El miércoles, Banco de México recortó su pronóstico de crecimiento para el país en 2017. Esta es la cuarta vez que lo hace desde su primer cálculo realizado en noviembre de 2015, y ha dejado su rango estimado entre 1.3 y 2.3%, desde el anterior de 1.5 a 2.5%.

Esto significa que, en promedio, Banxico considera que la economía mexicana se va a expandir apenas 1.8% este año, inferior al 2.3% de 2016.

Aunque no es una pésima noticia -pues, aunque poco, seguiremos creciendo todavía-, la realidad es que hay ya una marcada desaceleración, y el panorama se ve agravado por la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. ¿Por qué? Porque imagine que usted es un empresario o ejecutivo estadounidense que planeaba hasta antes de la elección presidencial, invertir en México con fines de exportación a la Unión Americana.

Si del otro lado Trump cumple y le va a ofrecer atractivos estímulos como la reducción de impuestos, desregulación, etc. y al mismo tiempo lo va a castigar con aranceles o un impuesto fronterizo si viene a instalarse en México, pues es muy probable que replantee su plan original de invertir aquí.

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Desde luego, el que haya un menor flujo de capitales productivos significa necesariamente que habrá de igual modo menor crecimiento en el país, como anticipa Banxico.

Debido a lo anterior, es de esperar que muchas inversiones se pospongan hasta ver qué tanto de lo que ha prometido Trump cumple, o de plano, se cancelen de forma definitiva. El caso de Ford y su planta que ya no construirá en San Luis Potosí, es sólo el caso más sonado.

Por si fuera poco, Banxico también espera que para este año la inflación se ubique por encima del límite superior de su meta de 3%, si bien se espera que para el cierre de 2017 retome una tendencia convergente hacia ese objetivo y se ubique cerca de él a finales de 2018.

Así que en 2017 veremos una economía que crece poco, pero donde los precios no dejan de subir, en gran parte, por la debilidad del peso frente al dólar.

Por eso, más que esperar a ver si Trump baja los impuestos allá para después reaccionar aquí -como ha sugerido el secretario de Hacienda, José Antonio Meade-, habría que anticiparse con acciones decididas que sí dependen al 100% del gobierno mexicano, como recortar de verdad el gasto público.

Esto por supuesto en un año electoral tan importante para el partido en el poder, es poco probable que ocurra, pero tendría que hacerse de inmediato. Los supuestos ‘sólidos fundamentos’ de la economía, en realidad seguirán debilitándose hasta el punto del colapso si el derroche gubernamental no se detiene.

Antes de cualquier paso dos, como lo sería bajar impuestos en México detrás de Trump, está ese paso uno obligatorio de bajarle al gasto público. Sin él, cualquier reducción de tasas impositivas o una fortaleza sostenida del peso, seguirán siendo un simple sueño irrealizable.

 

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