La telemedicina nos lleva a una transformación fascinante y de un tamaño tan enorme como hicieron el cine, la televisión y la música. Un futuro prometedor y excitante se abre frente a nosotros.

 

Por Andrés Arell-Báez

Internet y la tecnología digital han transformado, por completo, aquellos sectores de la economía en donde su uso se ha convertido en una herramienta de trabajo y producción. Tal vez los más sonados sean la música, la imprenta, el comercio y el cine. Para bien, y para mal, ambos elementos han sido los germinantes de una revolución capaz de transformar hasta los mismos cimientos de las industrias donde se insertan. El mundo médico ha sido el último de éstos en empezar a innovar drásticamente gracias a ellos, generando una creciente y fascinante rama productiva denominada “telemedicina”.

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Astrid Vivas, CEO de Greicom, empresa encargada de la prestación de servicios de telemedicina, nos cuenta que esta rama “nace de la necesidad de prestar los mejores servicios clínicos a personas que, por su ubicación geográfica, no tienen acceso a ellos. Por medio de Internet, un avanzado uso de software y un especial equipo biomédico, todo ubicado en un módulo de telemedicina, un doctor puede hacer una completa consulta a un paciente emplazado en algún lugar remoto, haciendo diagnósticos, tal como si estuviera con él en el mismo espacio”.

Como todo desarrollo humano que beneficia al hombre, esta área de la economía, que hoy está tomando fuerte impulso, tiene un pasado marcado y un futuro prometedor. “Podríamos decir que la primera consulta de telemedicina que se hizo fue con una llamada telefónica entre un paciente y su doctor. Luego tuvimos las consultas por Skype. Lo que estamos haciendo ahora es la evolución de esto. Ahora les permitimos a los médicos hacer exámenes, tomar muestras y ver órganos internos a distancia. La tecnología permite que los doctores hagan trabajos de dermatología, de ginecología, otorrinolaringología, pediatría, cardiología, radiología y medicina interna, a cientos de kilómetros, a personas que, si no fuera por estos medios, sencillamente no tendrían acceso a ella o lo tendrían, pero de manera más costosa y difícil.

“Lo que buscamos es poder llevar un médico virtual a cada rincón y, en el futuro, a cada hogar, acortando tiempo y costos. La manera como lo hacemos es que instalamos un módulo de telemedicina en cualquier vereda o pueblo, lo conectamos a Internet, con todos los periféricos médicos, software y la computación adecuada, en los que un paramédico, quien ha recibido un entrenamiento previo en el manejo de la tecnología, recibe las órdenes de un doctor que le indica los pasos a proceder para atender al paciente y ofrecerle el mejor tratamiento posible.”

En un principio, los módulos de telemedicina son usados por empresas que necesitan tener un doctor a la mano, sin importar dónde se encuentren, pues por su tipo de actividad están alejados de los centros médicos. Piénsese en el caso de compañías petroleras, gasíferas, mineras, cuyos empleados deben estar ubicados en zonas alejadas de los grandes centros urbanos, y que por sus actividades deben hacer correr riesgos a sus empleados. Con ellos es que ha venido trabajando Astrid. “Este año estamos arrancando procesos con una de las más grandes empresas en el país, con la que concretaremos la instalación de entre 30 y 40 módulos de telemedicina. También tenemos la instalación de varios módulos en Nigeria.” Un logro significante, por supuesto, más si tenemos en cuenta que el costo de cada estación oscila entre los 30,000 y 100,000 dólares.

Por los actuales costos de la telemedicina, que los hacen prohibitivos para la gran mayoría, éste es un sector con todas las características de lo que en teoría económica se conoce como una industria naciente, que requiere el apoyo del Estado para su desarrollo, dado que su futura existencia es un beneficio para todos, tal y como son las energías limpias, por dar un ejemplo. “Actualmente, además de las fuerzas militares, el mayor uso de la telemedicina lo hacen los gobiernos, pues es la mejor manera de llevar atención médica a todos los rincones de sus países, de una forma más económica y productiva. Gracias a los trabajos en los módulos se evita el transporte de pacientes o médicos en un gran porcentaje, sólo teniendo que movilizarse cuando sean casos de estricta necesidad. México e India, país este último donde hay un satélite de uso exclusivo para la telemedicina, son grandes pioneros en la materia”.

Asimismo, es un sector que genera importantes barreras a las entradas para futuros competidores, por lo que las inyecciones del sector público son necesarias para generar economías de escala que hagan los procesos de inversión más pequeños y los tiempos de recuperación más rápido. Greicom, indica Astrid, “es una empresa que trabaja el proceso de manera integral: hay que ofrecer la posibilidad de instalar el módulo, pero también de colocar Internet donde no lo haya, de hacer acercamientos entre las empresas y el equipo médico, quienes, además de ser profesionales en su materia, deben estar preparados para el manejo de la tecnología, previa capacitación nuestra. Es un servicio que en este momento, cada uno de sus componentes, tenemos que ir construyéndolo, porque sencillamente no existen”.

Es, sin duda alguna, una industria entera que se está edificando con visionarios que la están consolidando paso a paso. Pero al igual que el internet o la telefonía celular, que han superado su condición primaria de funcionamiento, la telemedicina se muestra como un actor que cambiaría por completo la industria médica. En palabras de Astrid, “a futuro, según indica la historia, los costos tecnológicos bajarán de manera exponencial, haciendo posible que todo el mundo pueda llegar a tener un doctor virtual en su casa, evitando trasladarse a un hospital, hacer filas eternas o esperar horas por la atención médica domiciliaria”.

Tal vez los más animados con el desarrollo de la telemedicina sean los mismos prestadores de servicios. Astrid cree que “dentro de poco tiempo será una realidad que un doctor se levante en la mañana, vaya a su computadora y atienda a pacientes de todo el planeta, entregándoles diagnósticos tal y como si estuvieran en su oficina. Hoy, algo similar sucede con la ‘telecirugía’, en la que un paciente es operado por un robot que está siendo comandando por un doctor ubicado en otro continente, con resultados impresionantes”.

Algo realmente apasionante está construyéndose con este modelo de negocio. En gran parte, los ciudadanos estamos limitados a los servicios médicos que nos ofrezcan nuestros lugares de residencia; con la telemedicina, el mercado clínico sería, por primera vez, uno realmente global, con una oferta de doctores de todos los países disponibles para los pacientes, y unos doctores compitiendo por atraer pacientes de cualquier parte del globo, generando un fuerte impacto en las empresas aseguradoras y prestadoras de servicios relacionadas con la medicina. Sin duda alguna, una transformación fascinante, y de un tamaño tan enorme como las que tuvieron el cine, la televisión y la música. Un futuro prometedor y excitante se abre frente a nosotros.

 

Andrés Arell-Báez es escritor, productor y director de cine. CEO de GOW Filmes.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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