Desde la década de 1940, el comercio internacional se convirtió en una piedra angular de la política estadounidense; era de las pocas cosas en las que por más de medio siglo, los tres poderes estaban de acuerdo. En 2016, la historia cambió con la elección de Donald Trump como presidente. Más aún, de entre todas las opiniones y ambigüedades que mencionó en su campaña, su visión en contra del comercio internacional quedó muy clara.

Para muestra basta un botón: El presidente electo comenzó una confrontación con el fabricante de aires acondicionados “Carrier” para “evitar” que se llevara empleos a México. Lo que Trump no quiere que el público sepa es que Carrier tomó la decisión como parte de su estrategia para invertir en maquinaria de automatización, por lo que, en el futuro, esos empleos desaparecerán de cualquier forma. Esto demuestra que Trump no entiende sobre las tendencias mundiales en la industria manufacturera.

Al analizar con más detenimiento estos hechos, podemos encontrar complejos fenómenos de fondo. En este caso, el enfoque radicará en la relación entre comercio, tecnología y empleo. En esta coyuntura vale la pena preguntarse, ¿qué nos dice la historia de Carrier más allá de los dichos de Trump? ¿Tiene el comercio internacional toda la culpa del desempleo entre obreros y otros trabajadores de cuello azul? ¿Qué aprendizajes hay para México en esta historia?

 

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Economía: ¿verdad o percepción?

Durante su campaña, Trump hizo gala de su estilo “políticamente incorrecto” y de pronunciamientos grandilocuentes tales como amenazar a Ford de gravarlos con impuestos por importar si movían su producción a México, renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, abandonar el Acuerdo Transpacífico, e imponer aranceles sobre China en caso de no abandonar supuestas actividades ilegales.

Sin embargo, muy pocas de sus amenazas vienen de fundamentos reales. Existe poca evidencia de que el comercio con México es un contribuyente relevante en el tipo de problemas de la economía estadounidense. Siendo justos, la situación es más compleja, pues hay muchas variables que se entrecruzan para llegar a los efectos actuales: educación, ingresos, empleo, productividad, entre otras.

El discurso de Donald Trump sedujo a las áreas menos productivas (representan apenas 36% de la actividad económica) de los Estados Unidos, por lo que a bote pronto se etiquetó a los votantes del magnate como personas ignorantes, de poca educación, improductivas y a las que Trump timó. Estas ciudades de alta desindustrialización han visto el ocaso de diferentes industrias que otrora les enorgullecieron: siderúrgica, aluminio, papel, hule, caucho, automovilística, fotografía analógica, televisión abierta, manufactura de electrodomésticos, entre otros.

La realidad del día a día que Trump no quiere ver es que los trabajos en estas industrias se han perdido debido a que las fábricas de manufactura se están volviendo centros digitales con inversiones en equipo avanzado, automatización, y robots para disminuir los costos de producción y así permanecer competitivos en la industria global.

 

El Show de Trump llega a Carrier

Para ejemplificar mejor lo explicado en los párrafos anteriores, podemos observar los hechos del caso Trump con Carrier, compañía que principalmente manufactura aires acondicionados:

  • En febrero pasado, United Technologies anunció que enviaría a Monterrey 1,400 empleos de la planta Carrier de y 700 de la planta de United, ambas ubicadas en Indiana. Por otro lado, se quedarían 300 empleos de ingeniería en Carrier y 100 en United.
  • Trump pidió boicotear a Carrier y al poco tiempo de ganar las elecciones, anunció que “negoció” con Carrier y que había rescatado 1,100 empleos.
  • Detalles emergieron que Trump ofreció 7 millones de dólares (mdd) en incentivos fiscales para la próxima década patrocinados por el estado de Indiana, donde Mike Pence, compañero de fórmula de Trump, aún es gobernador.
  • El director de Carrier corrigió a Trump y dijo que finalmente “sí se salvaron” 730 empleos. Esta cifra incluye tanto empleos obreros “salvados” como otros de investigación y desarrollo como se iban a quedar en Indiana, nunca peligraron realmente. Por otro lado, 550 empleos para producción de hornos de carbón irían a México.
  • El director de United Technologies confirmó que el acuerdo con Trump le permitirá invertir 16 mdd en la planta, principalmente para automatizar los procesos de manufactura. Al final del día, se llevarán 550 empleos a México para ensamble de ventiladores-radiadores, y la automatización hará que desaparezcan cientos de empleos en la planta de EU.

Meter este tema en la agenda fue un gran golpe de efecto para Trump, quien además hizo un evento en la fábrica para mostrar que antes de asumir como presidente, ya está dando resultados. Este tema tuvo gran éxito tanto entre su base de votantes y en el humor nacional: 46% de estadounidenses señalaron en una encuesta que Trump ya está previniendo que los empleos se vayan a otros países y en otra medición, 60% de los votantes dijo que el trato les da una opinión más favorable del magnate.

 

Ganar-Perdiendo: El falso éxito

Habría que precisar que las plantas no estaban cerrando porque Carrier perdiera dinero o por la obsolescencia de los productos.  Éste fue un ejemplo más de la disminución de costos que permite el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, donde el modelo empuja a que Estados Unidos aporte know-how de valor y México contribuya con salarios bajos: ”Carrier en Indiana paga $30 dólares por hora a sus trabajadores, acá la paga a 3 dólares la hora.”

Hay que destacar que un golpe de efecto en relaciones públicas como el que ha tenido Trump “el activista” no es en definitiva una política económica ni industrial. Tampoco salvar 500 o mil empleos a la vez es una estrategia sostenible en un país de más de 325 millones de personas. Lo que Trump logró con este acuerdo es generar malos incentivos: el acuerdo de naturaleza común, no dio a conocer todos los detalles negociados, dejó de recibir impuestos de una empresa que sí podía pagarlos y no cambió las cosas de fondo.

