Los Juegos de Invierno de Sochi se convirtieron en los más costosos de la historia. Eso mantuvo la alerta encendida en Rusia, ante el enfrentamiento que libró Vladimir Putin con diversos grupos de protesta.

 

Por Ivan Pérez

 

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Sochi es una ciudad rusa que se ubica en la “zona caliente” del Cáucaso y, durante el mes de febrero, tuvo los focos rojos encendidos por los Juegos Olímpicos (JO) de Invierno, el evento deportivo más costoso de todos los tiempos, que implicó una inversión por 51,000 millones de dólares (mdd).

Los expertos decían que ers eran de Vladimir Putin, presi­dente de Rusia. Y ni los grupos extremistas islámicos, ni los separatistas, ni los políticos miraron a Sochi 2014 con buenos ojos; vamos, tampoco la comunidad internacional que se quejó de los daños ecológicos de la zona, ni la co­munidad gay que tacha a Rusia de racista y homofóbica, ni Lady Gaga que llamó al boicot de la justa.

Los Juegos Olímpicos de Invierno representaron el más grande acon­tecimiento en Rusia desde la caída de la URSS. Como contexto, Putin llevó una serie de reformas relacionadas con el deporte. No sólo organizó este evento, sino que en cuatro años se celebrará el Mundial de Fútbol en Rusia y, por si fuera poco, este mismo año la Fórmula 1 llegará a Sochi. Para este tercio de eventos, Rusia invertirá 71,355 mdd.

Así, mientras las pantallas de tv transmitían los Juegos Olímpicos de Invierno, la tensión persistía en esta ciudad enclavada entre las montañas nevadas del Cáucaso y el Mar Negro. El Parlamento Ruso cuestionó los “gastos excesivos”.

 

Juegos con excesos

El último ranking de Transparencia Inter­nacional (2013) dice que Rusia es igual de corrupto que Paquistán, Mali y Nicaragua; y es mucho más que naciones como Sierra Leona, Kosovo, Nigeria o Togo.

Quizá por eso el descontento de diversos grupos. Los 51,000 mdd de inversión de los JO no esta­ban previstos en ningún presupuesto; in­cluso, los documentos oficiales relatan que la inversión total sería de 12,000 mdd, pero con el paso de los años (desde 2007 cuando le otorgaron la sede a Sochi) la inversión se disparó. Los rusos, por capital, no pararon. Por algo, 8.1% de los billonarios del planeta son rusos, de acuerdo con el último ranking anual de Forbes.

Un ejemplo: Alisher Usmanov es el hombre más rico de Rusia, con una riqueza estimada en 17,600 mdd; no sólo eso, también es presidente de la Federa­ción Internacional de Esgrima y miembro del Comité Organizador de estos juegos invernales. Por si faltara algo, dos de sus empresas (Metalloinvest y MegaFon) son patrocinadoras de la justa.

Sochi siempre fue el sitio de descanso de los zares rusos y de la elite de aquella nación; al sur, colinda con Georgia y su po­blación no supera los 370,000 habitantes. “Ésta es la primera vez que (Rusia) se pre­senta al mundo en un contexto capitalista”, analiza Miguel Ángel Lara, presidente del Instituto de Altos Estudios sobre Deporte, Cultura y Sociedad (Indecus).

El estudio Winter Olympics in the sub-tropics: corruption and abuse in Sochi, detalla caso por caso el incremento en el costo de las instalaciones:

a) El estadio donde se desarrolló la inauguración y tuvo lugar la clausura, estaba presupuestado en 230 mdd; el costo final fue de 780 mdd.

b) El inmueble de hockey sobre hielo pasó de 200 a 300 mdd.

c) El valor por habitación de la villa olímpica por atleta es de 363,000 dólares, cuando el promedio de este tipo de infraes­tructura en otras justas olímpicas (verano o invierno) es de 150,000 dólares.

Pero el debate al interior de Rusia no sólo fue por los altos precios, sino también por los actos de corrupción que fueron documentados por el congresista Boris Nemtsov, quien a través de un documento hecho público hace algunos meses senten­ció: “Los Juegos Olímpicos de Sochi son un proyecto personal de Vladimir Putin. El evento expone muchos abusos del sistema ruso como la corrupción, poco profesiona­lismo e irresponsabilidad”.

