Una startup está recabando millones en Asia, ofreciendo un scooter eléctrico elegante como un smartphone para reemplazar al océano de motos contaminantes.

 

Por Aaron Tilley

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Horace Luke, exjefe de innovación en HTC, quería ser el primero en Taiwán en te­ner un Tesla Model S cuando el magnífico sedán eléctrico debutó en 2012. Luke. Los Teslas no se venden en Taiwán.

Puede ser que Tesla y otros sedanes eléctricos ganen terreno en Estados Unidos, donde los gara­ges amplios son la norma, pero los pujantes centros urbanos de Asia presentan un ambiente hostil para la revolución del coche limpio. El costo de un Tesla está fuera del alcance de las masas, y para la creciente clase media hacinada en estrechas torres de apartamentos hay pocos buenos lugares para recargar los coches, y mucho menos para estacionarlos.

“¿Cómo creas un producto para el 99%?”, dice Luke, de 44 años de edad. “Tenemos que crear un producto para ellos”.

Hace cuatro años, Luke y su exco­lega de HTC Matt Taylor se dispusie­ron a hacer precisamente eso. Dejaron el mundo corporativo y emprendie­ron una startup llamada Gogoro que conjuga el diseño, la tecnología y la experiencia en marketing afinada también en Nike y Microsoft para crear una moto eléctrica denominada Smartscooter. Lista para debutar este verano en Taiwán, la moto de Gogoro es lo que se obtiene si se empareja a una Vespa y un iPhone. Con un motor eléctrico equivalente a un motor de 125 CC, acelera a 50 km/h en 4.2 segundos y alcanza un máximo de 100 km/h, produciendo un zumbido futurista cuando el aire pasa por su carrocería. Puedes abrir la cajuela, encender el motor y escoger entre 129,600 combinaciones de ilumina­ción de los faros, así como sonidos de claxon personalizables a través de Bluetooth desde una app para smartphone. Gogoro no ha decidido un precio aún, pero Luke dice que estaría en el rango de las motos de Honda y Yamaha en Asia, entre 2,000 y 3,000 dólares.

El scooter Gogoro costaría un poco más de una moto normal, teniendo en cuenta todas sus especificaciones, pero Luke la ha hecho accesible a través de un ingenioso modelo de negocio. Los usuarios no serán dueños de las baterías. En su lugar, tendrán que pagar una baja cuota mensual para intercambiar las baterías portátiles, según sea necesario, en una red de estaciones de carga. Las baterías consumen una gran parte del costo de un vehículo eléctrico. Luke planea hacer la moto incluso más barata, posiblemente con un subsidio verde del gobierno taiwanés.

Gogoro ha recibido un buen fi­nanciamiento, al principio levantó 40 millones de dólares (mdd) de Samuel Yin (cuyo patrimonio estimado es 4,200 mdd), CEO de Ruentex Group, quien posee intereses en el comercio minorista, los servicios financieros y bienes raíces, y 10 millones del cofundador de HTC Cher Wang. Luke aún está cerrando otra ronda de 100 mdd que probablemente valuaría la compañía en más de 400 millones.

El modelo de negocio de inter­cambio de baterías para vehículos ya se ha intentado antes y ha fracasado espectacularmente. Better Place, la startup israelí de autos eléctricos respaldada por el multimillonario Idan Ofer, quemó casi 1,000 mdd tratando de construir una red de descomunales máquinas robotizadas expendedoras de baterías que se suponía costarían 500,000 dólares cada una, pero terminaron costando cerca de 2 millones. Better Place fue a la bancarrota en 2013, pero su carismático fundador, Shai Agassi, aún sigue convencido de que estaba en lo correcto. “El concepto y la tecnología fun­cionaban muy bien. En el largo plazo el cambio de baterías es en realidad más barato que la instalación de estaciones de carga.” El problema más grande de Better Place, además de que los coches eran feos, fue que trató de expandirse a varios países antes de madurar un mercado.

Luke estudió de cerca el caso de Better Place para evitar sus errores. Sus GoStations de carga de batería, aproximadamente del tamaño de una máquina expendedora de dulces, se pueden colocar en cualquier sitio en donde haya una toma de corriente, y cuestan menos de 10,000 dólares cada una. En menos de un minuto los usuarios pueden estacionarse, colocar la batería de 10 kilos en el compartimento ubicado debajo del asiento y volver al camino.

Luke estudió de cerca el caso de Better Place para evitar sus errores. Sus GoStations de carga de batería, aproximadamente del tamaño de una máquina expendedora de dulces, se pueden colocar en cualquier sitio en donde haya una toma de corriente, y cuestan menos de 10,000 dólares cada una. En menos de un minuto los usuarios pueden estacionarse, colocar la batería de 10 kilos en el compartimento ubicado debajo del asiento y volver al camino.

Las baterías no funcionarán a menos que el usuario haya sido autenticado a través de la app en su smartphone.