Pero la mejor conclusión fue esbozada por Bernie Sanders: “Trump ha puesto en peligro los empleos de trabajadores que antes estaban seguros. Le acaba de enseñar a cada empresa que pueden amenazar con llevarse trabajos del país a cambio de recibir beneficios e incentivos fiscales. ¿Y quién va a pagar esos incentivos?  La clase trabajadora.”

 

Es la tecnología, estúpido

De acuerdo con Brookings, el sector manufacturero se ha vuelto significativamente más productivo en las últimas décadas, como se puede ver en la siguiente gráfica. Por un lado, la línea roja muestra el número total de empleos en el sector manufacturero, revelando que, a través del tiempo, ha disminuido la cantidad neta de empleados en el sector. Por otro lado, la línea azul, que en 1980 coincidía con la línea roja, muestra la productividad del sector. Así, hoy en día la manufactura es hasta 2.5 veces más productiva que hace 35 años, y para ello requiere menos trabajadores.

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Finalmente, las barras grises muestran un firme declive en el número de trabajadores requeridos para crear 1 mdd en bienes manufacturados: antes se necesitaban 25 empleados y hoy sólo se requieren 6.5. Así, el daño económico que hubo en ciertas comunidades y la posterior ira de sus poblaciones, no fue por el comercio global tanto por la automatización. Para entender esto tangiblemente, sólo hay que imaginar la cantidad de veces que una fábrica ha despedido trabajadores en los últimos 35 años porque “compraron una nueva máquina y ya no necesitan tanta gente.”

Trump tendrá muy difícil cumplir sus promesas porque estos hechos muestran que:

  • Los empleos de hoy no son iguales a los de hace décadas que comenzó la globalización.
  • Buena parte de los empleos se perdieron porque ya los hacen máquinas o robots.
  • La tendencia de automatización por tecnología es imparable, no importa cuántos acuerdos secretos haga Trump con las empresas.

 

Revolución Industrial, por cuarta vez

De acuerdo con el Foro Económico Mundial, en los próximos cinco años se perderían entre 5.1 y 7.1 millones de puestos de trabajo, únicamente en los 15 países más industrializados. La automatización y las nuevas tecnologías como robótica, inteligencia artificial, la impresión 3D y la nanotecnología tendrán una mayor incidencia en la destrucción de estos empleos, pero crearán otros 2 millones para las áreas de Ciencias, Tecnologías, Ingenierías y Matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés).

Más perjudicados resultarán los países no desarrollados, que, como los latinoamericanos, mantienen sus economías sobre trabajos mal pagados que requieren poca capacitación. Conforme avancen las capacidades y disminuyan los costos de los robots y la tecnología, los bajos salarios dejarán de ser una base competitiva.

Para contrarrestar estos efectos, se necesitará que los países cultiven una población con imaginación orientada a la innovación, al tiempo que mejoren sustancialmente la educación que ofrecen en las áreas STEM. De acuerdo con Comisiones Obreras, 75% de los oficios y profesiones futuras aún no existen, pero estarán relacionados con sistemas informáticos, la gestión de datos, seguridad informática, sistemas robóticos, entre otros.

 

Conclusión: Crisis, también oportunidad

Las acciones de Trump son una agresiva regresión con ideas de las décadas de los 1950s y 1960s. El modelo que ha elegido, además de tener poco potencial, dará resultados con lentitud. Por el contrario, la manufactura de esta época es mucho más cercana a la que enarbola Elon Musk, cuyas tecnologías frontera requieren apenas 1.6 trabajadores para generar 1 mdd de valor.

Entre las acciones que Trump deja a México como lección sobre lo que se puede hacer y no, se encuentran:

  • Entender que la manufactura actual es llevada a cabo cada vez más por robots que por personas, y que el comercio no tiene la culpa de esto.
  • Por tanto, acentuar capacidades donde el ser humano sí brilla: toma de decisiones, pensamiento crítico e innovación.
  • Mejorar la calidad educativa, especialmente la de las áreas STEM.
  • Establecer seguros por bajos salarios, además por desempleo.
  • Aumentar la urbanización y el acercamiento de las cadenas productivas.
  • Establecer mecanismos formales de trabajo conjunto y de toma de decisiones gubernamentales con las comunidades para desarrollar mejores políticas locales.
  • Enfocarse en industrias y no en empresas concretas.
  • Las victorias de corto plazo pueden dañar severamente las de largo plazo.
  • Dar a los trabajadores capacitación relevante y enfocada en industrias de rápido avance tecnológico para que estén listos para las fábricas digitales.
  • En el caso de trabajadores desplazados, es más importante establecer seguros temporales de desempleo, programas enfocados en capacitación y en apoyo para transición entre industrias, que pensar en restablecerlos por presión política.
  • Diseñar los tratos entre el sector público y privado más holísticamente, de forma que los beneficios transformen los clústeres, las comunidades y poblaciones.
  • Endeudarse para invertir en la industria, ahora que todavía hay tasas bajas.

Quizá la lección más importante para México es que tenemos síntomas de trabajadores inconformes con experiencia en industrias decadentes y sobretodo, de empleados mal pagados. Las soluciones que se requieren son de fondo. La estrategia de Trump es un paliativo psicológico, pero al no ser una solución viable en el largo plazo, resultará en que el paciente busque drogas más fuertes y agresivas, con efectos colaterales aún más peligrosos.

 

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