Reuters.- El Supremo Tribunal Federal de Brasil rechazó el jueves la solicitud del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva para evitar una pena de cárcel mientras apela una condena por corrupción, en un fallo que probablemente termine su carrera política y profundice las divisiones en el país.

El voto decisivo que inclinó el 6-5 fue emitido por la jueza Rosa Weber, quien se opuso al pedido de Lula para evitar la prisión y comenzar a cumplir su condena de 12 años por aceptar sobornos. Su decisión selló el destino del expresidente izquierdista y puede ser encarcelado dentro de una semana.

Lula sigue siendo el político más popular de Brasil, a pesar de su condena y seis juicios pendientes por corrupción. Es el favorito en todas las encuestas de opinión para las votaciones presidenciales de octubre, pero su condena probablemente le impida postularse.

La decisión representa un duro golpe para la supervivencia política del primer presidente de clase trabajadora de Brasil, cuya carrera se hunde en medio de escándalos de corrupción que han sacudido a la clase política y especialmente a su Partido de los Trabajadores, que detentó el poder desde el 2003 hasta mediados del 2016.

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La sociedad brasileña sigue profundamente dividida después de que la sucesora de Lula, Dilma Rousseff, fuera acusada y destituida de su cargo como presidenta en medio de un escándalo de corrupción y una crisis económica.

La condena de Lula fue confirmada en una primera apelación. Según la ley electoral brasileña, un candidato tiene prohibido presentarse para cargos públicos durante ocho años después de ser declarado culpable de un delito.

Algunas exenciones se han hecho en el pasado, y la decisión final en el caso de Lula sería tomada por el máximo tribunal electoral del país siempre y cuando el expresidente presente oficialmente su candidatura.

 

Entre condenas y apoyos

Jueces de cortes inferiores, el principal fiscal del país y grupos empresariales instaron al máximo tribunal a cumplir con su propio fallo del 2016 que determinó que los acusados ​​pueden ser encarcelados si se confirma una condena en una primera apelación, como la de Lula a principios de este año.

Antes de esa decisión, las apelaciones en el sistema legal de Brasil podrían extenderse por varios años, garantizando la impunidad para aquellos que fueran lo suficientemente ricos como para pagar por innumerables apelaciones.

Desde el exterior, Lula recibió el apoyo del presidente venezolano, Nicolás Maduro. “No solo Brasil, el mundo entero te abraza @LulapeloBrasil. Duele el alma esta injusticia”, escribió el mandatario socialista en su cuenta de Twitter.

“La derecha, ante su incapacidad de ganar democráticamente, eligió el camino judicial para amedrentar a las fuerzas populares. Más temprano que tarde vencerá la Patria Grande”, agregó.

Lula vivió en su gobierno años de crecimiento robusto y una caída de la desigualdad durante un boom de las materias primas y ha dicho que quiere postularse nuevamente para la presidencia.

Sus seguidores ven la condena como una maniobra para evitar que regrese al poder. El Partido de los Trabajadores dijo que los recientes comentarios del comandante del Ejército, el general Eduardo Villas, ampliamente difundidos por los medios brasileños, habían ejercido una presión indebida sobre el máximo tribunal para que dictaminara en su contra.

Lula fue declarado culpable en agosto y condenado a 10 años de prisión por aceptar sobornos valorados en 3,7 millones de reales (1 millón de dólares) de la firma de ingeniería OAS. En enero, un tribunal de apelaciones confirmó por unanimidad su condena y aumentó la pena de prisión a 12 años.

 

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