Boton septiembre Forbes

En esta segunda entrega de nuestro tema de portada de septiembre de 2019, el empresario Juan Gallardo Thurlow, señala las ventajas que tendrá el T-MEC sobre el TLCAN y asegura que no se sacrificó al sector acerero en las negociaciones con Estados Unidos y Canadá

La venta del TLCAN se dio en condiciones desventajosas, y salió adelante. Cuando se lanzó por primera vez la iniciativa de un tratado comercial entre Estados Unidos, México y Canadá, a Juan Gallardo Thurlow le tocó explicar a empresarios por qué era viable el acuerdo, pese a no haber precedentes en el mundo, a las advertencias de que Estados Unidos pasaría por encima de México (con su enorme capacidad agrícola, por ejemplo) y a que, en suma, el mundo estaba, en ese entonces, mucho más encapsulado que ahora.

Él tenía a su cargo la Coordinadora de Organismos Empresariales de Comercio Exterior (COECE) para las negociaciones del TLCAN.

En ese tiempo, los grandes inversionistas se encaminaban a Europa del Este, atraídos por el fin de la Guerra Fría; por tanto, era un planteamiento contra-intuitivo, dice Javier Treviño, director de Políticas Públicas del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

T-MEC

Pero, si bien abrir negociaciones con un país en desarrollo, en un momento de recesión mundial, podría no tener mucho sentido para Estados Unidos, la mayor potencia del mundo, visto desde México era una gran idea, que no sólo abriría la economía, sino que pondría en orden los complejos temas de la relación bilateral con el poderoso vecino, agrega Treviño, quien, en ese momento, era el encargado de Información de la Embajada Mexicana en ese país, y de atender a la prensa nacional e internacional.

Haber convencido y materializado el TCLAN facilita las cosas al T-MEC. “Hoy, tenemos una plataforma mucho más certera, con compradores, aliados, socios, etcétera; una red ya construida”, dice Juan Gallardo Thurlow, un abogado de la Escuela Libre de Derecho nacido en San Diego, pero nacionalizado mexicano y acreditado para ser parte del Servicio Exterior Mexicano.

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Pero el T-MEC tiene sus propios aportes, según el empresario. Le da otra dimensión a Norteamérica y potencia su crecimiento, afirma… como quien deja en la anécdota la incertidumbre en que se sumió México cuando el presidente Donald Trump forzó a renegociar el TLCAN.

No cometer el mismo error

Pero hay viejas sombras que aún campean sobre el T-MEC, como los desacuerdos entre México y Estados Unidos en materia migratoria (por la visión de Trump), un asunto en el cual, a juicio de Gallardo Thurlow, México es corresponsable. Una postura del vecino país antes de firmarse el TLCAN era que México estableciera cuotas migratorias, pero los negociadores mexicanos no lo aceptaron, recuerda.

“Todos tenemos nuestras opiniones, así que la posibilidad de convencer en un sentido o en el otro son muy bajos”, dice, con relación al T-MEC. “Lo que está claro es que, después de dos años intensos, llegamos a un acuerdo que funciona. Eso es lo que nos vale al final del día.”

Los empresarios han entendido que el problema migratorio con Estados Unidos enseña que firmar con ellos un acuerdo comercial y no mantenerse al tanto de su evolución puede resultar demasiado costoso. En la relación bilateral siempre ha habido temas incómodos, como la migración y la inseguridad: todo lo relacionado con narcotráfico, tráfico de armas y de dinero, y la administración de la frontera.

Hay problemas que se resuelven y hay problemas que se gestionan, dice Treviño, y los de seguridad, narcotráfico y migración se gestionan, pues es muy difícil darles una solución final. Pueden gestionarse, sólo que eso significa una atención prioritaria diaria, puesto que no se pueden descuidar ni un momento.

“El primero de enero de 1994, cuando entra en vigor el TLCAN, después de toda la negociación, firma y demás, lo que seguía es que México hiciera la tarea en muchos temas; y, en efecto, en muchos la hizo, pero, en otros, no “, añade Treviño.

Esta vez, montaron ya una oficina en Washington que les fue de gran utilidad para cabildear a favor de la firma del T-MEC y, actualmente, para empujar su ratificación por parte del Capitolio, y se quedará ahí para darle seguimiento.

“La aprobación del T-MEC es la primera tarea [de la oficina]. La verdadera chamba es tener una red de aliados, contactos e información en todo Estados Unidos y Canadá, que nos permita detectar dónde podemos mejorar, errores a corregir y fricciones para que, entre los tres países, los vayamos resolviendo”.

El seguimiento también responde a ordenamientos contenidos en el T-MEC, como el capítulo de solución de controversias, que obliga a llegar a un proceso de corrección cuando alguno de los tres países se salga del camino.

Gallardo informa que ya hay un equipo base para hacer ese trabajo, pero que falta definir responsables por áreas y temas. Menciona a Kalach, Herminio Blanco (ex secretario de Economía, ex jefe negociador del TLCAN y fundador y presidente de IQOM, compañía de servicios de asesoría en comercio internacional), Jaime Zabludovsky (ex subsecretario de Negociaciones Comerciales de la Secretaría de Economía y actualmente vicepresidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales, Comexi) y a Sergio Gómez Lora (también ex funcionario del área de negociaciones comerciales de la Secretaría de Economía), actualmente director general de IQOM.

Foto: Angélica Escobar/Forbes México.

Juan Gallardo Thurlow menciona los puntos a favor del T-MEC. Foto: Angélica Escobar/Forbes México.

Lo que falta definir, agrega, es quién encabezará el grupo que monitoree la relación California-México, por ejemplo, o a la comunidad financiera de Nueva York. La red de aliados tiene que ser de naturaleza empresarial, pero necesitará tener extensiones hacia los actores relevantes de cada estado, tanto gubernamentales como de opinión. “Hay que irlo construyendo, y tenemos el tiempo y la vocación para hacerlo; ya entendimos qué hicimos mal”, dice Gallardo.

Es cierto que hay un elemento de riesgo que nos obliga a una supervisión, pero pensemos en lo positivo, en las otras cosas que podemos hacer que sucedan, y que no han sucedido ahora”.En julio pasado, por ejemplo, Gallardo Thurlow y el equipo que cabildea el T-MEC en Estados Unidos invitaron a directores de empresas mexicanas multinacionales, como Bimbo, Gruma y Alfa a una gira en Washington para explicar, en reuniones individuales con distintos interlocutores, incluidos congresistas, cómo tratan, en sus plantas en México y fuera de México, asuntos como las relaciones laborales y su trabajo con Pymes. “Ha sido perfectamente clara la inquietud acerca de si las condiciones de trabajo en México hacen que sea una desventaja o ventaja [hacer negocios con empresas del país]”, señala.

La posibilidad de actualizar el acuerdo cada seis años y de monitorear su desarrollo no existía en el TLCAN, pues, aun cuando había una comisión ejecutiva, operativamente funcionó muy poco, indica Gallardo Thurlow. “La ratificación [del T-MEC] es coyuntural; la oficina [en Washington] es para siempre”.

 

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