Por Enrique Dans

Hemos escuchado y leído de todo sobre Tesla: que si era una máquina de perder dinero, que si cada vehículo que vendía le generaba pérdidas, que jamás conseguiría producir en las condiciones y con la velocidad requerida, que si su fundador estaba loco y la llevaría a la ruina, o hasta invitaciones a comprarnos uno para poder probarlo antes de que la compañía cerrara definitivamente sus puertas.

Pero este trimestre, Tesla no solo ha ganado dinero con unas cuentas espectaculares y ha disparado el precio de sus acciones, sino que además, ha cumplido sus objetivos de producción y distribución, muestra signos de poder mantenerse en números negros de aquí en adelante – salvo cuando haya que pagar, en el primer trimestre del año, los intereses de los préstamos – y ha sido el auténtico salvador del NASDAQ, al que ha dado su mejor día en meses.

Contrario a lo que ocurrió en etapas anteriores, lo de este tercer trimestre no parece una situación excepcional: todo indica que la compañía ha encontrado una ruta estable de generación de beneficios.

Además, ya no hablamos de una compañía minoritaria o simbólica: mientras muchos se reían de sus dificultades de producción, como si pasar de ser un fabricante prácticamente sin experiencia en la producción masiva a producir 80,000 vehículos al trimestre fuese una tarea trivial, resulta que la compañía ya ha logrado superar las ventas en los Estados Unidos de marcas históricas como Porsche, Mercedes Benz o BMW, se ha convertido en el vehículo de fabricación norteamericana más vendido en su país, y lo ha hecho con un modelo que, aunque muchos aún critican por su precio, tiene un coste total de propiedad sensiblemente inferior a cualquiera de sus comparables con motor de combustión interna, y es además muchísimo más seguro y avanzado que cualquiera de sus competidores.

Un trimestre de resultados espectaculares, que baten de largo todas las previsiones de los analistas, y que demuestran que, como llevamos tiempo diciendo, pocos son capaces de entender la visión estratégica de una compañía así. Que por supuesto, tiene sus inherentes riesgos – cambiar el mundo nunca ha sido una tarea sencilla ni al alcance de cualquiera – pero puede funcionar si se ejecuta adecuadamente.

En efecto: prácticamente todo el mundo estaba equivocado con respecto a la situación financiera de Tesla y sus posibilidades, y ahora, la mayoría de los analistas se hacen cruces intentando entender lo que ha pasado mientras tratan de emitir sus recomendaciones con un mínimo de credibilidad. Para un analista, la sola idea de que, excepcionalmente, los clientes de una compañía se ofrezcan voluntariamente a ayudar con la distribución de sus vehículos con el fin de sentir que contribuyen a un proyecto que estiman como suyo es imposible de entender. Para Elon Musk, es emocionante, pero puede ser visto hasta como algo lógico: querer formar parte de algo que no va únicamente de vender coches, sino de cambiar el mundo.

Entender un modelo como el de Tesla implica ser capaz de aceptar que lo que parecen las dificultades más importantes de una industria no lo son necesariamente. Que pueden ser cuestiones muy difíciles, pero que son superables y, de hecho, han sido superadas anteriormente por muchas otras compañías.

También es aceptar que se pueden diseñar estrategias a muy largo plazo y ser exitoso con ellas, aunque te tengas que pasar mucho tiempo escuchando tonterías sin fundamento de quienes no entienden lo que realmente estás haciendo: que si la compañía se equivocó al no producir en China, que si sus costes de producción son insostenibles, que si va a cerrar mañana… ahora, la cadena de montaje está siendo capaz de materializar ahorros progresivos a medida que se incrementa la producción, y el próximo año, en función de la demanda exterior, hasta podría plantearse producir en China. Ahora, no antes.

Si no lo entiendes, estudia un poco más. Sí, superar un “production hell“ o un “delivery hell“ es posible. Complicado, pero posible. Esos son, en esa industria, “los problemas de todos los días”. Lo complicado, en realidad, no es eso, sino diseñar una estrategia como la de Tesla. Actualmente la compañía gana cerca de un 20% de margen con cada Model 3 que vende, muy superior a la media de la industria en ese segmento, y sus perspectivas de crecimiento y de rentabilidad, de la noche a la mañana, parecen no solo creíbles sino incluso probables, por mucho que algunos sigan diciendo que su fundador está loco o que es inestable. Dame unos cuantos más “locos o inestables” como él, colócalos en los puestos adecuados, y a la humanidad le iría infinitamente mejor.

¿Y lo mejor de todo? Que ni siquiera estamos hablando de una empresa automotriz. Que mientras algunos siguen intentando analizar a Tesla como una empresa que produce coches y encontrándose con que no lo hace mal y con que, además, tiene una interesantísima hoja de ruta por delante, resulta que el precio de las baterías sigue cayendo, que la demanda para las instalaciones de energía solar crecen sensiblemente, que cada vez se producen y se venden más baterías no solo para vehículos, sino para hogares y para plantas de acumulación a todos los niveles, y que, “a lo tonto”, la compañía se ha situado en uno de los sectores de mayor demanda de los próximos años a medida que las evidencias demuestren que la preocupación medioambiental estaba plenamente justificada. De repente, parece que detrás del éxito “de la noche a la mañana” de Tesla, hay muchos años de trabajo duro.

En otras palabras, las personas que dicen que algo no se puede hacer, deberían dejar de interrumpir a las que sí lo están haciendo.

Este artículo fue publicado en inglés en Forbes.com. También puedes encontrar el artículo original en español aquí.

 

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