Solazyme, la empresa fundada por Jonathan Wolfson hace 10 años, produce hoy combustibles, aceites para la industria de los alimentos y cremas antienvejecimiento, todos, a base de algas.

 

Por Christopher Helman

 

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El sueño de Jonathan Wolfson en 2003 era demostrar que las algas podrían ser una alternativa viable al petróleo. Hoy, la compañía que fundó, Solazyme, es sin duda la líder en la carrera de combustibles de algas.

Pero hay mucho más en la empresa, razón por la cual hemos seleccionado a Wolfson y Solazyme para su inclusión en nuestro conteo reciente de los nombres más irruptores en los negocios de 2013.

Su compañía ha tenido una serie de avances significativos en materia de combustible a base de algas. En 2011, United Airlines fue la primera aerolínea en volar un avión con ese combustible, y acordó con Solazyme la compra de 20 millones de galones al año.

Ese mismo año, la Marina de los Estados Unidos compró un cargamento de diesel a base de algas para alimentar uno de sus destructores. De acuerdo con la Marina, el combustible de algas produce una cantidad mucho menor de gases de desecho que las mezclas convencionales.

Varias estaciones de servicio en el Área de la Bahía de San Francisco, donde Solazyme tiene su sede, incluso ofreció a los conductores una prueba de diesel fabricado a base de algas.

Éstos son resultados más concretos que los obtenidos por Craig Venter con  Synthetic Genomics y su aceite de algas elaborado junto con ExxonMobil.

Pero algo sucedió en el camino a descubrir el secreto del diesel verde. Solazyme ha descubierto toda clase de nuevos usos para las algas. Mucho de eso tiene que ver con las nuevas formas en que se crían esa sustancia viscosa.

Cuando Solazyme comenzó, la idea era hacer crecer algas en grandes estanques donde podría absorber la luz solar. Pero a través de la experimentación, los fundadores pronto determinaron que una mejor manera era hacer crecer las algas en la oscuridad, en grandes tinas, en las que se alimentan de carbohidratos como el azúcar.

En la prueba de incontables cepas de algas, Solazyme descubrió que podían imitar a muchos tipos de aceites comunes, de manteca de cacao y aceite de palma hasta aceite de oliva o incluso manteca de cerdo.

“Ésta es una tecnología disruptiva”, dice Wolfson. “No sólo podemos hacer aceites renovables, sino que todos estos aceites, desde el reemplazo de aceites de semillas  hasta aceites saludables para el corazón, se pueden producir en una sola planta de fermentación en cuestión de días, todo por una simple conmutación de la cepa de microalgas.

Todas éstas son nuevas oportunidades. Y dados que los costos de producción de esta alga-combustible continúan siendo superiores para Solazyme de lo que podría venderla (al menos hasta que pueda escalar la producción), la empresa ha recaudado fondos para proyectos de algas no relacionados con combustibles, incluyendo 200 millones de dólares (mdd) en su OPI de 2011 y 115 mdd en bonos preferentes convertibles, en enero.

“Nos dimos cuenta pronto de que necesitábamos un modelo de negocio que nos permitiera usar el poder de nuestra tecnología para producir cualquier tipo de microalgas y entrar en los mercados de mayor valor”, dice Wolfson. Se ha tomado esta nueva capacidad de adaptación para elaborar una serie de aceites especializados para una variedad de grandes socios.

Con Unilever tiene un acuerdo para hacer aceite de algas de alta calidad para su uso en alimentos y jabones. En una operación conjunta con Bunge, el gigante de la agricultura, Solazyme construye una planta en Brasil que alimentará a sus algas con caña de azúcar brasileña de bajo costo para fabricar aceites de especialidad a una escala más grande.

Solazyme también está trabajando con ADM, quien ha adaptado sus grandes fermentadores industriales en Iowa para alimentar algas con las hojas y tallos sobrantes de la cosecha de maíz.

Quizá la innovación más prometedora es algo que ellos llaman “ácido algurónico”, un compuesto con el que Solazyme dice que “se topó”, y descrubrió que protege tanto a las algas como a la piel humana. Hace un año, la compañía comenzó a hacer productos contra el envejecimiento de la piel bajo el nombre de marca Algenist,  que ahora se vende en las tiendas de cosméticos Sephora.

Los márgenes de ganancia del suero antiedad son mucho mejores que a los que  Solazyme puede aspirar por la venta de combustibles para el transporte (cuya producción cuesta aproximadamente el doble que el diesel convencional o el combustible para aviones).

Solazyme tiene sus detractores. Debido a que depende de biomasa, como tallos de maíz y otros hidratos de carbono para hacer crecer sus algas en la oscuridad (en lugar de depender de la luz solar gratuita), no está exactamente a la altura del ideal de las algas para desbancar al carbón. Además, Wolfson tiene un largo camino por recorrer para demostrar que los conceptos de su compañía pueden hacer dinero, un prerrequisito para tener alguna esperanza de cambiar el mundo. Solazyme registró el año pasado una pérdida neta de 83 mdd, con ventas por 44 mdd.

Pero Wolfson dice que Solazyme continuará creciendo rápidamente y que tiene un “camino claro de producción de 120 millones de galones al año de petróleo verde, y tenemos la intención de ser competitivos en todos nuestros mercados objetivo, incluido el combustible.”

A pesar de las acciones de Solazyme han perdido un 30% en un año, los inversionistas tienen algunas razones para creer que los alimentos y la crema para la cara pueden mantenerla en marcha hasta que finalmente rompa la barrera del precio de los combustibles más limpios y más ecológicos.

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