Es difícil marcar el momento en que dejaron de aparecer grandes villanos en Hollywood. Quizás está relacionado con la serialización del cine: cuando tu hombre en mallas necesita sobrevivir junto con su franquicia, el antagonista está condenado de antemano. ¿Para qué gastar guión en él si no lo volveremos a ver? Tal vez sólo sea falta de ideas o de encontrarse con los mismos mitos. (“¿Sabías que Heath Ledger se encerró en un hotel para crear a su personaje?”)

Los comentarios antes y después de las películas se han vuelto más importantes que éstas. Los grandes estudios parecen más interesados en mantener la conversación en internet que en su producto final. Las reacciones previas (de gente con acceso a productos incompletos, en el mejor de los casos) terminan por cortar de tajo la visión de un director. Hay tantas manos metidas en el proceso de creación, a quién culpar cuando algo sale mal. Ni hablar de la nostalgia y los legados.

Cazafantamas (Ghostbusters, 2016) y Escuadrón Suicida (Suicide Squad, 2016) comparten algunos de los mismos males arriba mencionados y que, al menos en el corto plazo, sólo se agudizaron entre las grandes producciones estadounidenses.

Actualizar la franquicia protagonizada por Bill Murray en los ochenta se antojaba oportuno; después de todo, si en algo cojeaban los primeros Cazafantasmas (1981) era en la manera poco imaginativa que trataba a sus personajes femeninos. Un equipo completo de mujeres dedicadas a la ciencia (supongo que la comunidad afroamericana todavía no puede gozar de dicho beneficio, porque alguien tiene que conocer las calles) tiene que librar a la ciudad de Nueva York de una amenaza fantasma.

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La trama duplica de manera bastante general los hechos de la cinta original, dando a las chicas (Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Kate McKinnon y Leslie Jones) el centro de la pista para brillar. Incluso se da tiempo de llevar al extremo el estereotipo de la secretaria rubia tonta al transformar a Chris Hemsworth en la antítesis de su figura pública (basada principalmente en su actuación como Thor para Marvel).

Son pasos positivos para una industria más diversa, con más posibilidades, por eso es una lástima que el guión y, por extensión, el director Paul Feig (Damas en guerra, Armadas y peligrosas) fallen en llevar las situaciones a algún lugar interesante. Como muchos blockbusters en años anteriores, el clímax de Cazafantamas llega a lugares muy familiares, con villanos ausentes, invisibles en la narrativa, y con máquinas apuntando rayos al cielo. Es un copy paste, donde se demuestra la novatez de Feig con presupuestos grandes.

Curioso que el copy paste se extienda a Escuadrón Suicida, donde los malvados planes de los antagónicos nunca quedan del todo claros, tampoco la razón que los llevó a ese punto. La película cuenta los intentos de una agencia gubernamental por formar un equipo de “metahumanos”, así tengan que aprovechar a peligrosos criminales, y que esté preparado en caso de que Superman u otro loco decida que es momento de terminar con el planeta.

Así tenemos a Harley Quinn (Margot Robbie), la psiquiatra encargada de atender al Guasón/Joker (Jared Leto) que no puede evitar terminar emocionalmente atada a él; Deadshot, un criminal con corazón de oro que en realidad sólo quiere lo mejor para su hija; Killer Croc (Adewale Akinnuoye-Agbaje), un hombre con apariencia de cocodrilo; Diablo (Jay Hernandez), quien tiene poderes piroquinéticos, y otro par más que la película poco se molesta en definir.

El ruido antes del estreno de Escuadrón Suicida provocó que la cinta sufriera varios cambios, impuestos por el estudio, a la versión diseñada por el director David Ayer, quien acostumbra hacer melodramas más a nivel de calle, a ras de suelo, como lo demuestran End of Watch (2012) y Corazones de acero (2014). Los parches se notan porque la película intenta apuntar a todos lados sin establecerse del todo en un punto determinado. Todo el tiempo las acciones vienen acompañadas de una sensación de próxima explosión, aunque ésta nunca llega del todo, y de canciones ochenteras sacadas del catálogo de lugares comunes.

Menos aún, porque igual que los Cazafantasmas, el villano es apenas el esbozo de una idea. Cara Delevingne hace su mejor esfuerzo como Enchantress, tomando en cuenta que sus habilidades como actriz son nulas: por mostrarse amenazadora y competente frente a la máquina del apocalipsis, se aprecia idéntica a las demás y con las mismas cualidades difusas. Al menos Batman v. Superman tomaba rumbo al despeñadero bajo la visión de su creador principal: Zack Snyder.

Dos proyectos, que de haber tenido un buen villano, habrían salvado el repechaje, quizá no hubieran entrado como favoritos a la liguilla, pero en una de esas le metían un susto al primer lugar. No será.

 

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