Trump también es una amenaza para los CFO de México

Foto: Yuri Arcurs / Getty Images.

Por César Martínez Aznárez

Menudo trabajo tienen por delante los Chief Financial Officer (CFO) mexicanos ante el panorama que se avecina. La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos agregó un factor de disrupción e incertidumbre de desenlace insospechado, a una perspectiva que ya era de por sí compleja y cambiante.

Cómo harán estos ejecutivos financieros para elaborar los planes y los presupuestos que deben presentar ante el CEO, los accionistas, el comité de finanzas del Consejo de Administración, los inversionistas o los acreedores bancarios, si las variables esenciales para poder elaborarlos con rigor son una incógnita.

Tasas de interés, tipo de cambio, inflación, crecimiento económico, demanda interna, exportaciones y eventuales impuestos a las ventas hacia Estados Unidos (EU), precios del petróleo, de los combustibles y de los principales insumos y materias primas, es decir, todo lo esencial, está en entredicho, y pronosticarlo con un nivel de confianza aceptable es casi una utopía.

Los observadores internacionales no descartan que Trump desate una guerra comercial con China y con México. Por ejemplo, había amenazado en campaña con eliminar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), al cual está atado el funcionamiento de la economía local en la actualidad.

Aunque el tono de beligerancia ha bajado ligeramente, la incertidumbre no. A finales de marzo pasado, su Ejecutivo planeaba informar al Congreso la intención de renegociar el TLCAN, cuya aprobación se estima habilitaría el inicio de las gestiones para inicios de julio próximo. Pero el secretario de Comercio, Wilbur Ross, también declaró que estimaba ese comienzo para finales de año.

Tampoco puede descartarse una guerra fiscal con México. Trump ha manifestado que bajará los impuestos para reactivar la planta productiva, y el canciller mexicano Luis Videgaray declaró ante el Senado que el gobierno estará preparado para responder con cambios fiscales. La guerra consistiría en atraer o mantener inversiones productivas mediante menores impuestos. Es otra variable fundamental e incierta para los CFO.

Por otro lado, la comunidad financiera da por descontado que las tasas de interés seguirán subiendo el resto del año, pero en cantidad de veces y en magnitudes que pueden cambiar. La Reserva Federal estadounidense estimó, en marzo pasado, que sus tipos de referencia, los que marcan la pauta internacional, aumentarán dos veces más en 2017 (tres en total en el año), pero no descarta que sea sólo una vez más, ni tampoco que sean tres (subidas de 25 puntos base, desde el nivel techo de 1% vigente en marzo).

En lo que va del presente año, el Banco de México ha elevado tres veces su tasa de referencia.

El 9 de febrero la aumentó 50 puntos base lo que la colocó en 6.25%, el 30 de marzo el incremento fue de 25 puntos y la ubicó en 6.50% y el 18 de mayo el alza fue también de 25 puntos que la colocó en 6.75%.

En la última encuesta de Citibanamex, la mayoría de los analistas (63%) esperaba que, en el resto del año, el Banco de México aumentara su tasa de referencia el equivalente a cuatro subidas de 25 puntos base, de modo que, al cierre de 2017, finalice en 7.25%, o más. Pero, además, son expectativas altamente dependientes de las noticias del norte

En resumen, el ritmo de aceleración del aumento de las tasas y el nivel que tendrán los distintos precios del dinero a lo largo del año es más incierto que de costumbre para los financieros.

Como una consecuencia directa para los CFO, hoy se ha tornado más complejo estimar el costo del financiamiento en el mercado de deuda y el costo de oportunidad del capital, variables cruciales para las decisiones de inversión en nuevos proyectos y, en su caso, de cómo financiarlos: si con ampliaciones de capital, emisiones de deuda o préstamos bancarios.

Comprar o no empresas, vender o no activos, contratar o no derivados para cubrir la variación del tipo de cambio o del precio de los energéticos y las materias primas y a qué valor de esas variables apostar, son todos dolores de cabeza que tendrán los financieros corporativos este año.

Su gestión estará sometida a una severa prueba. Siempre lo está, pero el escenario actual sugiere que es necesario agudizar el ingenio y la perspicacia al máximo para no cometer errores fatales.

 

Tasas como la espuma

Las tasas de interés ya subieron como la espuma el año pasado, con consecuencias en el costo financiero de las empresas.

La administración de la deuda, es decir, su contratación, con qué fuentes, en qué niveles, a qué plazos, tasas y condiciones, es un factor esencial en la vida de las empresas, y el director financiero es el responsable de esas decisiones o, al menos, de proveer la información para tomarlas.

Pocas empresas, como política, deciden no contratar deuda. De casi 150 compañías analizadas para elaborar el ranking “Los mejores CFO de México” (las que divulgan información suficiente), sólo tres adoptaron esa conservadora decisión y no tenían deuda financiera al cierre de 2016: Maseca, Sanborns y La Comer.

