La adolescencia es una de las etapas más frágiles de nuestra formación como personas. Las apariencias suelen percibirse como definitivas y las decisiones como caminar en un terreno lleno de minas listas para explotar. El cambio más ligero puede definir nuestro futuro, aunque el dolor más profundo termine por ser verdaderamente pasajero.

Los años azules’, el primer largometraje de la realizadora hidrocálida Sofía Gómez Córdova, tiene como personaje central a una casa y un gato. La primera está a punto del colapso, el segundo es silencioso testigo de lo que sucede al interior del inmueble, donde varios jóvenes conviven por necesidad y gusto.

La película nació de una experiencia personal de la directora, quien se vio forzada a vivir en dicha casa cuando decidió estudiar cine en Guadalajara. “Viví ahí de los 20 a los 24 y cuando empezamos a pensar en la película, la casa siempre fue el punto de partida. Incluso, las decisiones del guion tenían que ver con la disposición de los espacios y acabamos filmando ahí,” comenta Gómez en entrevista, aunque, aclara, la mayoría de los sucesos acontecidos durante su estancia no llegaron de manera literal al guion de la cinta: “no hay muchos elementos tal cual que hubieran sucedido cuando viví ahí. Hay referencias vagas. Una de las pocas cosas que sí sucedió es que le cayó el techo encima a alguien”, ríe con nostalgia.

En Los años azules, los jóvenes protagonistas se ven obligados a convivir bajo el mismo techo y a enfrentar su naturaleza con la de los otros. Es un tema que dota a la película de relevancia, apunta la directora, porque muchos pasan por esa experiencia de maduración de manera similar. “Fíjate que, aunque la película nace de una experiencia personal de Sofía tiene un montón de referentes que me fueron muy cercanos. Entrañables, me identifiqué con ellos. Esta dinámica de vivir con roomies, para los que somos foráneos, es una cosa ya conocida. En ese sentido. La dinámica de rodaje al interior de la casa incluía muchos momentos de descanso, para los que no estaban a cuadro, que nos hacían convivir entre nosotros (los actores) conocernos un poco más y relacionarnos con la casa de manera muy natural. Eso se ve a cuadro, una manera de habitar el espacio veraz”, explica Paloma Domínguez, quien interpreta a Diana, una actriz que llega a vivir a la casona cargando con todos sus problemas.

Sobre el tema, el actor Juan Carlos Huguenin, quien da vida a Andrés, otro de los habitantes, añade: “no sólo la experiencia de vivir con roomies, sino toda la etapa en que comienzas a independizarte de tus papás, de tus raíces. Todos lo vivimos. Podrá nacer de una experiencia de Sofía, pero todos pudimos identificarnos. Estar en la casa y poder convivir como actores y personajes ayudó mucho durante el rodaje.”

Los años azules, es también, un retrato de la fragilidad y el enfrentamiento que experimentamos como adolescentes. Tomar riesgos como herramienta de autodescubrimiento. “A mí me tocó vivir con personas con las que no hubiera hecho ni amistad afuera de la casa. A fuerza de convivir te conoces y rompes muchos prejuicios, te das cuenta de lo valioso que es el punto de vista del otro para entender mejor el mundo. Eso se refleja en una mejor armonía en cada grupo. Es uno de los temas que a mí me parecen más importantes, esta valoración del otro y la diversidad. Además de reconocer la huella tan profunda que dejan los otros en uno”, comenta la cineasta.

Sofía Gómez Córdova afirma que el tema de las familias no convencionales estuvo presente en todos los procesos de su largometraje. “Nos inquietaba mucho, y nos sigue inquietando, cómo la personalidad de alguien se configura a partir de los núcleos en que se desarrolla a lo largo de su vida. Cómo eso responde a distintos modelos de familia o sistemas morales. En esa casa donde viví, llegamos a ser nueve personas, tres perros y dos gatos. La verdad había cosas muy caóticas, al mismo tiempo agradecí esas disfuncionalidades, los elementos que nos sacaban de cualquier zona de confort, de los valores relativos con los que crecimos. Aunque tú no cambies radicalmente, sí te obliga a ver las cosas desde otro punto de vista. Practicar la empatía”.

Además, la realizadora subraya la manera en que esta convivencia, forzada o no, te enseña a trabajar en equipo, enfrentar la adversidad en compañía y no en aislamiento. “La casa es un paralelo de la fragilidad de los personajes, todos están en un punto decisivo de sus vidas, aunque cada uno a su manera. Tienes que moverte o se cae toda la situación, es el aporte de la casa como personaje,” añade Juan Carlos Huguenin.

“Mis peores defectos serían mucho mayores si no hubiera vivido esa experiencia. Muchas cosas que me provocaban conflicto, incluso en mi familia directa, quizá soy capaz de trabajarlas mejor actualmente por ese ejercicio constante de pensar cómo lo ve el otro,” finaliza Gómez Córdova.

 

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