Asia sigue ávida de oro, y en los próximos años Shanghai y Singapur habrán de sustituir a Londres y Nueva York como los principales centros de comercio y determinación de precios.

 

Apenas el miércoles comentamos que la disputa por administrar el que será el futuro precio referencial de la plata ha arreciado, al mismo tiempo que se discute ya el modelo que seguirá la “modernización” del London Gold Fix (LGF). No obstante, a la par de esas luchas internas en la todavía capital del mercado global de metales preciosos, Londres, está una de mayores alcances: la competencia en Asia por ser el principal centro del comercio de oro.

Por supuesto, China fue la primera en levantar la mano y en mayo dio a conocer que en el último trimestre de 2014 lanzará una nueva plataforma internacional de intercambio con sede en la Bolsa de Oro de Shanghai (SGE, por sus siglas en inglés), que es un mercado netamente de oro físico. En una primera etapa sólo se operarán contratos en oro al contado denominados en yuanes, y más tarde se trabajará con derivados. Los formatos serán de 100 gramos, 1 kg. y lingotes Good Delivery de 12.5 kg.

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Sin embargo, un nuevo competidor emergente ha aparecido, y llega con toda la intención de ser protagonista: Singapur. En este caso, el propio ministro de Comercio e Industria del país, Lim Hng Kiang, anunció este miércoles que crearán el primer contrato mayorista de oro, que cotizará en bolsa para su intercambio, compensación y entrega física. Se espera que éste sea lanzado en la Bolsa de Singapur (SGX) en septiembre próximo.

Lim, quien además es vicepresidente de la Autoridad Monetaria y director de la Junta de Gobierno de la Corporación de Inversiones del gobierno de Singapur, dijo que lo que más necesita la industria de metales preciosos es “un mercado vibrante y robusto en el corazón de Asia”. Sus palabras nos dan luz en el sentido de que no piensan quedarse a la saga de China, y que competirán con todas sus herramientas y experiencia acumulada en los mercados financieros, para jugar un rol preponderante en el mundo del oro. Cabe recordar que ese continente representa más del 60% de la demanda global del metal.

No sorprende el olfato y “timing” de Singapur para identificar el momento propicio para lanzar este nuevo contrato, justo en el momento en que, ante nuestros ojos, está ocurriendo una transferencia masiva de oro físico de Occidente hacia Oriente, pero también en el instante crítico para los precios referenciales, que, como hemos dicho, este año pasarán a la historia como los conocemos hasta ahora. Los viejos London Gold y Silver Fixes, una vez renovados, ya habrán perdido la fuerza que tenían antaño.

En palabras de Lim, “con la SGX como la entidad independiente de correlación y compensación, este contrato asentado en físico creará un mercado más transparente y eficiente para los intercambios de barras de kilo. La bolsa también actuará como cámara de compensación para reducir el riesgo de liquidación entre las múltiples contrapartes”.

Por otro lado, el presidente de la SGX, Muthukrishnan Ramaswami, declaró que este movimiento permitirá un “mecanismo de descubrimiento de precios completamente transparente”, aludiendo, sin duda, a la opacidad londinense.

La SGX especificó asimismo que su contrato será el primero de 25 kilogramos ofrecido a escala mundial, y que consistirá en seis contratos diarios. Lim explicó que el lanzamiento está siendo apoyado por el Consejo Mundial del Oro (WGC, por sus siglas en inglés), la Asociación del Mercado de Lingotes de Singapur y cuatro bancos comerciales: JP Morgan, Scotiabank, Standard Bank y Standard Chartered.

Llama la atención que participe el WGC, que ha sido también el organizador de los foros de discusión para “modernizar” al LGF, así como de JP Morgan y Scotiabank, depositarios de oro en el americano sistema Comex (Commodity Exchange) y señalados como brazos operadores de la manipulación del mercado en Nueva York. También del africano Standard Bank y el británico Standard Chartered, que participarán además en la plataforma internacional de la SGE. Esto evidencia el interés de esas corporaciones privadas por anticipar el gran cambio de poderes en el mercado del oro que se dará a favor de Shanghai y Singapur.

No es casual que la SGX planee crear sus propios precios referenciales para que, de este modo, sus transacciones no tengan que basarse en cotizaciones fijadas en otras latitudes.

Como ve, mientras en Occidente las autoridades monetarias, financieras y los medios de comunicación preponderantes siguen perdiendo el tiempo denostando al rey de los metales, los asiáticos siguen apurados adaptándose a la nueva era que se ve venir. Asia sigue ávida de oro y en los próximos años Shanghai y Singapur habrán de sustituir a Londres y Nueva York como los principales centros de comercio y de determinación de precios. Los vientos de cambio, siguen soplando.

 

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