Si la tasa de interés de la deuda es menor a la rentabilidad del capital de la empresa, la teoría dice que, para los accionistas, es mejor financiar una parte de las necesidades de fondos con capital ajeno, porque ese apalancamiento elevará la rentabilidad; simple cuestión de cálculo. Además, generalmente los recursos que provee una deuda son los que permiten acometer proyectos (como los de crecimiento) que de otra manera no serían factibles por falta de capital.

El Banco de México decretó seis incrementos entre el 15 de diciembre de 2015 y el 16 de diciembre de 2016, de forma que su tasa de referencia pasó de 3% a 5.75% el pasado año (el periodo de análisis de la gestión de los CFO en este reporte).

Como consecuencia, la tasa de interés interbancaria de equilibrio (TIIE) a 28 días casi se duplicó en 2016: de 3.3% a inicios de diciembre de 2015, pasó a 6.1% al comenzar 2017. La TIIE es la principal referencia usada en la emisión de deuda corporativa en México, y sólo 35% de la deuda circulante está pactada a tasa fija.

Según cálculos de Citibanamex, en las deudas a largo plazo indexadas a la TIIE, el pago de intereses de las empresas durante 2016 aumentó casi al doble; y hubo emisoras que suspendieron colocaciones debido al incremento del costo del financiamiento.

Es una información ilustrativa de la ansiedad de los CFO por contar con pistas más precisas para estimar la evolución de las tasas de interés.

 

Amenazas de Trump

La otra mayor amenaza para la arquitectura financiera de los CFO es el tipo de cambio, y más aún para aquéllos que escogieron endeudarse en moneda extranjera.

Los analistas actualizan sus pronósticos casi a diario, pero lo que no pueden hacer es anticipar la magnitud de la eventual mudanza de inversiones desde México hacia EU, y su consecuente impacto en el tipo de cambio. Las amenazas de Trump, a inicios de año, con un supuesto impuesto fronterizo de 35%, doblegaron fácilmente a Ford y GM, que trasladaron inversiones de México a EU.

El caso extremo de las consecuencias es América Móvil, cuyas pérdidas cambiarias en 2016, cifra escalofriante, fueron mayores a 40,000 millones de pesos, ocasionadas por su deuda financiera en moneda extranjera, la más grande del sector privado.

Pero la mayor fuente de dudas puede provenir de los eventuales cambios en el comercio exterior con EU, por las especulaciones que se tejan en torno al futuro del TLCAN. Dentro de lo que puede esperarse, caben las conjeturas más extremas (incluida su desaparición), y es imposible predecir cuándo se resolverá y, por tanto, cuánto tiempo durará la incertidumbre y cuáles serán las consecuencias, tanto para las empresas exportadoras como las del mercado interno.

Para un responsable de la planeación financiera, cuanto antes se resuelvan todos estos asuntos, mucho mejor. Dentro de lo malo, lo peor es no saber cuán malo será. La palabra “incertidumbre” quizá sea la más repetida durante 2017.

 

Escrutinio severo

Este momento crítico llega en medio de un proceso de transformación del papel del CFO en el mundo. En un proceso iniciado hace algunos años, y según los últimos estudios de las consultoras especializadas, se está produciendo un ascenso de la figura del director financiero dentro de las organizaciones, pero también una mayor exposición a ser juzgados de modo más estricto.

Los avances tecnológicos trajeron nuevas herramientas, como los Big Data y la Analítica Predictiva, instrumentos que pueden ser usados para hacer estimaciones y reportes informativos de la situación financiera de la empresa.

Peter Wollmert, director mundial de Servicios de Consultoría en Contabilidad Financiera de Ernst & Young (EY), afirmaba, en noviembre pasado, en la página de la consultora, que los CFO batallan para aprovechar el mayor volumen y la velocidad actual de los datos disponibles, pero que muchos heredaron sistemas anticuados, que impiden extraer información prospectiva de grandes conjuntos de datos que, a su vez, cambian rápidamente.

Hay una brecha cada vez mayor entre lo que quieren obtener los consejos de administración de los accionistas y lo que pueden ofrecerle sus directores financieros. Hasta que sus reportes se pongan al nivel de los avances tecnológicos, los cfo seguirán estando en una situación comprometida, según Wollmert.

De 40 CFO mexicanos entrevistados para el reporte “The DNA of the CFO”, publicado por EY el año pasado, 73% reconoce que necesita un mejor entendimiento en tecnología digital, tecnologías inteligentes y en la sofisticación de la analítica de datos. De 760 ejecutivos financieros encuestados en todo el mundo, 58% admitió esa carencia.

