de esta historia está a la vuelta de la esquina.

Luis Carlos Chacón es consultor global de negocios; enfocado en consumo masivo, estrategia competitiva, innovación y prospectiva.

 

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