El esquema finlandés de renta básica universal no impulsó que los beneficiaron trabajaran más para complementar sus ingresos, como se esperaba. No obstante, ayudó a su bienestar, explicaron los investigadores que implementaron el programa, luego de que se entregaran los primeros resultados.

El proyecto, que duró dos años y acabó en enero de 2019, dio a 2,000 finlandeses escogidos al azar, de entre los desempleados del país, un pago mensual sin ataduras de 560 euros (unos 635 dólares). El pago no se redujo aún cuando hayan encontrado un empleo.

Finlandia, el país más feliz del mundo en 2018, según la ONU, está explorando alternativas para su modelo de seguridad social actual.

El proyecto fue seguido de cerca por otros gobiernos, que ven al ingreso básico universal como un aliciente para que los desempleados tomen trabajos con bajas remuneraciones, o temporales, sin temer a perder el programa. Eso podría generar que se reduzca la dependencia del estado en otros programas, lo que cortaría algunos gastos sociales.

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Esto toma relevancia en momentos en que las automatizaciones podrían reducir el número de personas en los centros de trabajo.

El ministro de salud y asunto sociales de Finlandia, Pirkko Mattila, dijo que el impacto en el empleo “al parecer fue mínimo en el primer año de aplicación”.

Pero los beneficiaros en que participaron fueron mucho más felices y sanos que los del grupo de control.

“Los que recibieron el ingreso básico, reportaron mucho más bienestar, comparados con el grupo de control, en todos los parámetros”, dijo el investigador en jefe del proyecto, Olli Kangas.

En tanto, el economista en jefe del proyecto, Ohto Kanniainen, dijo que el bajo impacto en empleabilidad no es una sorpresa, pues muchas personas sin trabajo tienen pocas habilidades o batallan con situaciones difíciles en sus vidas, o, incluso, tienen problemas de salud.

“Los economistas han conocido por mucho tiempo que los apoyos financieros a las personas sin trabajo no funcionan tal y como se espera”, añadió.

 

Apoyo psicológico

Sini Marttinen, de 36 años, fue desempleado por casi un año antes de “ganar la lotería”, como describe al proyecto.

Su ingreso básico le ha dado la suficiente confianza como para abrir un restaurante con dos amigos. “Creo que el efecto es muy psicológico” dijo la exempleada como consultora en TI.

“Tienes esta idea de que, pase lo que pase, tendrás estos 560 euros (…), esto me dió la confianza para abrir mi propio negocio”.

Su ingreso solo incrementó en 50 euros al mes, comparado con el beneficio de desempleada que recibía antes del proyecto, pero “pierdo menos tiempo en burocracia y trámites para obtener el anterior programa social”, dijo.

Mira Jaskari, de 36 años, encontró un trabajo momentáneo durante el proyecto, pero lo perdió debido a su salud precaria, dijo que haber perdido el ingreso básico la habría dejado mucho más insegura en términos financieros.

El programa original del gobierno de centro derecha era expandir el ingreso básico después de dos años de pruebas, para intentar combatir el desempleo, que ha permanecido alto en los últimos años, pero que se redujo al mínimo en 10 años durante diciembre de 2018, a 6.6%.

Dicho resultado se logró luego de que se penalizara a los desempleados que se rehusaban a trabajar, en otro programa de desempleo.

Sin embargo, el ingreso básico ha sido controvertido, ya que los líderes de los principales partidos políticos finlandeses están dispuestos a racionalizar el sistema de beneficios pero se muestran reacios a ofrecer “dinero por nada”, especialmente antes de las elecciones parlamentarias que se celebrarán en abril.

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