Desde el año pasado, uno de los temas de conversación más importantes entre tomadores de decisiones en el ámbito empresarial, financiero, académico y hasta social ha sido el desempeño tan positivo de la divisa mexicana. En el 2022, a pesar de los múltiples brotes de volatilidad y aversión al riesgo en los mercados financieros internacionales, el peso estuvo dentro de las cinco únicas divisas en emergentes en finalizar el año con ganancias al apreciarse 5.3%, ubicándola en el segundo lugar, solo después del real brasileño. En lo que va del 2023, la historia ha sido similar, nuevamente en el segundo puesto, al estar detrás solo del florín húngaro, reflejando –hasta el momento de la publicación de este artículo– una ganancia de 8.9% frente al dólar americano. El propósito de este artículo es identificar los factores detrás de este comportamiento, mismos que pudieran apoyar la posibilidad de que dicha fortaleza se mantenga durante el resto del año.

Considero que cualquier análisis del peso debe iniciar con un contexto sobre la dinámica del mercado cambiario en México con la finalidad de dimensionar cuáles son los principales catalizadores. De acuerdo con la más reciente encuesta trienal –de abril de 2022– de los bancos centrales sobre los mercados de divisas y de derivados no estandarizados que lleva a cabo el Banco de Pagos Internacionales, el peso mexicano ocupó el número 16 entre las divisas más operadas en el mundo. El monto promedio de operación diario es de US$ 114,000 millones, con una participación de 1.5% del total del mercado. Las de mayor relevancia son el dólar americano con el 88.5%, el euro con 30.5%, el yen japonés con 16.7%, la libra esterlina con 12.9% y el renminbi chino con 7.0%. En general, esto nos habla de un mercado para el peso mexicano muy profundo y líquido, que además opera 24/7 en todo el mundo.

Como en los mercados de otros bienes y servicios, es fundamental comprender que el precio del peso respecto al dólar (o cualquier otra divisa) está determinado por el equilibrio entre la oferta y demanda de pesos relativo a otras monedas. Dicho esto, y una vez entendiendo la dinámica del mercado, analicemos algunos de los principales factores que influyen en el nivel del tipo de cambio.

El nivel de la tasa de interés explica en gran medida el desempeño actual del peso. Gran parte de los flujos de inversión a nivel mundial se determinan por la búsqueda de rendimientos atractivos, una vez que se ajustan por riesgo, su volatilidad, e inclusive por valuación. Esto significa que los niveles de tasa de interés son importantes para entender los movimientos de capitales hacia los distintos mercados y la demanda por divisas. Esto es lo que comúnmente se le llama “carry” o “valor por acarreo” de las monedas, es decir, el rendimiento que otorga al inversionista comprar o vender un activo denominado en cierta divisa. Entre más atractivo es este “carry”, generalmente mejor es el rendimiento de la divisa. Así ha sido para el peso, al menos en los años más recientes. En este sentido, la tasa de interés de referencia actual en México de 11.25% se compara de manera favorable, una vez ajustada por riesgo y/o por volatilidad, al resto de las tasas en economías emergentes y también desarrolladas. De hecho, este efecto de tasa de interés es el que mejor puede explicar el desempeño del peso, al menos en 2022 y 2023. Hacia delante, si Banxico mantiene por algunos meses más la tasa de referencia elevada y el diferencial de tasas con EE. UU. continúa siendo atractivo, el peso podría mantenerse con un comportamiento relativo más favorable que otras monedas.

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La entrada neta de divisas al país, especialmente de dólares, le ha dado sustento al peso. La entrada (y salida) de divisas extranjeras a nuestro país proviene de diversas fuentes. Solo por poner algunos ejemplos de entradas, al mes recibimos en promedio US$4,953 millones en remesas, US$48,935 millones en exportaciones (a marzo 2023, promedio de los últimos 12 meses), US$2,941 millones en inversión extranjera directa y US$2,334 millones en divisas turísticas. Pero también compramos bienes y servicios del resto del mundo, por lo que la entrada neta de divisas es la clave para estimar la dirección del tipo de cambio. En este sentido, las proyecciones que tenemos en Banorte sobre muchas de estas variables continúan siendo prometedoras, por lo que anticipo que son otros factores que ayudarán al comportamiento del peso en lo que resta del año. 

Las variables macroeconómicas también juegan un papel muy importante. Al analizar el marco macroeconómico de México y compararlo con el resto de los países, los números sustentan cuentas fiscales y externas estables. Por un lado, la razón deuda sobre PIB (medida a través del saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público) se encuentra en 49.5%, muy favorable respecto a Latinoamérica, la media de los países de la OCDE e inclusive con varios de los países miembros del FMI. De igual manera, la cuenta corriente como proporción del PIB (que resume, en una estadística, las entradas vs. las salidas de divisas del país) está en un déficit de -0.9%. Esta métrica también se compara de manera favorable con otros países, abonando a la percepción de estabilidad macro que le da un sustento al comportamiento del peso.

Al igual que las historias atractivas como el Nearshoring, que se incorporan a la ecuación. México es uno de los países que más podrían beneficiarse de la relocalización de procesos productivos más cercanos a los centros de consumo, especialmente al tomar en cuenta las fuertes tensiones entre EE. UU. y China. Como hemos advertido en Banorte, las ganancias potenciales derivadas del Nearshoring –que estimamos cercanas a US$168,000 millones en exportaciones adicionales en los próximos cinco años– es un factor que ha incrementado el atractivo de nuestro país. Más detalles en la nota “El nearshoring podría desatar el potencial de México

Por último, la psicología de los inversionistas. En repetidas ocasiones, los mercados también reaccionan con un optimismo o pesimismo desmedido a los eventos y noticias globales. Si bien su impacto económico o financiero puede ser muy incierto, complejo o indeterminado, la reacción es inmediata. Podríamos resumirlo con uno de los adagios de Wall Street que dice: “Sell the stock first, ask questions later” (Primero vende la acción, luego pregunta”. Comúnmente, eventos negativos resultan en la venta (y depreciación) de divisas consideradas “riesgosas”, como el peso, a favor de activos “seguros”, como el dólar u otras monedas de mercados desarrollados. Por el contrario, noticias favorables –relacionadas directamente o no con las perspectivas de nuestro país–, también influyen en el tipo de cambio. Un ejemplo claro y reciente es el estallamiento de la guerra en Ucrania, cuando el tipo de cambio peso-dólar se disparó de alrededor de 20.50 a 21.50 por dólar a pesar de nuestras limitadas relaciones económicas y financieras con ambos países. 

En el análisis también es importante llevar a cabo un adecuado balance de riesgos, muchos de ellos derivados de factores externos, como el caso de la situación de la banca en EE. UU., la posible recesión en algunas regiones del mundo, factores geopolíticos (e.g. conflicto en Ucrania) entre otros, que pudieran cambiar el sentimiento de los inversionistas globales y generar un sentimiento de aversión al riesgo. El peso mexicano, al igual que el resto de las monedas, no está exento de esta situación, especialmente ante eventos imprevistos. Tomando todos estos factores, con la información actual y las condiciones presentes, es de esperarse que la paridad peso-dólar se pueda mantener en un rango acotado en el año entre 17.50 y 19.00 y que podría finalizar este 2023 en 18.70, un nivel por debajo del consenso de analistas. 

Contacto:

*Alejandro Padilla es Director General Adjunto de Análisis Económico y Financiero de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión de Grupo Financiero Banorte ni sus subsidiarias o filiales.

Cuenta de Twitter: @alexpadillasan

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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