Con 25 años de carrera profesio­nal, hoy la general counsel de Ge­neral Electric para América Latina se prepara para una nueva etapa. Ella, reconocida por su oficio para inspirar a sus colaboradores, afir­ma: “Llegó la hora de detenerme.”

 

Por Alejandro Medina

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En tres años, Ge­neral Electric México creció 25%. Eso ocurrió durante la gestión de una ejecutiva de nombre Gabriela Hernández, quien ahora se desempeña como general counsel de esta firma y que todos los días sale de casa pensando en que ése es su primer día de vida profesional. “A lo largo de 25 años de carrera he estado en todo lugar, de arriba a abajo, de izquierda a derecha, muy probablemente estoy hoy recibiendo ya una cinta negra de sensei, pero esto no quiere decir que sea ya un maestro, sino que simplemente estoy al borde de vivir un nuevo comienzo”, detalla.

Gabriela Hernández no es única­mente una directiva mexicana de ta­lla internacional, sino que a la par de toda la luz que le da su puesto en Ge­neral Electric (GE), se define como una orgullosa mamá de dos pequeños de ocho y 10 años de edad: Emilio y Esteban.

Ella se sincera. A pesar de que siempre lo ha buscado, la realidad, desde su perspecti­va, es que no existe un método efectivo para balancear la vida profesional y el hecho de ser mamá, ya que siempre existirán momentos en que uno de los dos aspectos supe­rará al otro. “El balance entre casa y oficina no existe, siempre tienes que dejar de hacer algo”, asegura.

Por eso, considera que el trabajo en equipo es vital. “Definitiva­mente no podemos hacer las cosas solas, necesitamos como mujeres hacer equipo con nuestro esposo y compartir las labores de la casa. Hoy los papás están jugando un rol cada vez más importante en la vida de los pequeños, ya no quieren ser únicamente los que llevan el dinero a la casa, sino que quieren jugar con sus hijos, ayudar en su educación y en muchos casos también apoyar la carrera profesional de nosotras”.

Para la ejecutiva de GE, un líder es aquella persona que tiene la ca­pacidad de hacer que sucedan cosas que por sí solas no podrían suceder, convirtiéndose en el impulsor del trabajo de sus colaboradores. Ella sabe perfectamente que un líder debe de encabezar equipos con respon­sabilidad y apertura, intentando siempre ser humano con los trabajadores, a quienes tiene que motivar todo el tiempo a dar más. “Un líder siempre debe de preocuparse por generar equipos inteligentes, con bastan­tes conocimientos e inclusive con mayor habilidad de la que uno tiene”.

Así, aquel que presuma ser un líder, lo es cuando logra algo: el crecimiento de sus colaboradores, dentro o fuera de la empresa. “Me encanta que mis equipos tengan integrantes que sean mejores que yo, que destaquen y hasta que hablen de otras empresas para intentar llevárselos por el buen trabajo que están teniendo”.

Pero tampoco estamos fren­te a una historia rosa. Gabriela reconoce sus fallas. “Creo que una de las mayores deficiencias que siempre he tenido y que aún me falta desarrollar más es la ca­pacidad de escuchar y ser paciente”.

Esta líder mexicana pone sobre la mesa uno de los principales retos que enfrentan ella y sus pares: la ca­pacidad para inspirar a generaciones totalmente distintas que conviven en una misma organización. ¿Cómo hacer que millennials, generación X y baby boomers trabajen por el mismo objetivo? “Todo está en la relación que se pueda tejer con cada uno de ellos, valorando siempre sus opinio­nes y dándoles siempre el respeto que merecen. La tarea de un líder debe ser otorgarle a todos un lugar importante, equilibrado, tratando que unos no opaquen a otros”.

La especialista asegura que la meta de las compañías debe ser detonar la diversidad, integrando a los equipos de trabajo a hombres, mujeres, personas con preferencias sexuales distintas, millennials, generando una mezcla rica de persona­lidades y capacidades que aporten buenos resultados. “El momento que estamos viviendo, con distintas generaciones y personalidades con­viviendo, representa una oportuni­dad fantástica para la generación de ideas ricas”.

Así, la general counsel de GE en Latinoamérica está satisfecha con cada uno de los resultados que ha conseguido, aunque —fiel a su cos­tumbre— no deja de tener esa cosqui­lla de ir por más. “Toda esa capacidad y experiencia que hoy tengo quisiera enfocarla ahora completamente a mis hijos; mi esfuerzo, pasión, energía, ímpetu, conocimientos y habilidades debo también trasmitírselos para que logren desarrollarse de la mejor manera posible”.

La directiva de GE vuelve a tocar el punto de la cinta negra y el Sensei, advirtiendo que está muy cerca de dar un vuelco a su vida y comenzar nuevamente de cero, con el objetivo de que tanto Emilio como Esteban se sientan acompañados. “Hoy ya tengo mi cinta negra y lo importante es decidir qué es lo que voy a hacer con ella, cuál es el camino que voy a tomar y qué tan lejos estoy de un nuevo comienzo. Siempre avancé, avancé y avancé; quizá, por prime­ra vez en mi vida, llegó la hora de detenerme”.

 

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