Vivimos bajo un bombardeo constante de violencia. No hay manera de escapar de sus resultados, lo vivimos o somos testigos (próximos o distantes) de sus efectos. El país ha pasado por una transformación, no es que antes no hubiera hechos violentos, estos daban la apariencia de estar contenidos, lejanos de nuestro centro de acción. La dinámica cambió y nosotros también lo hicimos, la única manera de seguir con nuestra vida diaria fue blindarnos, abrirle la puerta a la insensibilidad como método de supervivencia. Por algo el cineasta Everardo González dice que le abrimos la puerta al diablo.

Ante una abundancia de información violenta y el subsecuente distanciamiento del público, los directores mexicanos han debido explorar nuevos caminos para seguir hablando de la situación del país sin recurrir a los lugares comunes de la nota roja o los medios amarillistas, necesitados de subir la cuota de sangre para mantener la atención de su audiencia. La apuesta principal, parece ser, involucra a la poesía misma de la imagen cinematográfica y sus efectos profundos en el sentir humano.

La documentalista Tatiana Huezo opta por ese camino en Tempestad, su trabajo más reciente, donde dos mujeres cuentan la pesadilla que vivieron a manos de la “justicia” mexicana y/o la forma en que la violencia cambió de manera permanente sus días. Es su voz el eje narrativo de la cinta, al tiempo que el equipo de filmación recorre el país filmando desde Matamoros hasta Tulum, el mismo camino que realizó una de ellas al recuperar su libertad.

La intención de Huezo es clara: encontrar en esos caminos solitarios, en esas derruidas habitaciones de hotel o en la mirada perdida de algún pasajero, los sentimientos expresados por sus protagonistas (sólo una de ellas aparece a cuadro). Es un trabajo que exige atención del espectador y paciencia, aun cuando el flujo de imágenes no empate de todo, para que los hallazgos de Tatiana, y su director de fotografía Ernesto Pardo, surtan efecto por completo (de manera similar a los ensayos de Chris Marker). Tempestad es un documental sobre sensaciones, edificado sobre sentimientos y pesadillas que nos acompañan todos los días.

Tempestad nos invita a probar el dolor del otro, ese que nos acompaña en el viaje pero continuamente ignoramos. Si la violencia no me toca, entonces no debo preocuparme. Cintas como la de Huezo, La libertad del diablo o Las letras, nos recuerdan que cada acto violento es una cicatriz en nuestro cuerpo, mente y entorno. El viaje de las protagonistas de Tempestad podrá ser una experiencia individual, pero las consecuencias (y permanencia) de su historia son colectivas.

La voz de Tatiana Huezo se une a las de otros realizadores nacidos en México que siguen buscando caminos para retratar el crudo presente de su país, golpeado continuamente y a todos niveles. En algún punto, una de las voces narra cómo a la entrada de la cárcel donde fue remitida está una frase inspirada por un pasaje de La Divina Comedia de Dante Alighieri (“¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”). Lo difícil no es cruzar el umbral, sino regresar con vida del viaje.

 

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