Roberto Hernández Ramírez es un gran promotor de los negocios, uno de los más importantes, es un estratega muy disciplinado, dice Alfredo Harp Helú, alguien que lo conoce desde hace 45 años y quien resulta ser su mejor amigo y socio. “Era mucho más agresivo que yo para visitar clientes y concretar negocios. Nuestras operacio­nes se las debemos a su agresividad y a una mayor prudencia de mi parte”, explica.

Roberto Hernández Ramírez es hoy un filántropo y participa en va­rias actividades de asistencia social, cultural, educativa y de conserva­ción de la naturaleza. Su habilidad por los números y su pasión por los negocios es innegable. Actualmente, es presidente honorario del Consejo de Administración de Banamex, consejero de Grupo Televisa y miembro del Consejo Mexicano de Negocios. Hace unos días, recibió el Reconocimiento a la Excelencia Empresarial Forbes México 2016.

Roberto Hernández Ramírez no encabeza nin­guna empresa en este momento, pero participa con 90% de su capital en varias.

“Soy un inversionista pasivo y sigo participando en la economía del país, por lo que el ser inversionista de portafolios signi­fica una muy buena solución para diversificar mis riesgos y partici­par en empresas disruptivas que vienen a cambiar las cosas y por las que hay que estar muy pendientes, ya que te obligan a mantenerte informado y estar participando”, dice Roberto Hernández Ramírez, en entrevista exclusiva.

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Licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Ibe­roamericana, en 1971 fue cofundador junto con Alfredo Harp de Accio­nes y Valores de México (Accival), donde ocupó el cargo de presidente del Consejo de Accival, hasta 2003.

También, fue presidente de la BMV y en 1991, junto con los principales socios de Accival adquirió Banamex, lo que dio vida al Grupo Financiero Banamex. En 2001, Banamex fue ad­quirido por Citigroup, el mayor gru­po financiero del mundo, en lo que significó la transacción más grande entre México y Estados Unidos.

Por otro lado, diversos reportes de prensa sostienen que Roberto Hernández capitalizó lo que algunos calificaron como “el rescate banca­rio”, a través del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa); mientras que otras versiones perio­dísticas hablan de sus “estrechas” relaciones con políticos encumbra­dos, como Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa.

“Creo que no tengo que defenderme de lo que hicimos, pero hay algo muy importante: nosotros tratamos de crear un campeón mexicano de las finanzas no solamente en México sino en América Latina, y lo tuvimos. Cuando quisimos comprar Bancomer, el gobierno se opuso en todas las formas y nosotros en ese momento veíamos que el mundo estaba cambiando muy rápido en el sector financiero”, dice Hernández Ramírez.

El empresario pensaba que o se globalizaban  o el mundo los iba a aplastar y, cuando vieron que no había la actitud en el gobierno para hacer esto, Alfredo Harp desde hace tiempo le insistía en que se dedicaran a hacer la otra parte de repartir las fundaciones, que lo hacían mucho en el banco, pero el banco lo hacía más a través de los fomentos de los cuales Alfredo y él eran los principales aportantes.

“Fue ahí donde empeza­mos a decir, ´si no hay las condicio­nes del gobierno y ellos prefieren que sean extranjeros los que vengan, nosotros necesitamos globalizarnos´. Esa era nuestra opción”, recuerda Ramírez.

El negocio financiero, continúa el empresario, se está yendo para otro lado. Hoy, la inversión en bancos no es la opción más renta­ble. Lo vemos en Europa, Estados Unidos, donde los bancos han estado sufriendo muchísimo y han surgido nuevos líderes en los mercados, y yo te diría que hay mucho talento moviéndose del sector bancario clásico a los fondos.

“Hoy, creo que los hedge funds están acumulando mucho del talento de los bancos. Ya volveremos a hablar de esto dentro de 10 años. Hay gobiernos que están tratando de que la banca sea como si fuera una compañía de luz, muy regulada y con muchos candados. Así, ¿de qué van a vivir los bancos?”, dice Ramírez.

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Foto: Fernando Luna Arce. 

Roberto ve el bosque

2016, en la Amazonia, en la vasta región de la parte central y septen­trional de América del Sur, andaban de excursión dos mexicanos. Daniel y Roberto. La selva, literalmente, los devoró. Un ejército de garrapatas hizo de las suyas. Ambos regresaron a México con varios recuerdos en todo el cuerpo. “Sí tenemos muchas reuniones, juntas, pero cuando estamos en el campo creo que es cuando las vivimos mejor”, cuenta Daniel Servitje.

El presidente y director general de Grupo Bimbo conoce a Roberto Hernández de mucho tiempo atrás. La relación entre sus familias es extraordinaria. Daniel es parte del Consejo de Administración de Bana­mex y, con el tiempo, han construido una estrecha amistad.

“Roberto es un referente en el ámbito financiero, tiene un enten­dimiento muy claro del entorno económico y lo que le reconozco es que sabe tomar distancia de la operación”, sostiene Daniel Servitje Montull. “Roberto ve el bosque y tal vez yo soy más canchero. Esa visión amplia y redonda de los temas es algo que le valoro mucho”.

La visión de negocios de Roberto Hernández es que hay que estar siempre preparados con aná­lisis y avanzar un poco antes de que lleguen las oportunidades. “También es muy importante la suerte, el timing de estar en el momento adecuado en el lugar adecuado y después materializar esas ideas; que haya gente que las entienda y apoye, y que se pongan a trabajar juntos”, explica.

