El mundo digital también revoluciona la psicología y la salud con síndromes y enfermedades propias del siglo XXI. ¡Ring!

 

 

¿Volteas a ver constantemente tu celular para revisar si ha sonado? ¿Escuchas el timbre del WhatsApp en medio de una canción? ¿Revisas la última hora de conexión de tu novia(o)? ¿Cuándo suena otro celular buscas el tuyo con prisa para corroborar si la llamada es para ti? ¿Sientes la vibración de éste en tu bolsillo? ¿Sientes ansiedad cuando lo olvidas? ¿Escribes en el Facebook que perdiste u olvidaste tu teléfono? ¿Cuándo lo pierdes en tu bolsa pides de inmediatos que alguien te llame sintiendo alivio hasta escucharlo sonar?

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Si contestaste afirmativamente al menos a dos de estas preguntas sufres de lo que cualquier psicólogo calificaría como ansiedad. Sin embargo, ya hemos comentado en este espacio cómo la tecnología nos está rebasando y perdemos el control. Por tal razón, ya se estudian los efectos de la tecnología en la sociedad. Investigadores de universidades de Stanford, Nueva York y de la Escuela de Psicología de California analizaron más a profundidad las consecuencias del uso del celular denominándolo como un síndrome: vibranxiety, ringxiety o fauxcellarm. Los primeros dos conceptos se traducen como la ansiedad del ring o de la vibración, pese a la ausencia del aparato. El tercero se refiere a falso miembro celular, aludiendo al padecimiento en personas que perdieron algún miembro de su cuerpo y en ocasiones tienen dolores o sensaciones en el lugar del órgano faltante, clínicamente denominado “órgano fantasma”. Traducido al mundo digital, esa sensación generada por el falso miembro celular, el ring o la vibración, ocurre cuando se ha desarrollado una dependencia de la tecnología provocando conductas ansiosas que pueden pasar a mayores.

 

El celular en la vida diaria

El celular se ha vuelto un medio de comunicación indispensable. La diferencia radica en el uso y apropiación de éste. El sociólogo John Thompson ha estudiado el comportamiento de la sociedad de cara a los medios de comunicación; cómo nos apropiamos de un medio, de su contenido y lo hacemos propio. Trasladándonos al mundo digital, esto se traduce en el rol que le damos a los nuevos medios y a la interpretación de los mensajes que aplicamos a nuestro entorno. Hablando del celular, se le otorga un significado a éste respecto a la propia historia, la relación con los demás y con el mundo; a partir de estas significaciones es que nos apropiamos de la tecnología. La manera de comunicarnos y los mismos mensajes, quedan delimitados por esta misma condición.

La apropiación de la tecnología puede variar de acuerdo con el contexto. Para un hijo es muy conveniente evadir llamados de sus padres, pero es conveniente extender la comunicación que se tiene en la escuela a través del chat. Para los padres ha llegado a ser un mecanismo de control y seguridad; no lo ven como medio de entretenimiento, y apenas y se animan a explorar más allá de la funcionalidad de la llamada o del mensaje. A éstos, el celular les genera una sensación de certidumbre sobre su familia.

A nivel profesional, el celular habla del estatus económico y del nivel jerárquico dentro de una organización. Esclavizados a un aparato que fuera del horario laboral sigue sonando y, peor aún, se le atiende sin importar la hora o el lugar. El síndrome en este caso se manifiesta con el temor de no contestar la llamada del jefe y de supervisar o estar supervisado las 24 horas.

La función de hablar por teléfono es la menos utilizada por los jóvenes; su comunicación es a través del chat y de las redes sociales. Cada tipo de mensaje tiene alertas diversas, incluso personalizables, y el joven puede estar en más de tres conversaciones simultáneas mientras que también navega en Internet.

Hoy no concebimos la vida sin cargar el celular; somos ya dependientes de la tecnología. El estado generado por su ausencia genera altos niveles de estrés y la manifestación de los síndromes antes descritos.

 

Un mundo ansiosamente conectado

Según la consultora IDC, existen 53.2 millones de smartphones activos. Por otro lado, la AMIPCI afirma que 5 de cada 10 internautas se conectan a través de un teléfono a la red, con un aumento significativo en las conexiones WiFi. El acceso a Internet, que ya rebasa la mitad de la población y la proliferación de medios para su acceso, permite vivir realidades paralelas, hasta el punto de convertirse en un síndrome y existir clínicas de rehabilitación (principalmente en China). La dependencia de la tecnología ya está catalogada por la Organización Mundial de la Salud como una ciberadicción: adicciones sin sustancia. Hoy en día ya se cuenta con medidas para su tratamiento.

Marshall McLuhan, visionario de la sociedad de la información y quien dedicó años al estudio de los medios, decía que el hombre es una extensión de la tecnología; su uso “extiende” nuestras posibilidades de comunicación. Esto no implica una dependencia o adicción; la tecnología es un medio más. Seguramente McLuhan no se refería a usar la tecnología como parte del cuerpo y del funcionamiento intelectual de las personas.

El mundo digital también revoluciona la psicología y la salud con síndromes y enfermedades propias del siglo XXI. ¡Ring!

 

 

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