Estados Unidos ha fallado en sus múltiples intentos por detener a Edward Snowden, a quien acusa de espionaje y robo de propiedad gubernamental. ¿Por qué la Interpol no ha intervenido?

 

Por Laura Zamudio González*

 

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Hasta el día de hoy, Estados Unidos no ha logrado capturar a Edward Snowden, ex agente de la Agencia de Seguridad Nacional (ASN), acusado de espionaje y robo de propiedad gubernamental. Después de que el pasado 6 de junio Snowden filtró información a los diarios The Guardian y Washington Post sobre los programas de recolección masiva de datos del gobierno norteamericano, se refugió en Hong Kong y, tras una salida sorpresiva de ese país, se encuentra actualmente varado en Moscú, en espera de recibir asilo humanitario en algún país latinoamericano.

En el intento desesperado de detenerlo y llevarlo de regreso a los Estados Unidos, donde habrá de enfrentar a la justicia, el gobierno de Obama ha propiciado ya dos serios incidentes diplomáticos de los que todavía no alcanzamos a vislumbrar todas sus consecuencias. En Asia, la relación con China se ha dañado claramente ante la nula cooperación del gobierno de Hong Kong  para arrestar y extraditar a Snowden. En Europa, el grotesco intento de interceptarlo en ruta hacia Ecuador, supuestamente escondido en el avión privado del presidente de Bolivia, Evo Morales, ha despertado el enojo de toda la región latinoamericana como muestran las recientes declaraciones públicas de Unasur, CELAC y OEA.

Dado que existe una Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol), integrada por 190 países, cuya misión es apoyar y ayudar a todas las organizaciones y autoridades policíacas del mundo a prevenir y combatir la delincuencia internacional, una pregunta que nos podemos estar haciendo, es por qué razón no ha intervenido en la detención y captura de Snowden. Un mecanismo de trabajo usual de esta organización es, por ejemplo, emitir alertas internacionales que activan a las policías en los aeropuertos y vías de comunicación. Una alerta amarilla es para localizar a personas desaparecidas; una azul, para obtener información sobre una persona sujeta e investigación criminal; una morada, para adquirir información sobre modus operandi de grupos criminales y una alerta roja, es precisamente para solicitar la detención temporal de una persona sujeta a proceso de extradición.

En el año 2011 Interpol emitió aproximadamente 10,000 alertas de diferentes colores y logró el arresto de 7,958 personas (según los datos señalados en su sitio electrónico “INTERPOL factsheet – International Notices System”) e incluso emitió una alerta roja para el activista político Julian Assange en diciembre del año pasado. Las alertas rojas de Interpol son consideradas válidas como orden de arresto provisional en varios países en relación a tratados bilaterales o multilaterales de extradición. Son también un canal valido para que las Naciones Unidas o la Corte Penal Internacional soliciten el arresto de quienes han cometido genocidio, crímenes de guerra y/o de lesa humanidad.

En este contexto, algunas voces en los medios de comunicación sostienen que es un error  el que  stados Unidos no haya gestionado una alerta roja en el caso Snowden. A mí me parece que, en realidad, están malinterpretando el trabajo de esta organización internacional, pues sus reglas de operación burocrática imposibilitan cualquier orden de arresto. En primer lugar, Interpol actúa ayudando a identificar personas de quienes se desconoce su paradero, prófugos de la justicia que urge localizar y detener. Esta situación no aplica para el caso de Snowden, cuyos pasos se han seguido muy de cerca y se sabía con certeza que se encontraba en Hong Kong.

En segundo lugar, por la organización en su artículo tercero prohíbe la intervención en crímenes que no afecten a varios países miembros y ningún tipo de crímenes políticos, militares, religiosos o raciales. Su trabajo se centra en la seguridad pública mundial como el terrorismo, el crimen organizado, el tráfico de drogas, de armas, de personas, el blanqueo de dinero, la pornografía infantil, la corrupción. El espionaje es interpretado por la organización como un crimen de naturaleza política, por lo que no está contemplado ningún tipo de intervención.

Así, pese a que el Secretario General de Interpol, Ronald K. Noble, es norteamericano y trabajó como funcionario gubernamental, hasta ahora, no ha podido alinear a la organización a favor de los intereses de su país.

*Directora del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Iberoamericana.

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