Confieso que yo no leí completo el contrato de mi seguro de auto y probablemente tú no lo hiciste con el de tu tarjeta de crédito.

La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) califica la transparencia de las instituciones financieras y sus productos, revisa las cláusulas abusivas de los contratos e incluso tiene un Buró de Entidades Financieras donde puedes revisar cuántas quejas tiene una compañía, las sanciones que ha recibido, cómo es la atención a los usuarios, entre otra información.

Por otra parte, el Banco de México tiene una serie de guías que te explican algunos conceptos muy básicos relacionados con productos y servicios financieros (como la fórmula que constituye el CAT, por ejemplo).

Otras instituciones como la Profeco y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores también están pendientes y te ofrecen recursos para que tomes decisiones informadas.

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Esos datos son gratuitos y los puedes encontrar en internet (aunque no tan fácil como crees). Y todo eso está muy bien, excepto por dos razones:

– Que no es información sencilla o no está presentada de manera simple y clara.
– Que como consumidores no nos preocupamos por leerla y mucho menos por entenderla.

Más allá de la transparencia acerca de la liquidez y el endeudamiento de los bancos –a lo que también debemos estar atentos– está la transparencia de lo que nos afecta directamente todos los días: si nos están cobrando una comisión escondida o nos “impusieron” alguna obligación injusta en la letra chiquita.

Es cierto que los bancos y aseguradoras tienen la responsabilidad de explicarnos y transparentar sus servicios; también es verdad que faltan más mecanismos para hacerlos cumplir con esto de manera real, sin explicaciones enredosas ni términos demasiado específicos. Sin embargo, a nosotros nos toca exigirlo o al menos usar los pocos recursos que ya existen.

Mis recomendaciones para que tomes responsabilidad como consumidor y aproveches la transparencia son:

  1. No te dejes llevar por la prisa que traen los vendedores: Hazle todas las preguntas que quieras a tu asesor financiero o vendedor de seguros. Tómate el tiempo necesario para leer el contrato cuidadosamente, anota tus dudas y pregúntaselas a algún experto antes de firmar.
  2. Si te es muy complicado encontrar la información, probablemente no te conviene ser cliente de esa institución: Muchas veces los sitios de internet o los folletos informativos son complicados por falta de estrategia y muchas otras lo son porque hay una estrategia. De cualquier manera, si es difícil conocer la información hay un obstáculo que bien puede ser la alerta para que no te quedes ahí.
  3. Reconoce que tu dinero, tus datos o tu firma son muy valiosos como para dárselos a cualquiera: Estas 3 cosas tienen valor para ti y para las empresas, así que ten cuidado y sé inteligente respecto a dónde o con quién las dejas.

La próxima vez que te apuren para firmar el contrato, pregúntate: ¿estás vendiendo tu alma entre líneas?

 

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