El objetivo declarado del TPP es la eliminación de los aranceles para el comercio entre los 12 países participantes, a través de la creación de una gran área de libre comercio. Sin perjuicio de ello, la mayoría de los participantes en las negociaciones tiene sensibilidades defensivas en determinados sectores o productos.

 

Por Xavier Ginebra Serrabou

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El TPP plantea importantes interrogantes sistémicas. Entre ellas se cuenta su relación con los numerosos acuerdos ya existentes entre sus miembros y con otros procesos de integración económica en curso en Asia oriental y sudoriental.

En materia de acceso al mercado para bienes, el objetivo declarado del TPP es la eliminación de los aranceles para el comercio entre los 12 países participantes, a través de la creación de una gran área de libre comercio. Sin perjuicio de ello, la mayoría de los participantes en las negociaciones tiene sensibilidades defensivas en determinados sectores o productos.

Varios de los casos de mayor complejidad política involucran a Estados Unidos. Este país enfrenta fuertes presiones internas para no abrir los sectores textil, del vestuario y del calzado con Vietnam, y los lácteos con Nueva Zelandia. El azúcar con Australia y el sector automotriz con Japón, entre otros.

Por otra parte, las sensibilidades defensivas de Japón en materia agrícola son bien conocidas. En todo caso, el TPP ofrece muy limitados beneficios directos en este ámbito a los tres países latinoamericanos participantes, dada la altísima proporción de sus envíos a ese grupo de países que ya está cubierta por otros TLC vigentes.

Junto con la eliminación de los aranceles, el establecimiento de un área de libre comercio entre los doce países participantes implica también un conjunto común de reglas de origen y la acumulación de origen. Ambos elementos son centrales para juzgar los méritos del eventual acuerdo final. En general, mientras menos restrictivas sean las reglas de origen que se pacten, éstas serán más fáciles de cumplir (especialmente para las Pymes).

Sin perjuicio de lo anterior, existen casos en los cuales los países participantes en una negociación pueden preferir mantener un “statu quo” caracterizado por reglas de origen complejas, con el objeto de preservar beneficios adquiridos en negociaciones previas. Este es el caso del sector textil y del vestuario en el TPP.

Más allá de los temas tradicionales de acceso al mercado para bienes, el TPP ofrece la posibilidad de acordar reglas comunes que gobiernen las relaciones comerciales y de inversión entre los 12 países participantes en una gran variedad de ámbitos regulatorios como las normas técnicas, los flujos de capitales o el tratamiento de la inversión extranjera.

Desde la perspectiva de los tres países participantes latinoamericanos, esta posibilidad es atractiva en principio, en la medida en que implicaría reducir los costos de transacción que enfrentan sus empresas en sus relaciones de comercio e inversión con los demás miembros del TPP.

La regulación de la propiedad intelectual es un área en constante expansión en el derecho económico internacional. En este contexto, Estados Unidos ha perseguido en sus acuerdos comerciales desde los años ochenta una política de continuo aumento de los niveles de protección de la propiedad intelectual. Lo anterior refleja la gran importancia de las industrias basadas en la creación, la tecnología y el conocimiento en la economía estadounidense.

Un tercer tema controvertido es el de la protección de los derechos de autor en el entorno digital. La inclusión en el TPP de disciplinas sobre empresas del Estado también responde principalmente al interés de Estados Unidos. El objetivo perseguido es generar un entorno de “neutralidad competitiva”, esto es, uno en el que las empresas del Estado no reciban ventajas que excedan las recibidas por las empresas privadas con las que compiten.

Estamos como en un partido de futbol con todas las incógnitas; quizá por eso sería mejor no llevarlo a cabo porque todo puede pasar; de hecho es bastante probable que sea eso lo que suceda. Y el secretismo de las negociaciones no avizora nada nuevo.

 

Xavier Ginebra Serrabou es socio del área de competencia, protección de datos y consumidores del despacho Jalife & Caballero.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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