Las mujeres, además de los peligros “cotidianos” de transportarse en una gran ciudad, sufrimos, sin razón, situaciones incomparables. Sí, tenemos patrones de movilidad distintos.

 

Por Lillian Sol Cueva*

 

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Desde que comencé a involucrarme en temas de movilidad he escuchado muchas veces que las cosas que se construyen para ser habitadas, vividas y ocupadas son para todas las personas; que hombres y mujeres somos iguales y por tanto experimentamos el espacio de forma neutra y universal; que no hay razón para planear desde la perspectiva de género, ya que al final lo importante es transportarse; que los vagones para mujeres son injustos, etcétera.

No, la desigualdad de género hace que todas y cada una de las cosas las vivamos, ocupemos y experimentemos de formas distintas. Las mujeres tenemos patrones de movilidad diferentes a los de los hombres y nos movemos por otras razones. Las mujeres, además de los peligros “cotidianos” de transportarse en una gran ciudad, sufrimos, sin razón, situaciones incomparables.

Las mujeres, a diferencia de los hombres usan mucho más el transporte público, y a diferencia de lo que regularmente sucede con ellos, la mayoría de ellas trae consigo niños/as, bolsas del mercado, personas a su cuidado, etc. Las mujeres distribuyen su tiempo de forma distinta, usualmente en torno a las actividades de sus hijos/as (los llevan y traen del colegio), de las horas de atención a clientes (realizan trámites y pagan facturas), de las horas en las que pueden hacer las compras. Las mujeres, tienen que elegir vagones especiales para evitar situaciones desagradables.

Las mujeres nos sentimos observadas. Las mujeres decidimos por miedo. Las mujeres, en definitiva, nos enfrentamos al espacio público (y privado) de forma desigual, por el sólo hecho de ser mujeres.

Si no me creen, pensemos juntos por un momento: ¿cuántos hombres antes de salir a la calle revisan la forma en la que se vistieron, por miedo a ser acosados verbalmente? ¿Cuántos hombres han tenido que usar un espacio específico en el transporte público para evitar ser tocados por extraños? ¿Cuántos hombres han tenido que salir temprano o evitar ciertos espacios por miedo a ser violados? Pocos ¿verdad?

Entonces es cierto: además de requerir sistemas de movilidad eficiente, seguros y accesibles para todos, necesitamos planear con perspectiva de género, pues estamos seguras/os de que la correcta planificación de los sistemas de transporte es fundamental para garantizar la movilidad de las mujeres en condiciones de igualdad y que la introducción de la perspectiva de género en el transporte supone, así mismo, el reconocimiento de una voz hasta ahora silenciada en las decisiones y en la planificación de la movilidad urbana.

* Lillian Sol es licenciada en Relaciones Internacionales por la UNAM, actualmente se desarrolla como Coordinadora de Calidad del Aire y Cambio Climático del CTS EMBARQ México.

 

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