 

Doble trabajo

Los expertos en gestión, por lo general, consideran a los CFO como la mano derecha de los directores generales (CEO), e incluso como candidatos a sucederlos.

Según esa encuesta de EY, entre los CFO de los países desarrollados, 17% aspira a convertirse en CEO, pero los financieros de los emergentes son más ambiciosos: 29% quiere ocupar el trono ejecutivo.

En el estudio “The View from the Top”, divulgado por KPMG a finales de 2015, 63% de 549 directores generales encuestados opinó que en el trienio 2016-2018 aumentará la importancia de los CFO con respecto a los demás directores. Pero 30% de los entrevistados dijo que los CFO no están a la altura del desafío, pues no entienden ni les ayudan lo suficiente con los desafíos que enfrentan en sus organizaciones.

Un estudio de la consultora Management Odgers Berndtson, publicado en julio pasado, entrevistó en España a 100 CFO y 100 directivos de otras áreas. Resultó que los otros directivos ven a los financieros alejados del negocio; los consideran poco innovadores, y burócratas rodeados de papeles que sólo analizan el pasado y no ayudan a tomar decisiones.

Si así los ven, doble trabajo para los CFO: enfrentar el contexto externo de incertidumbre y el interno de duras críticas.

 

Los CFO números

Y quiénes son los mejores

Una sólida formación en el uso de los instrumentos de análisis financiero (los tradicionales y los de nuevas tecnologías), experiencia en condiciones adversas, intuición y sentido común, están entre las virtudes necesarias para navegar este trayecto.

Los resultados financieros obtenidos, si bien no predicen el futuro, sí representan una medida real, medible y comprobable de sus capacidades.

Los directores financieros de mejor desempeño reciente, podría esperarse que sean los mejor preparados para enfrentar con éxito esta peligrosa etapa.

El ranking “Los mejores CFO de México 2017”, serie anual publicada por segundo año en Forbes México, se basa en el Índice de Eficiencia Financiera, elaborado con base en ocho indicadores, para el periodo 2016, con datos de S&P Capital IQ y de la Bolsa Mexicana de Valores (ver Metodología).

Luis Antonio Zetter, de Megacable, es el mejor CFO de 2017, al igual que el año anterior. En segundo lugar, está Alberto Arellano, quien compartió méritos en Lala con Gabriel Fernández, porque lo sustituyó en el cargo a mediados del año pasado. Fernando Suárez, de Volaris, es el tercer mejor director financiero. Raúl Cavazos, de Gruma, está en el cuarto lugar (sexto, en 2016), y Miguel Altamirano, de Accel, en el quinto puesto.

Alberto Sada, de Nemak, fue el sexto mejor CFO del ranking 2017; Eduardo Escalante, de Alpek, ocupa el lugar siete (diez, el año anterior); Claudio Del Valle, de Vitro, está en la posición número ocho; Enrique Guijosa, de El Puerto de Liverpool, está en noveno lugar (igual que en 2016); y Arturo Spínola, de Grupo Carso, completa los primeros 10 puestos (séptimo, el año anterior).

Del lugar 11 al 15 están Tomás Garza, del Grupo Lamosa (mismo puesto de 2016); Rodrigo Guzmán, de Mexichem; Luis Ramírez, del Grupo Bafar (17, el año pasado); José de Jesús Rodríguez, de Gas Natural de México; y Jorge Padilla, de Grupo Kuo (que comparte el lugar 15 con Marisol Vázquez-Mellado, a quien sustituyó el 1 de junio de 2016).

Los últimos cinco integrantes del ranking son, en orden: Antonio Zamora, de Genomma Lab; Ramón Leal, de Alfa (14, en 2016); Armando Ibáñez, de Inmuebles Carso; Gerardo Canavati, de Herdez (13, en el anterior ranking); y Salvi Folch, de Televisa (15, en 2016).

El perfil ganador

Las decisiones financieras o la generación de información para tomarlas son responsabilidad del CFO. Los resultados obtenidos son el fruto de esas decisiones, pero también son influidos por las características de cada organización, que pueden ser factor de encumbramiento de los mejores financieros corporativos.

Esta hipótesis conduce a investigar qué tipo de empresas son las de los mejores directores financieros. El perfil promedio es una empresa con más de 30 años en el mercado; que vende más de 1,000 millones de dólares al año; opera en Alimentos o en Conglomerados y se concentra en el mercado interno.

Los 20 mejores CFO se desenvuelven en 15 sectores diferentes, 60% concentrados en: Alimentos (25%), Conglomerados (15%), Medios y Entretenimiento (10%) y Química y Petroquímica (10%).

Un 55% dirige los destinos financieros de empresas grandes (ventas de más de 1,000 millones de dólares al año) y 45% de empresas medianas (entre 100 y 1,000 millones).