Luke se ha enfocado en concretar el lanzamiento en Taipei este verano antes de expandirse a otras mega­ciudades. Gogoro quiere instalar tres estaciones cada 5 kilómetros cuadrados para que su modelo de reparto de baterías funcione y está consiguiendo bienes raíces de prime­ra para sus GoStations en un acuerdo con el gobierno de Taiwán, que posee alrededor de 75% de las estaciones de servicio del país.

 

La prueba definitiva 

Taiwán es un campo de pruebas ideal, con 15 millones de scooters en un país de 23 millones de habitantes, una de las proporciones scooter-humano más altas del mundo. Alrededor de Taipei verás familias enteras encaramadas sobre una Honda o remolque con tanques de propano unido al asiento trasero de una Yamaha, todas ellas expulsando vapores tóxicos.

“Este producto podría ser muy prometedor en el futuro”, dice el primer ministro de Taiwán, Mao Chikuo. “No sólo podría ser una buena solución para resolver nues­tros problemas de transporte nacio­nal, creo que podría ser adoptado en otros mercados.”

Luke, hijo de dos contadores y nacido en Hong Kong, se mudó con su familia a Seattle cuando tenía 13 años. Asistió a la Universidad de Washington en Seattle, donde estudió diseño industrial con un enfoque en mobiliario. Creó piezas conceptuales de joyería y las vendió a coleccionistas de arte para pagarse la universidad. Después de graduarse, trabajó en marketing en Nike, pero pronto lo cambió por el mundo de la tecnología: Microsoft.

Luke comenzó un proyecto dentro de Microsoft llamado GOPC con la idea de encoger la PC para que cupie­ra en el bolsillo, pero la tecnología no estaba lista para una idea tan revolu­cionaria. “Aprendí que la oportunidad lo es todo. Puedes tener la idea más brillante o ser la persona más ambi­ciosa y tener todo el financiamiento que quieras, pero el mundo puede no estar preparado para ello.”

Más tarde se unió al equipo que comenzó a trabajar en la Xbox. En 2006 se mudó de nuevo a Asia para liderar el departamento de innovación en htc, donde podría continuar su sueño de tratar de meter internet en un bolsillo.

El iPhone, presentado un año más tarde, lo cambiaría todo, y muy pronto se encon­tró en estrecha colaboración con Andy Rubin, el creador del sistema operativo An­droid, después de que él se unió al equipo móvil de Google. Luke vivió para los teléfonos mientras trabajó en htc. Lleva­ba unos seis al mismo tiempo, pero en 2011 estaba cansado de la carrera por el smartpho­ne. “Cada industria en un momento diferente re­quiere un cierto tipo de talento”, dice. “Ha pasado su etapa revolucionaria para entrar en la evolutiva.”

Desde que Luke dejó htc, la com­pañía entró en un marcado declive financiero del que apenas comienza a recuperarse.

A finales del 2000, Luke y Taylor, director de tecnología de HTC, habían empezado a hablar de abrir una com­pañía juntos. “Horace había estado hablando de la idea del transporte súper eficiente, y siempre ha sido un maniático de los coches”, dijo Taylor. A todas partes que iban en Asia veían ciudades asfixiadas en nubes de smog producidas por las motonetas.

Los cofundadores de Gogoro vie­ron que Tesla había pedido prestado al Departamento de Energía para sa­car el Model S (465 mdd) y pensaron que podían fabricar una scooter por una décima parte de eso. Después de levantar 50 millones de Wang y Yin, ambos pensaron que serían capaces de acelerar el proceso de fabricación usando componentes de la gigantesca base de fabricación de Taiwán, pero Luke pronto se dio cuenta de que sólo un par de proveedores serían capaces de cumplir con sus requerimientos.

El mayor proveedor de motores eléctricos, por ejemplo, estaba más en línea con los motores para lavadoras y licuadoras, así que Gogoro tuvo que empezar de cero. Se anotó una asocia­ción con Panasonic para abastecerse de baterías —la misma compañía que había elegido Tesla para fabricar sus baterías—, algo que ha resultado crucial para el negocio.

Todo el diseño y la creación de prototipos de trabajo se ha llevado a cabo en secreto en un espacio de 24,000 metros cuadrados en un polvoriento suburbio industrial 35 ki­lómetros al sur de Taipei. Luke cubrió las ventanas con papel blanco para ahuyentar a los curiosos.

Dentro, pisos, paredes y techos habían quedado sólo en concreto, y todos sus 364 empleados trabajaban al aire libre. Esparcidos por toda la oficina hay juguetes de Iron Man y Robocop que Luke colecciona. Hay planes para contratar a otros 400 empleados este año.

El diseño elegante y simple del Smartscooter le ha ganado muchas comparaciones con los productos de Apple. Luke ve similitudes.

“La electrónica antes necesita­ba muchos botones especializados porque el software no estaba allí todavía. Ahora el mundo del diseño se basa en el software. El mundo se ha vuelto más orientado al software, las cosas son más simples”. El transporte limpio también podría ser algo de un solo botón.

 

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