Jim Jarmush incursiona en el cine de vampiros y con Sólo los amantes sobreviven dota al género de una perspectiva fresca y muy estilizada.

 

Los errores humanos son cíclicos, únicamente el arte vuelve valiosa nuestra existencia. Para los personajes principales de Sólo los amantes sobreviven (Only Lovers Left Alive, 2013) ése es el rasgo que nos define, la humanidad no tiene respuesta para sus conflictos, la expresión artística es nuestra trascendencia. Justo lo que se podría esperar de una película de vampiros firmada por Jim Jarmusch.

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Adam (Tom Hiddleston, Loki en Thor) es un taciturno músico que vive en Detroit. Pasa sus días encerrado, con sus instrumentos y las notas que éstos emiten, piezas de corte funerario para expresar su exacto estado emocional. Su esposa, Eve (camaleónica Tilda Swinton), se encuentra al otro lado del charco en Tangiers, donde disfruta de buena literatura. Testigos activos/pasivos del desarrollo humano, no necesitan estar en la escena porque ya la conocen. Ambos han estado mordiendo yugulares desde tiempos inmemoriales. El consumo de hemoglobina y la posterior explosión de éxtasis –equiparándola a una droga– es una de las secuencias más memorables de la cinta y en general de la filmografía de Jarmusch, llena ya de grandes momentos.

En sus últimos trabajos Jarmusch se ha dedicado a hacer una curaduría de sus gustos artísticos, han dejado de ser un vaso de expresión para ser la expresión misma y Sólo los amantes sobreviven es la demostración. Cada pedazo de la película tiene un diseño de producción minucioso, todo al interior del cuadro es una declaración de principios e influencias al mismo tiempo que es parte de la intención de crear algo novedoso. Arte vintage, curaduría como meta, es una característica de comparte con otro de sus contemporáneos, Wes Anderson. De tan cuidada, la forma se vuelve el discurso.

La intención de Jarmusch es crear dualidades. Primero la representada por Adam e Eve, uno creador y el otro crítico, casi analista de lo creado; para ellos la supervivencia del arte es el motor de su existir, continuamente ellos o el bohemio amigo de Eve, Christopher Marlowe (John Hurt), hablan de la importancia de que su ingenio sea conocido por el mundo aun cuando hayan sido Schubert o William Shakespeare quienes obtuvieron la fama y el reconocimiento.

La segunda dualidad se da entre esos adoradores del arte y los zombies, término usado por la pareja para referirse a la humanidad en general, demasiado embotada como para detenerse un momento a disfrutar de los verdaderos placeres de la vida. De ahí que sea clave la aparición de la aparente adolescente Ava (Mia Wasikowska), hermana de Eve, sólo preocupada por gozar el momento y el próximo sorbo de sangre. Nada más. Es una amenaza, un peligro latente porque en realidad no se preocupa por otra cosa que sí misma.

Tampoco es casualidad que Jarmusch elija Detroit y el norte de África como los lugares para emplazar la acción. Dos puntos abandonados por esa sociedad embotada y dejados a su suerte, como esos edificios que conforman el paisaje de los recorridos nocturnos de los amantes. Alejado de todo, Adam vuelve a encontrar la pureza de la expresión artística en una joven marroquí, demasiado buena para tener fama.

Atiborrada de citas cinéfilas, literarias, pictóricas y musicales, Sólo los amantes sobreviven podría resultar en un petulante ejercicio de bagaje cultural. Sin embargo la sensibilidad de Jarmusch como auteur, altamente estilizada, convierte a la cinta en algo más. El vampiro ya no es símbolo romántico (la saga Crepúsculo), de rebeldía casi punk (Near Dark) o la parodia del outsider (What We Do In The Shadows). Ahora es gestor cultural.

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