Por Adolfo Laborde*

Los principios, bases y fundamentos de la política exterior de México se encuentran enmarcados en el artículo 89 fracción X de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que textualmente indica lo siguiente “Dirigir la política exterior y celebrar tratados internacionales, así como terminar, denunciar, suspender, modificar, enmendar, retirar reservas y formular declaraciones interpretativas sobre los mismos, sometiéndolos a la aprobación del Senado. En la conducción de tal política, el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales”.

Dentro de los mismos, se encuentra uno que ha dado mucho de qué hablar, el de no intervención, más cuando nuestro país se escudó en este principio ante la situación caótica y delicada por la que atraviesa Venezuela. La pregunta que naturalmente surge al respecto es ¿Sigue siendo el principio de no intervención vigente ante la actual coyuntura internacional? A mi juicio, me parece que sí. Explico. Independientemente de que para algunos analistas y expertos en política internacional este principio ha sido rebasado, es anticuado y caduco, pienso que no necesariamente es así. Basta recordar que este instrumento reflejado en nuestra carta magna es el resultado de la historia de los siglos XIX y XX de nuestro país.

Si bien es cierto México recientemente no ha experimentado amenazas directas que atenten con su soberanía (invasiones militares) esto no quiere decir que otro tipo de eventualidades atenten contra la seguridad nacional. El principio de no intervención precisamente blinda al país de ello, es decir, aunado al resto de los principios de nuestra política exterior, apelamos a una visión idealista de las relaciones internacionales que concuerda con nuestras capacidades (limitadas) para defendernos ante una posible amenaza.

Si bien es cierto en la administración pasada, este principio chocaba con la posición de México como actor global responsable interviniendo activamente en la crisis política de Venezuela en el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA) pidiendo que se le impusiera la Carta Democrática de ese organismo regional y el Grupo de Lima, exigiendo junto con otras naciones latinoamericanas el regreso a la vía democrática de ese país, nos encontramos ante una revaloración o reinterpretación del principio de la no intervención que evita contradecir, naturalmente, en el caso venezolano, el referente al respeto a los derechos humanos.

Desde mi perspectiva, esto tiene lógica para la actual administración. Ante una eventual Cuarta Transformación del país, es factible que muchos intereses económicos y políticos de actores locales e internacionales se toquen. Es aquí cuando el principio de no intervención cobra importancia. Meternos en los asuntos de otros países, eliminaría la posibilidad de que otros hagan lo mismo ante una eventual crisis en nuestro país producto de un cambio sustancial en materia de política económica, o bien, en el supuesto de que algunos países afectados (directa o indirectamente) defiendan sus intereses nacionales en nuestro país.

El cambiar este principio obligaría a nuestro país a aumentar sus capacidades de defensa, económicas y políticas a través de las distintas fuentes de poder (suave, duro e inteligente). Hasta que esto no suceda, tendremos, al menos en el discurso, seguir defendiendo este principio que de una manera u otra nos mantiene alejados del conflicto y nos coloca en el escenario internacional como un país puente o bisagra en lo que respecta a la solución pacífica de los conflictos internacionales.

*Doctor en Relaciones Internacionales. Profesor Investigador de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México.

 

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