Analistas y autoridades brasileñas prevén que el aumento de turistas dispare la prostitución infantil, a medida que más niñas y mujeres sean reclutadas para satisfacer la demanda local y de extranjeros.

 

Reuters

 

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FORTALEZA, Brasil – La Copa Mundial del 2014 será una oportunidad para que Brasil muestre su nueva estatura de potencia emergente con un mes de fútbol y espectáculo.

Pero las autoridades brasileñas temen que dispare también la prostitución infantil, a medida que más mujeres menores de edad sean reclutadas para satisfacer la demanda de hinchas locales y también extranjeros.

“Estamos preocupados con que la explotación sexual aumente en las ciudades sede y alrededor de ellas”, dijo Joseleno Vieira dos Santos, coordinador de un programa contra la prostitución de menores en la Secretaría de Derechos Humanos de la presidencia de Brasil.

“Estamos tratando de coordinar esfuerzos lo más posible con los gobiernos de las ciudades para entender la magnitud del problema”, añadió.

En Brasil la prostitución infantil es mayormente impulsada por la demanda local. Según cifras de la Secretaría de Derechos Humanos, más de un 75% de los clientes provienen de los mismos estados o estados aledaños a los de sus víctimas.

En las grandes ciudades a lo largo de la costa atlántica hay turistas en busca de menores, un problema que según los expertos se agrava durante grandes eventos como carnaval o las fiestas de fin de año.

Y las autoridades brasileñas temen que lo mismo ocurra con la Copa Mundial, a medida que trabajadores sexuales de todas las edades y proxenetas busquen aprovechar la oportunidad.

La Asociación de Prostitutas de Minas Gerais, uno de los mayores estados de Brasil, está incluso ofreciendo clases de inglés gratuitas en Belo Horizonte, otra de las ciudades sede.

“Seguro que va a haber mucha más gente circulando por esta área durante los juegos y la ciudad estará llena de turistas”, dijo Giovana, un travesti de 19 años que trabaja en una esquina cerca del estadio Castelão de Fortaleza.

“Sé que habrá trabajo para todo el mundo: mujeres, niñas. Todo el mundo”, añadió.

 

Mucho dinero

La Copa Mundial atraerá a unos 600,000 turistas extranjeros a Brasil, que gastarían unos 25,000 millones de reales (11,000 millones de dólares (mdd)) en el país, según cálculos de la oficina de turismo Embratur.

El torneo podría inyectar hasta 113,000 millones de reales a la economía brasileña en el 2014, según lo que ha dicho la FIFA citando un estudio de Ernst & Young.

Cuando la pelota eche a rodar, Brasil habrá invertido unos 33,000 millones de reales en estadios, transporte y otras obras de infraestructura, financiados en gran medida por el banco estatal de desarrollo BNDES.

En contraste, poco parecería estar siendo invertido para combatir la explotación sexual de menores, según activistas.

Pese a más de una década de promesas gubernamentales de erradicar la prostitución infantil, el número de trabajadores sexuales menores de edad se mantuvo en el 2012 en torno a medio millón, según cifras del Foro Nacional de Prevención del Trabajo Infantil, una red de organizaciones no gubernamentales.

Eso representa un fuerte aumento respecto al 2001, cuando según UNICEF 100.000 niños eran prostituidos en Brasil.

La Secretaria de Derechos Humanos ha asignado 8 millones de reales para montar proyectos contra la prostitución infantil en las sedes de la Copa, pero no todas disponen de programas para absorber los fondos, dijo Santos.

Su departamento está revisando el cuadro de prostitución infantil en algunos lugares claves de Brasil y decidirá qué acciones tomar. Pero cualquier programa estará apenas arañando la superficie del problema.

“Nos damos cuenta de que con estas acciones para la Copa Mundial estamos apenas tocando la punta del iceberg, pero esperamos desarrollar capacidad de implementar programas duraderos en el futuro”, dijo.

Más allá de la Secretaría de Derechos Humanos, nadie en el Gobierno parece capaz de ofrecer datos sobre el dinero destinado a combatir la prostitución infantil. Pero los activistas dicen que algunos programas fueron cerrados y aseguran que las autoridades no están haciendo lo suficiente para enfrentar el problema.

