Sinaloa empieza a demostrar lo que hace 2 años parecía un sueño: reducir radicalmente la violencia y la delincuencia para convertirse en un estado pacífico.

 

Por Santiago Roel

En dos años, Sinaloa ha logrado reducir el secuestro un 64%, el robo a negocio un 43%, el robo a casa un 39%, el robo a vehículos un 37%, las lesiones dolosas un 23% y los homicidios un 20%.

En secuestro, violación y lesiones dolosas se encuentra entre los 10 estados más seguros de México; en robo a casa es el segundo más seguro, y en extorsión y robo a negocio está a la mitad de la tabla.

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¿Cómo lo ha logrado Sinaloa?

Tiene una clase empresarial que es ejemplo nacional por su compromiso con proyectos sociales; eso no es nuevo –recordemos que Maquío (Manuel Clouthier) era sinaloense–, pero sí es consistente. Es un placer interactuar con el empresariado de Sinaloa.

Tiene un Consejo Ciudadano con amplios poderes y participación. Por ejemplo, el procurador del estado y el titular del Secretariado Ejecutivo salen de una terna que el Consejo Ciudadano propone. Lleva buena relación con el gobierno estatal, pero –a diferencia de otros estados– es una relación entre iguales, no de subordinación.

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Tiene un gobierno que responde a esa participación ciudadana y se abre a evaluaciones públicas. De hecho, el Semáforo de Sinaloa lo paga el gobierno.

Lleva dos años de trabajar con la metodología del Semáforo Delictivo. Cada mes se celebran reuniones de seguimiento, se revisan los resultados y se toman decisiones. A las reuniones asisten ciudadanos, gobierno y medios de comunicación.

No esconden la información ni la minimizan. El Semáforo Delictivo de Sinaloa es más completo que el de otros estados porque incluye delitos como el feminicidio y la violencia familiar; se publica dos semanas antes que los demás.

Entrar a esta metodología no fue nada fácil –ningún gobierno se abre a un proceso así de transparente sin resistencias y dudas–. El Consejo Ciudadano y los empresarios sinaloenses presionaron para seguir el ejemplo de Sonora –que ha trabajado con la metodología del Semáforo desde el 2007–; insistieron durante 3 años, y finalmente lo lograron. De paso, metieron a los 18 municipios del estado en la dinámica. Todas las autoridades se evalúan con el Semáforo Delictivo y toman decisiones no para presumir acciones, sino para lograr resultados.

Las reuniones son de lo más sencillo; no hay manteles largos ni salones rentados. Muchas veces se proyecta sobre una pared. Son muy modestas, pero tienen lo esencial: la voluntad de los participantes, la información veraz y el escepticismo de todos. Nadie presume resultados ni esconde problemas. ¡Ah!, y son convocadas y presididas por el Consejo Ciudadano.

2No todo es Jauja, pues Sinaloa sigue siendo el segundo estado con más homicidios en México, pero han bajado del doble-rojo al rojo, y quizá pueda irse acercando al amarillo el próximo año.

El homicidio es un fenómeno extraño, porque Culiacán concentra el 54% de los mismos, pero no se percibe como una ciudad en guerra o violenta. No hay colgados en los puentes ni balaceras en los restaurantes o centros comerciales; es más bien un fenómeno de ciertos barrios conflictivos y del narcomenudeo.

Mazatlán y Los Mochis tienen una tasa de homicidios muy cercana a la media nacional. Quizá por ello Mazatlán ha revivido como centro turístico nacional e internacional.

3Gran parte de los homicidios en Sinaloa tienen el mismo origen: el mercado negro de las drogas (el 65% son ejecuciones).

 

¿Qué quiere decir esto?

Que, al igual que su vecino, Sonora –un estado sumamente seguro–, Sinaloa batalla para reducir un problema que no tiene origen en el estado sino en la política equivocada de drogas de México. Sin ese mercado negro, Sinaloa pasaría de una tasa de 33 homicidios por cada 100,000 habitantes a una de 11, muy por debajo de la actual tasa de México. Ésta es una tragedia, una política fallida de todo México que afecta la paz de todos los estados, incluyendo al DF.

