Es importante visualizar las dimensiones de los cambios que se nos avecinan, pero más importante aún es empezar a actuar. ¿Cómo? Aquí te digo.

 

 

Habiendo atendido por segunda ocasión durante 2014, uno de los congresos de emprendedores y visionarios tecnológicos más avanzados del mundo en la ciudad de Coronado, California, tuvimos la oportunidad de confirmar que no existe una industria sobre este planeta que hoy se mantenga sin cambios y a punto de ser drásticamente transformada. Estamos en el vértice de la vorágine donde la evolución tecnológica comienza a acelerarse y no dejará tarea humana sin una profunda reconfiguración.

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En este artículo intentaré explicar y alertar sobre un único punto, mismo que emprendedores, científicos y visionarios de la tecnología como Peter Diamandis, Salim Ismail, Daniel Kraft y Ray Kurzweil se toman muy en serio en compartir: los cambios que estamos viendo son síntoma del inicio de transformaciones profundas, causadas por la aceleración tecnológica, que cambiarán radicalmente todo lo que hacemos sobre la faz de la Tierra, por lo que la mayoría de nuestras creencias tendrán que cambiar.

Ejemplifico: En forma más drástica que la Primera Era Industrial, los empleos cambiarán: los robots realizarán la mayoría de trabajos de la clase obrera, la inteligencia artificial y su capacidad de aprendizaje reducirá la necesidad de ejecutivos en mandos medios. Las empresas más grandes necesitarán reducir sustancialmente sus estructuras para lograr la flexibilidad y velocidad que les permita mantenerse competitivos frente a los ágiles y esbeltos negocios del siglo XXI.

En otros ámbitos, la educación tendrá que entrenarnos en nuevas prácticas. Las capacidades médicas actuales parecerán ridículamente primitivas frente a nuevas tecnologías que ya están emergiendo. La expectativa de vida crecerá sin precedente y la vida misma tendrá nuevos significados para todos los que hoy ya estamos vivos.

Hoy, subestimamos la magnitud de los cambios: la industria energética mexicana sigue confiando en combustibles fósiles para abastecer las demandas de los siguientes años cuando algunas nuevas tecnologías renovables han rebasado su eficiencia, economía y ausencia de daños al planeta y a la vida humana.

La industria de minería ya encontró mucha mayor abundancia de recursos fuera del planeta Tierra y sin que esto perjudique las vidas humanas, como actualmente llega a suceder.

La medicina sigue atendiendo a pacientes enfocados en una problemática específica y desde el ángulo único del especialista. La nueva medicina ya puede ser mucho más efectiva, preventiva y tomando en cuenta toda la información del individuo, desde genética, biológica, condiciones personales, hábitos y prácticas, microbios y muchos otros datos que eviten hospitalizaciones, intervenciones quirúrgicas y los gastos que esto trae consigo.

La industria hotelera ha sido transformada por empresas como Airbnb que ofrecen hospedaje en casas o departamentos ‘como un local’ versus hoteles. Sin poseer un metro cuadrado de propiedad, hoy Airbnb vende más que Hilton.

Dentro de la industria de transporte, cómo no preferir Über cuando, como usuarios, sabemos que son más cómodos y limpios, pero, sobre todo, son eficientes (no engañan en trayectos), seguros (no se corre el riesgo de ser secuestrado o robado), son confiables (no engañan con tarifas) y siempre facturan (dentro de la legalidad hacendaria hoy indispensable).

En telecomunicaciones, las nuevas generaciones saben y pueden conectarse con otros sin el uso de las plataformas de telecomunicaciones tradicionales. Están por existir satélites del tamaño de cajas de zapatos que rodearán nuestro planeta a bajas alturas garantizando la comunicación en tiempo real de manera gratuita.

Hace 10 años teníamos 500 millones de computadoras conectadas a Internet. Hoy, los aparatos conectados son 9,000 millones. Para el 2022 serán cientos de miles de millones y poco después llegaremos a los billones de personas, computadoras y objetos digitalizando sus propios contenidos, incluyendo bienes y servicios que hoy todavía son tangibles (por ejemplo, fotografías impresas). Estamos muy en los inicios de la explosión de inteligencia que se sumará a esa conexión virtual, así que no hemos ni comenzado a ver los cambios que esto traerá para todo el mundo.

Cuando se está dentro de grandes instituciones y grandes corporaciones, intentar traer innovación o intentar ser disruptivo es muy difícil. El sistema inmune de las compañías más grandes está hecho para atacar lo que se sale de lo previsto y lo regulado. Pero no sólo las compañías, también nosotros como individuos; todas las estructuras y creencias que nos sostienen están hechas para soportar las embestidas del riesgo y del cambio.

No es de extrañar que la humanidad, y también los mexicanos, tropezaremos en la adaptación a lo que viene; sin embargo, es importante estar no sólo preparados, sino aprovechar la ola de cambio para ser parte de quienes provocan y moldean esta transición en el mundo y la humanidad.

David S. Rose, CEO de Gust, entrepreneur en serie y “business angel”, asegura que cualquier compañía diseñada para ser exitosa en el siglo 20 está destinada al fracaso para el siglo XXI. Su análisis se basa en que las empresas del siglo pasado fueron delineadas para una economía de escasez cuando la digitalización de las cosas de este siglo tiene un efecto democratizador sobre los bienes y servicios revirtiendo la economía a una de mayor abundancia, por completo opuesta.

Hoy es indispensable entender que nuestra situación personal y profesional necesita reinventarse. Es importante visualizar las dimensiones de los cambios que se nos avecinan, pero más importante aún es empezar a actuar. ¿Cómo? De manera simple y clara, apalancando, lo que sea que estemos haciendo, en las nuevas tecnologías que están apareciendo o están por aparecer, intentando y aprendiendo.

 

 

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