“Este tema no es realmente parte de la agenda del Gobierno y no vemos ninguna voluntad de combinar esfuerzos o de incrementar los recursos para enfrentar la explotación sexual de los niños”, dijo Denise Cesario, gerente ejecutiva de la Fundação Abrinq, un asociado local de la ONG Save the Children International.

 

Fortaleza

Hay turismo sexual en todo Brasil. Pero Fortaleza, cuyas playas de arena blanca y 300 días de sol garantizado al año seducen a cientos de miles de turistas al año, es el principal foco de la industria.

Una cultura de machismo, combinada con pobreza extrema y el uso de drogas, ha creado un ambiente ideal para la explotación sexual, dicen trabajadores sociales como Cecilia dos Santos Góis, del grupo de derechos infantiles Cedeca.

En los empobrecidos y áridos alrededores de Fortaleza ha habido casos de padres que vendieron a sus hijas a proxenetas, dice Góis.

Una línea telefónica de denuncia de prostitución infantil recibe más llamadas de Fortaleza que de cualquier otra ciudad brasileña sobre una base per cápita, dicen los expertos.

Y aunque el turismo sexual internacional abunda en esta ciudad, representa apenas un tercio de los casos reportados. Fiscales dicen que es mucho más común que los clientes sean brasileños de Ceará u otros estados adyacentes.

Muchas de las jóvenes prostitutas de Fortaleza venden su cuerpo para escapar de la miseria. Jessica, de 16 años, alta, pelo marrón, cejas depiladas y uñas pintadas de celeste, comenzó a prostituirse con clientes locales ganando unos 18 dólares por noche. Luego pasó a trabajar en clubes y con grupos de turistas por unos 90 dólares diarios.

La policía la arrestó en septiembre durante el allanamiento de un club en la playa de Iracema, el epicentro del comercio de sexo en Fortaleza. La llevaron a uno de los cuatro refugios para prostitutas menores de edad, una discreta casa de dos pisos a la que se accede sólo a través de una puerta con una reja vigilada 24 horas al día por guardias de seguridad.

 

Esperando un príncipe

Sentada en la pequeña habitación que comparte con otras tres chicas menores que ella, Jessica contó que un cliente habitual, un español, le había prometido llevarla a Europa.

“Le dije que tenía 18 años y estaba sacando mi pasaporte”, dijo Jessica, metiendo una blusa con los colores del arco iris en unos pantalones de licra verdes y amarillos. “Pagué 500 reales por un carné de identidad falso y estaba ahorrando dinero para un pasaporte falso. Pero al final tuve miedo de ir”.

Los proxenetas y clientes rara vez son castigados y cuando los fiscales logran construir un caso, las víctimas muchas veces cambian su testimonio, echándolo todo por tierra, dice Francisco Carlos Pereira de Andrade, un fiscal especializado en explotación de menores.

De los 2,000 casos llevados ante su departamento, que sólo se encarga de procesos de violencia sexual contra niños, apenas 20 involucran prostitución infantil.

Y la cara del turismo sexual en Fortaleza está cambiando, lo que hace más difícil atrapar a los criminales, dice Andrade.

En lugar de trabajar en las calles, las niñas son hoy en día reclutadas por organizaciones de proxenetas, gerentes de hotel y taxistas. Cuando un cliente extranjero pide una prostituta menor de edad, la muchacha es enviada directamente a su hotel, dijo el fiscal.

Vanessa tenía 13 años cuando la policía la recogió en octubre no lejos del estadio y la llevó al mismo refugio donde está ahora Jessica.

Había abandonado su casa en un barrio pobre cuando tenía 10 años, después de que su padrastro comenzó a pegarle, contó. Desde entonces ha vivido principalmente en las calles, yendo de vez en cuando a los refugios pero pasando las noches con sus clientes, a algunos de los cuales llama amigos.

El 2 de noviembre entró a un cuarto de servicio del refugio, tomó una escalera y trepó el muro de unos 2.5 metros de altura que rodea el edificio, contó Leonora Albuquerque, una de las coordinadoras del centro. Convenció a otras dos niñas, de 12 y 13 años, que la acompañaran hasta el estadio cercano. Fue su cuarta fuga en menos de seis meses.

“Es muy difícil convencer a estas niñas de que lleven vidas normales”, explicó Albuquerque. “La mayoría de ellas piensa que los abusos y vender sus cuerpos son, sencillamente, parte de la vida”.

 

 

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