En una economía de mercado, entonces, los emprendedores están expuestos a las decisiones de los consumidores para obte­ner ganancias. Si los emprendedores no pueden satisfacer las demandas de los con­sumidores y, en consecuencia, estos se abs­tienen de comprar sus productos, entonces esos emprendedores sufren pérdidas.

 

Por Ernesto Selman

 

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Es un concepto amplia­mente aceptado que la economía de mercado es un sistema de ganancias, por medio del cual los emprendedores obti­nen beneficios a expensas de las mayorías. Sin embargo, la realidad es que la econo­mía de mercado es un sistema de ganan­cias y pérdidas, por medio del cual los emprendedores obtienen ganancias sólo si pueden obtener el beneplácito de los consumidores en sus compras. En general, los consumidores compran productos que de acuerdo con su percepción pueden satisfacer sus demandas o necesidades más urgentes, en base a una valoración subjetiva; como todos somos diferentes, valoramos las cosas de manera distinta. En este sentido, los consumidores tienen el poder de decisión sobre qué comprar, lo cual implica que se abstienen de obte­ner otros bienes o servicios. Por ejemplo, cuando un consumidor decide comprar el jugo x, renuncia a adquirir el jugo z.

En una economía de mercado, entonces, los emprendedores están expuestos a las decisiones de los consumidores para obte­ner ganancias. Si los emprendedores no pueden satisfacer las demandas de los con­sumidores y, en consecuencia, estos se abs­tienen de comprar sus productos, entonces esos emprendedores sufren pérdidas. Al momento de renunciar a comprar el jugo z, los consumidores envían una señal pode­rosa a ese emprendedor para que corrija errores que comete en la producción de bienes y servicios. De alguna forma, los consumidores están indicando que el pro­ducto no tiene la calidad adecuada o que los precios no satisfacen sus deseos.

Para buscar la aceptación de los con­sumidores, los emprendedores que incu­rren en pérdidas revisan sus procesos productivos: cuáles factores de la produc­ción y qué cantidad utilizan, los precios actuales y esperados de esos factores de la producción (estructuras de costos), los canales de distribución, los segmentos de mercado que están dirigidos y sus estra­tegias de precios, ente otros factores. De esta manera, los emprendedores se ven forzados a mejorar sus procesos produc­tivos para proveer a los consumidores productos que demandan con la calidad y los precios requeridos. De esta manera, las señales que reciben los emprendedores cuando sus productos no se venden se traduce en mejor aprovechamiento de los recursos escasos.

Un caso reciente que se ha debatido ampliamente es el caso de Research in Motion (RIM), empresa canadiense que produce los antes muy afamados teléfonos BlackBerry. Esta empresa tecnológica, que enfrenta competencia feroz, no se mantuvo a la vanguardia para satisfacer las demandas y los gustos de los com­pradores. Mientras rim se dormía en sus laureles del éxito, otras empresas emprendieron proyectos que terminaron recibiendo la aprobación de los consu­midores por encima de los BlackBerry. Apple y Samsung (con el sistema opera­tivo Android) tomaron la delantera en las preferencias de los consumidores; hoy se añaden otros a la competencia. rim inició perdiendo mercado para luego asumir mermas por 965 millones de dólares (mdd) en el segundo trimestre de 2013 y 4,400 mdd a finales de ese año. Aparentemente, es muy tarde para RIM recuperarse con el modelo de negocio actual.

En caso de que los emprendedores que sufren pérdidas no corrijan sus erro­res y no puedan proporcionar bienes y servicios que satisfagan a los consumido­res, ellos mismos trillan el camino de la bancarrota. Obviamente, esto sucede en mercados donde existe competencia y no hay protección implícita ni explícita del Estado. Aquí es donde se diferencia una economía de mercado de una intervenida por distorsiones y privilegios que sólo puede proveer quien impone las reglas de juego: el Estado. La economía de mercado florece donde las reglas de juego son igual para todos, la competencia es celosa­mente defendida por el Estado y existen consecuencias por la toma de decisiones empresariales. La economía de mercado implica que sólo aquellos que pueden satisfacer a terceros obtienen ganancias; los que no pueden, sufren pérdidas. En ese sistema económico, los consumidores (las masas) tienen el poder en sus manos, no los emprendedores.

 

 Ernesto Selman es VP ejecutivo del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles

Contacto

Twitter: @erselman

 

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