Sólo 15% de los mejores CFO está en empresas muy globalizadas (donde 70% de los ingresos o más proviene de subsidiarias en el extranjero), y 20% en compañías medianamente globalizadas (entre 30% y 70% de ingresos fuera del país). La mayoría, 65% de estos directores financieros, trabaja en compañías enfocadas en el mercado interno (más de 70% de las ventas).

Del total, 70% de los CFO pertenece a empresas de larga trayectoria (más de 30 años operando); 20% a compañías maduras (entre 10 y 30 años), y sólo 10% está en compañías jóvenes (menos de 10 años).

Otro factor clave, suele creerse, es la experiencia del cfo en el cargo; pero la evidencia no es concluyente.

De los 20 mejores directores financieros, la mitad tienen larga experiencia (seis años o más en el cargo dentro de la empresa). Un 20% tiene experiencia media (tres a cinco años), y el restante 30% tiene muy poca experiencia, con dos años o menos en funciones.

La conclusión de este ejercicio, en contra del sentido común, es que la experiencia en el cargo no es determinante de los resultados obtenidos.

Más allá de ese dato estadístico, no hay duda de que la experiencia le será de gran utilidad a los CFO en esta inédita etapa que comienza para la vida corporativa.

Las cosas han cambiado, con tasas de interés al alza, nuevas tecnologías y un giro inesperado en las reglas de juego debido a la irrupción de Donald Trump. Es un terreno nuevo que pondrá a prueba a los financieros corporativos mexicanos.

 

Metodología
El primer paso del proceso consistió en eliminar las empresas que no cumplieran con las siguientes condiciones: Deuda con Costo Total / Ebitda menor a 4 (mide la capacidad para el pago de la deuda); Activo Corriente / Pasivo Corriente mayor a 1 y menor a 2.5 (Razón Corriente: es la relación entre los activos convertibles y los pasivos exigibles en menos de un año); Gastos Financieros Totales / Deuda Promedio del periodo menor a 7.5% (es la tasa de interés implícita pagada por la deuda); Ebitda / Intereses Pagados mayor a 3 (Cobertura de Intereses); Deuda Financiera Total / Capital Propio menor a 2 (200%, Apalancamiento); Deuda con costo mayor a 0. No se consideraron las empresas financieras ni las de gobierno.
De las empresas que libraron esas exigencias, se escogieron las 20 con mayor rentabilidad sobre el capital invertido (ROIC), que se calculó como la utilidad operativa neta de impuesto a la renta (tasa ficticia de 37.5%) / capital propio más deuda financiera promedio del periodo.
Para construir el Índice de Gestión Financiera de esas 20 empresas, se usaron 5 indicadores: Deuda / Ebitda; Tasa de Interés Implícita; Cobertura de Intereses; Periodo de Cobro Neto de Periodo de Pago y ROIC. Se asignó un puntaje de 1 a 20 a cada uno de los 5 indicadores para cada empresa, del modo siguiente: 20 puntos al mejor registro, 19 al segundo mejor registro y así sucesivamente a todas las empresas hasta otorgar 1 punto al peor registro de las 20; luego se sumaron, para cada empresa, los puntajes individuales de los 5 indicadores. Esa suma es el puntaje obtenido por cada empresa para el Índice de Gestión Financiera.
Cuando varias empresas obtuvieron el mismo puntaje, se ordenaron en el ranking en función de la rentabilidad.
No existen niveles óptimos únicos o sobre los que haya unanimidad para estos indicadores. Existen opiniones, y diferentes, de académicos, analistas y calificadoras, y los estándares varían en función de diversos factores, como el tamaño de la empresa. Los niveles exigidos en este examen se fijaron considerando los más aceptados para las empresas mexicanas, con los criterios apropiados para este ejercicio en particular, y que fueran acordes con las recomendaciones más frecuentes.
Periodo de Cobro Neto de Periodo de Pago son los días promedio que la empresa tarda en cobrar a los clientes, menos los días promedio que se tarda en pagar a los proveedores, es decir, la parte del ciclo de caja en que más influye la dirección financiera. Cuanto menor sea ese periodo, menores son las necesidades de financiamiento.
El límite de Tasa de Interés Implícita de 7.5% se fijó tomando en cuenta que la Tasa de Interés Promedio cobrada por los bancos en México en los prestamos corporativos fue de casi 6.5% promedio en 2016, y que el promedio de lo que en esta investigación llamamos Tasas implícitas fue cercano al 8.4% (promedio de todas las empresas de las cuales había información disponible en la base de datos utilizada). Se tomó el punto medio entre ambas tasas, 7.5%, como límite máximo.
El Índice de Gestión Financiera fue diseñado y elaborado por el autor de este reporte, con información de la base de datos de S&P Capital IQ y de la Bolsa Mexicana de Valores, referida a los resultados de 2016.