Olfato. Sagacidad para descubrir o entender lo encubierto, lo que nadie más ve. Eso es lo que surge después de leer algunos episodios que for­man parte del historial de Roberto Hernández Ramírez. Destaca uno: la colocación de Aurrerá en la Bolsa Mexicana de Valores, cuando no ha­bía alguien que lo considerara viable. La devaluación de 1976 animaba a los críticos a insistir en que la colo­cación era todo lo contrario a una ju­gada maestra. Visto en retrospectiva, la colocación de Aurrerá significó un parteaguas en el mercado de valores y abrió paso a la institucionalización de otras empresas. Así, Roberto Her­nández, junto con sus socios –entre ellos Alfredo Harp– ingresaron a las grandes ligas y su historial empresa­rial registró un punto de inflexión.

Cuando se le cuestión al empresario cuales son las cosas de las que se arrepiente, ataja y comenta que sí hay muchas: “pero ya las tengo guardadas”.

“Hay muchas cosas relacionadas con la familia… Cuando uno se dedi­ca intensamente a los negocios, tiene que escoger el tiempo y entonces se empieza a desatender lo funda­mental. Por ejemplo, en la crisis de 1982 me iba a mi casa en las tardes para que mis hijas me conocieran y pudiera estar más tiempo con ellas. Pero uno tiene que estar muy pen­diente de que una cosa no opaca a la otra y llegar a un equilibrio”, comparte Roberto Hernández Ramírez.

Ahora, buena parte de sus días los dedica a estar con su familia, a disfrutar a sus tres hijas y nueve nietos. Lee también, sobre todo libros de histo­ria, arte y cultura. A veces, gusta del birdwatching. Es un gran bebedor de vinos y, cuando alguno seduce su paladar y olfato, lo califica como “un vino honesto”. ¿Honesto? Para él, aquel vino que ofrece una buena relación entre precio y calidad, es “un vino honesto”. Primer mensaje entre líneas: Roberto Hernández no concibe cómo es que grandes vinos cuestan lo que cuestan. Segun­do mensaje entre líneas: no está dispuesto a pagar una fortuna por alguno de ellos.

“Es muy difícil decirlo en muy pocas palabras, pero Roberto es mi socio de toda la vida”, dice Alfredo Harp. “Con él hice mis grandes operaciones empresariales y nunca tuvimos la diferencia de decir un sí o un no. Siempre estuvimos de acuerdo”.

 

La visión de hoy

1,700 millones de dólares. A eso asciende, según estimaciones de Forbes México, la fortuna de Rober­to Hernández Ramírez, que lo ubica en la posición 22, de un total de 36, del listado de los “Millonarios de México 2016”.

 

―¿Qué significa aparecer en el listado de los más ricos de la revista Forbes?

―Creo que en el mundo cada día hay más transparencia, pero no deja de ser una agresión a muchísima gente porque ahorita hay esa gran división entre los que tienen más y el crecimiento de los que no lo tie­nen. Por otro lado, esto sonará muy budista, pero uno tiene que saber también cuál es la moderación y lanzar un buen mensaje hacia nuestras familias pues, cuando son más jóvenes, igual les falta madurez para asimilarlo y eso es lo que hay que evitar.

 

―¿Qué necesitamos hacer para combatir la pobreza, para dotar de mayores opor­tunidades a los jóvenes, para repartir la riqueza de manera más equitativa?

―Yo creo que eso es muy trillado. Número uno: necesitamos mejo­rar la educación pues hoy hay una brecha y eso sí nos está separando. También, tenemos que borrar esa brecha digital, el gobierno tiene que asumir y llevar internet a todas partes, es fundamental darle acceso a todos. Ése posiblemente sea el instrumento más importante para combatir la pobreza.

Y el tema de la corrupción, que a quien más afecta es a las perso­nas que viven en la pobreza. Por otro lado, si bien los programas de desarrollo y subsidios del gobierno contribuyen a aliviar la pobreza, debemos ser cuidadosos porque pueden generar incentivos perver­sos. Lo ideal es que sean programas transparentes que los impulsen a salir de la pobreza.

Finalmente, siempre hemos dicho que la UNAM fue la gran escalera social en México, pero hasta eso estamos debilitando. Sería importante que retomara esa fuerza. Necesitamos apoyar más a los jóvenes.

―¿Y el combate a la corrupción?

―Hay que atacar de frente la corrup­ción, la impunidad. Estamos en una situación un poco perturbada para aspirar a tener una visión de media­no o largo plazos. La Ciudad de México se volvió informal hace 15 0 20 años; hay taxis tolerados, vendedores informales que carecen de seguro social y no pa­gan impuestos. Cada día avanza más la economía informal y la gente ya no se preocupa, pero el costo es enorme. Hay corrupción e intereses creados para todo. Ya nadie se preocupa por eso.

 

―¿Qué le hace falta a Roberto Hernández?

―La vida de empresario es una vida de retos. Hay que estar resolvien­do siempre un problema tras otro. Esa es la vida nuestra. La gran diferencia de poder hacerlo en forma más reposada es que uno tiene mucha más perspectiva. Conforme uno va madurando, lo primero que observa es que la vida es muy rápida y, frente a eso, los proyectos empiezas a verlos de más largo plazo y tus preocupacio­nes no son las preocupaciones del día siguiente. Pero básicamente lo que me preocupa y ocupa es lo mismo que me preocupaba y ocu­paba antes: la vida, que se va muy rápido.

 

 

 

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