4Este año, todos los delitos policiales han tenido una reducción importante, y ya empiezan a aflorar los delitos sociofamiliares, como la violencia familiar o las violaciones entre parientes y conocidos –algo similar a lo que sucedió en Sonora o Nuevo León, una vez que bajaron los delitos de alto impacto–. Por ello, la estrategia en Sinaloa está a punto de dar un giro de lo policial a lo social: en las mesas de trabajo se van agregar a los secretarios o directores de desarrollo social, al DIF, al Instituto de la Mujer, la Procuraduría del Menor, Deportes, Cultura, empleo, etc.

Sí, Sinaloa quizás aun no es una plena historia de éxito, pero está a punto de serlo si sigue trabajando de la misma manera. No hay nada más gratificante que escuchar a un comandante de Culiacán, Ahome o Mazatlán explicar cómo han reducido radicalmente sus delitos trabajando de la mano de los ciudadanos y promoviendo la policía de proximidad, a veces con cosas tan sencillas como un whatsapp entre comandantes y presidentes de colonia.

 

¿Un ejemplo para México?

Quizá muchos lo duden, quizá aún no compara lo suficientemente bien en algunos delitos, pero tiene algo que no hemos visto en otros estados –con excepción de Nuevo León y Sonora–: empresarios y ciudadanos participativos y autoridades que responden a esa dinámica. En Sinaloa se habla con la verdad y todos la aguantan… y eso merece no un aplauso –eso es efímero– sino emulación por el resto del país.

Desafortunadamente, en México los empresarios no suelen participar en procesos de paz, por miedo o por comodidad, y cuando lo hacen, no siempre es por el bien común ni para lograr el buen gobierno, sino para enfatizar una relación de conveniencia mutua.

El Semáforo Delictivo es un proyecto social y, como tal, depende de patrocinios privados. Con aportaciones de algunos empresarios hemos logrado extendernos ya a todos los estados. El día 20 o 21 de cada mes, cuando el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional publica su base datos, el Semáforo inmediatamente traduce los datos en información e inteligencia con gráficas, paretos, tasas y comparaciones valiosas que sirven para la seguridad personal y para algo igual de valioso: la presión ciudadana inteligente e informada.

Sin embargo, muchos semáforos estatales –con detalle por municipio– que ya se publican, aún no cuentan con un patrocinio por empresarios locales. Al solicitar apoyos, las respuestas a veces son tristes: “no queremos molestar al gobernador” o “eso debe pagarlo el gobierno” o “nosotros queremos llevar la fiesta en paz”. ¿Es costoso un Semáforo estatal? No sólo se requieren 15,000 pesos mensuales, y aquí va un dato curioso: ¿saben quién patrocina los semáforos del DF y del Estado de México? Un empresario de Monterrey. ¡Increíble!, ¿no les parece?

El Semáforo Delictivo cuenta con más de 160,000 seguidores en su página de Facebook y crece a razón de 2,000 por semana. Con esa participación ciudadana y la de los medios de comunicación hemos logrado enfrentar a algunos gobiernos estatales y evidenciar las áreas de oportunidad. Los casos más recientes quizá son los del estado de Hidalgo y del propio DF, que se negaba a aceptar el deterioro de la seguridad por causa de la rivalidad entre mafias narcomenudistas. Pero en este proceso falta un puente, y ese puente es lo que Sinaloa ofrece con su modelo: la participación empresarial. Mucho podrían aportar los empresarios de México a los procesos de paz de sus estados tal como Sinaloa lo hace; en ese sentido, Sinaloa, en efecto, es el mejor ejemplo nacional. No, no es el estado del Chapo, es el estado de empresarios con un alto compromiso social.


Santiago Roel es fundador del Semáforo Delictivo Nacional, especialista en procesos de cambio, prevención social de la violencia, reforma administrativa y sistemas complejos.

 

Contacto:

Twitter: @semaforodelito

Facebook: Semáforo Delictivo

Página web: Semáforo Delictivo

Semáforo Delictivo en México

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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