La familia Rotenberg, amigos desde la infancia del Presidente, recibió 21 contra­tos de construcción para el evento valuados en 7,000 mdd; lo que significa 1,000 mdd más que el costo total de los Juegos de Invierno de Vancouver, hace cuatro años.

El reporte The Sochi 2014 Winter Olym­pics, del Pan European Institute, detalla que la obra monumental, un tren de alta velocidad que va de Adler a Krasnaya Pol­yana (la localidad de Sochi) tuvo un costo aproximado de 50 mdd por kilómetro (son 48 kilómetros en total).

El 29 y 30 de diciembre de 2013 se presen­taron los principales actos de repudio a las políticas de Vladimir Putin y al gasto excesivo de Sochi: 34 muertos en atentados en Volgogrado. El grupo terrorista islá­mico Vilayat Daguestán, se adjudicó los ataques y, no sólo eso, el líder guerrillero Doku Umarov instó a atacar los JO.

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Reflectores = crisis

Entre 1988 y las designaciones ya amarra­das hasta 2020, hay 18 JO (entre sus versiones de invierno y vera­no); de esta cifra, 11 se han desarrollado o tendrán lugar en ciudades de países del G8, el grupo económico más poderoso del mundo. Si se contaran únicamente los Juegos Olímpicos de Invierno, Noruega es el único país que ha sido sede de esta justa y que no pertenece a este grupo (en 1994 celebró los Juegos de Lillehammer); el resto, ha caído en manos de las naciones más industrializadas. Por lo visto, el capital es determinante para organizar un evento de este calibre.

“El deporte es uno de los mayores re­presentantes del capitalismo salvaje, por los gastos excesivos y los sueldos que se pagan. Ya no es ganar una medalla de oro, sino cuánto te cuesta (económicamente) ganar una medalla de oro”, dice Miguel Ángel Lara, director de Indecus.

Si se hace la suma del total que se ha invertido en los 10 JO más caros de toda la historia la cifra acaricia los 200,000 mdd.

Si se pudiera lanzar alguna inter­pretación de estas cifras, habría que decir que unos JO podrían llevar a la nación organizadora a las puertas de un crack financiero. Por ejemplo, el gobierno de Montreal, hace un par de años, apenas había terminado de pagar el costo de albergar el evento deportivo más importante del mundo en 1976. Recientemente, en una competencia regional como los Juegos Panamericanos en Guadalajara en 2011, el gobierno del estado se vio orillado a aumentar su monto de deu­da, que se disparó de los 4,000 a los 16,000 mdp, según el reporte de gastos que presentó el gobierno estatal al Congreso.

Pero el caso más dramático ha sido Grecia, que en octubre de 2011 se declaró en estado de emergencia. “En lugar de invertir en infraestructura, lo desperdiciamos en bienes de lujo”, detalla el presidente de la compañía griega Mytilineos Holding, Evangelos Holding. Un año antes de los Juegos Olímpicos de Atenas, el país creció 6%, para el año olímpico (2004) 4% y, hacia 2009, el déficit presupuestal ya alcanzaba 12.7%. Los especialistas detallaban que el costo de organizar los JO y las bajas tasas de interés que generaron un boom de compras compulsivas, fue el inicio de la bancarrota griega.

 

Celebración en vilo

Sochi 2014 es para el gobierno ruso un motivo para hablar de impulso económico. Hace unas semanas, la calificadora Moody’s detalló que este año se tiene una expectativa de crecimiento para Rusia, que pasará de 1.5 a 1.9%, teniendo en cuenta los beneficios que traerá la infraestructura creada para Sochi (en total, hasta el cierre de la justa el 23 de febrero se esperaban 400,000 turistas naciona­les e internacionales).

De acuerdo con el reporte Summary Report on the Olympic Games Impact, la economía de Sochi creció 178.8% entre 2005 y 2010 (el lapso donde se otorgó la sede, se generaron empleos y se iniciaron las obras de infraestructura).

“(Ganar la sede) es un reconocimiento a las posibilidades de crecimiento de Rusia”, dijo Vladimir Putin aquel verano de 2007, cuando el Comité Olímpico Internacional le dijo que una de las ciudades de su país albergaría los juegos invernales.

Aunque los números en los gastos representaron un “exceso” y las protestas persistieron siempre, Vladimir Putin siempre se empeñó en hacer de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi una ventana para Rusia.

 

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