Piensen en la primera vez que tuvieron noción de Misión Imposible (1996), los 90 fueron una gran década para Tom Cruise y el inicio de la franquicia fue uno de sus mejores momentos. Era claro que Cruise estaba listo para tomar la cima del estrellato para no dejarla ir, sin embargo no había forma de presagiar que más de 20 años después y con casi 60 años de edad encima el actor seguiría llevando su físico al extremo.

Otro de los elementos que distinguen a Misión Imposible de otras franquicias de su tipo es el espacio que, como productor, Cruise otorga a los directores al mando del proyecto. Así, cada uno de ellos, obtiene la libertad necesaria para imprimir sino su personalidad, sí su estilo. Por eso cineastas tan distintos como Brian de Palma, John Woo o Brad Bird han encontrado el éxito en este mundo de espías.

La sexta entrega está en manos de Christopher McQuarrie (Jack Reacher), después de conducir la nave a buen puerto en MI5: Nación secreta (2015), y se nota el oficio adquirido después de trabajar con Cruise. McQuarrie no será un genio detrás de la cámara, pero sabe dónde están las fortalezas de la cinta, es eficaz sin complicarse, entretenido sin perder el sentido de la realidad más de lo necesario.

Repercusión retoma, hasta cierto punto, los hechos acontecidos en la entrega anterior, aunque funciona como un capítulo independiente dentro de las aventuras del agente Ethan Hunt. Aquí, el espía debe recuperar tres maletines con material radiactivo antes de que los poderes ocultos del mundo las usen para desestabilizar el orden mundial (o algo así), al tiempo que debe cuidarse las espaldas de un efectivo de la CIA (Henry Cavill), quien se unió a la misión para controlar los impulsos de Hunt.

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La historia, en realidad, es lo de menos. MI6, como sus antecesoras, está articulada mediante grandes piezas de acción que permiten a Cruise lucir su corporalidad por completo, junto al resto del elenco, claro. El mejor ejemplo del uso que se le da a ese atributo del reparto es Henry Cavill, quien deambula en las películas dedicadas a Superman como un tronco musculoso con pocas emociones, resignado a carecer de la profundidad necesaria como personaje. No es que su rango emocional se amplíe en Misión Imposible, sino que su imponente presencia está usada con mejor tino. Al igual que Cruise, el físico de su personaje lo transforma en un arma viviente y las escenas de acción, sin abundantes cortes como acostumbra Hollywood, hacen el resto del trabajo. Que su bigote nunca pierda el estilo es un bonus.

No obstante ninguno de ellos corre, salta o pelea más que Cruise. McQuarrie se da tiempo de reconocer sutilmente lo complicado que es mantener el ritmo de un espía a la edad de su protagonista (la filmación se detuvo en un par de ocasiones por lesiones del actor en el set). Con guiños sutiles, Ethan Hunt ve el final cerca, aun cuando no lo reconozca y evite detenerse para preguntarse cuánto tiempo más podrá estar al nivel que el mundo necesita. Ésa tal vez sea la cuestión más interesante a desarrollar a futuro dentro de la franquicia, que se mantiene como una de las grandes opciones de entretenimiento este verano.

En una de esas, el secreto de la longevidad perpetua sí lo tiene la Cienciología… Nah.

 

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